trozos de textos

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Moderadores: sydneywell, garcialuci, Rosario Ramos

Re: trozos de textos

Notapor garcialuci el 06 Sep 2011, 17:48

Me encanta el comienzo del libro de Eduardo Mendoza :lol: :lol: :lol: :lol:
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E.L. DOCTOROW - Homer y Langley

Notapor sydneywell el 12 Sep 2011, 13:41

principio:

Soy Homer, el hermano ciego.
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PETER CAREY - BLISS

Notapor sydneywell el 12 Sep 2011, 13:46

Harry Joy murió tres veces pero fue la primera la que tuvo más efecto sobre el y de su primera muerte seremos ahora testigos.
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Giorgio Manganelli - La ciénaga definitiva

Notapor sydneywell el 12 Sep 2011, 16:55

" Me gusta detenerme al inicio de una encrucijada y, ya se sabe, un laberinto está formado en primer lugar de encrucijadas; me gusta libar la deliciosa incertidumbre del error, puesto que, si es cierto que uno de los caminos representa el error, no es cierto que el otro esté exento de errores. "


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Re: trozos de textos

Notapor zenon el 14 Sep 2011, 17:31

¡Me gusta Toni Morrison!
¿Cómo pudo asomarse a mi infancia para verme destrozar las muñecas? ¿O es que muchas de nosotras hemos sido exactamente eso: concienzudas asesinas de muñecas?

Empezó en Navidad con los regalos de muñecas. El regalo supremo, el especial, el más amoroso era siempre un gran bebé de ojos azules. Por los ruidos cloqueantes que emitían los adultos, yo sabía que aquella muñeca representaba lo que ellos creían que era mi más preciado deseo. A mí me dejaba estupefacta tanto la cosa en sí como el aspecto que tenía. ¿Qué se esperaba que hiciese yo con ella? ¿Fingir que era su madre? No me interesaban ni los bebés ni el concepto de maternidad. Me interesaban sólo los seres humanos de mi edad y de mi tamaño, y era incapaz de experimentar el menor entusiasmo ante la perspectiva de ser madre. Maternidad equivalía a vejez y a otras posibilidades remotas. Aprendí rápidamente, no obstante, lo que se suponía que debía hacer con la muñeca: acunarla, inventar historiadas situaciones en torno a ella, incluso dormir con ella. Los libros ilustrados estaban llenos de niñas que dormían con sus muñecas. Generalmente eran muñecas de trapo, pero en mi caso éstas eran inaceptables. Me repugnaban físicamente y, en secreto, me asustaban aquellos ojos redondos y estúpidos, la cara de torta y el pelo de color naranja que parecía compuesto de gusanos.
Las demás muñecas, que en teoría debían proporcionarme un gran placer, coincidían en justamente lo contrario. Cuando me llevaba una muñeca a la cama, sus miembros duros y rígidos repelían mi carne; las yemas ahusadas de sus dedos me arañaban. Si, dormida, me volvía entre las sábanas, la cabeza fría y dura como un hueso colisionaba con la mía. Era la compañía más incómoda y evidentemente más agresiva que una podía tener en el lecho. Y abrazarla no resultaba en absoluto más gratificante. La gasa almidonada o los encajes del vestido de algodón te irritaban la piel. A mí me inspiraba un solo deseo: despedazarla. Ver de qué estaba hecha, descubrir su presunta dulzura, encontrar la belleza, el deseado encanto que a mí se me escapaba, y al parecer únicamente a mí. Adultos, niñas mayores, tiendas, revistas, diarios, escaparates, el mundo entero se había puesto de acuerdo en que una muñeca de piel rosada, cabello amarillo y ojos azules era lo que toda niña consideraba un tesoro. «Mira —decían— lo bonito es esto, y si tú lo mereces debes tenerlo.» Yo tocaba con los dedos la cara de la muñeca, intrigada por sus cejas, que eran un simple trazo; le rascaba los nacarados dientes, que asomaban como dos teclas de piano entre los labios rojos. Reseguía el perfil de la nariz respingona, picaba los vidriosos ojos azules, retorcía los pelos amarillos. No podía amarla, pero sí podía examinarla para ver qué era lo que el mundo entero clasificaba como adorable. Había que romper los diminutos dedos, doblar aquellos pies planos, desprender el cabello, retorcerle el cuello para que la cabeza girase, y la muñeca producía entonces un sonido; un sonido que decían que era un dulce y quejumbroso: «Mamá» pero que yo interpretaba como el balido de una oveja moribunda o, más exactamente como el chirriar de las bisagras oxidadas cuando la puerta de nuestra nevera se abría en el mes de julio. Si arrancabas aquellos fríos v estúpidos ojos, la muñeca seguía balando, «Aaaah»; si le quitabas la cabeza, vaciabas a sacudidas el serrín, le rompías la espalda contra la barra metálica de la cabecera de la cama, continuaba balando. Cuando el tendal de la espalda se desgarraba, entonces veías el disco con seis agujeros, el secreto del sonido. Una simple pieza redonda de metal.
Las personas mayores fruncían el ceño y te agobiaban a protestas: «Tú-no-das-valor-a-nada.Jamás-en-mi-vida-tuve-yo-una-muñeca-así-y-me-quemé-los-ojos-llorando-por-tener-la.Ahora-tú-tienes-una-es-preciosa-y-te-dedi-cas-a-romperla-qué-pasa-contigo...»

(Toni Morrison, Ojos azules)
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Re: trozos de textos

Notapor sydneywell el 19 Sep 2011, 22:21

buenisimo lo de toni morison. cuantos recuerdos de mi matadero de muñecas! :D

______________________________________________


ahora mismo me estoy partiendo.
(hasta tal punto, que estoy hecha pedacitos.)

Los Grupos de Discusión importaban poco a largo plazo: la única prueba verdadera eran las ventas reales, en la opinión per­sonal de Schmidt. Parte del plan del día era dejar atrás la hora del almuerzo y conseguir que los miembros no comieran más que dulces. Asumiendo un desayuno normal antes de la hora de su llegada, uno solo podía esperar que les empezara a bajar el azúcar de la sangre hacia las once y media. A los que comieran más ¡Delitos! les pegaría más fuerte. Entre otros síntomas, la fal­ta de azúcar en la sangre provoca somnolencia, irritabilidad y disminución de las inhibiciones: sus expresiones decididas em­pezaban a desvanecerse un poco. Algunas de las estrategias del GDO podían ser extremadamente manipuladoras o incluso abusivas en el nombre de recoger datos. Una agencia que repre­sentaba un detergente alternativo a la lejía había contratado una vez al Equipo ∆y para que reuniera a madres primíparas de en­tre veintinueve y treinta y cuatro años cuyos Test de Apercep­ción Temática hubieran indicado inseguridades en tres puntos clave y para que les suministrara cuestionarios cuyos elementos estaban diseñados para provocar y/o intensificar aquellas inse­guridades: ¿Alguna vez ha tenido sentimientos negativos u hos­tiles hacia su hijo? ¿Siente a menudo la necesidad de esconder o negar el hecho de que sus aptitudes como madre son inade­cuadas? ¿Alguna vez otros padres o maestros han hecho co­mentarios sobre su hijo que la han avergonzado? ¿Ha tenido a menudo la impresión de que su hijo parece desarreglado o su­cio en comparación con otros niños? ¿Alguna vez se ha olvida­do de lavar, poner en lejía, remendar o planchar la ropa de sus hijos por culpa de la falta de tiempo? ¿Parece alguna vez su hijo triste o nervioso sin que usted pueda entender la razón? ¿Recuerda alguna ocasión en que su hijo pareciera tener mie­do de usted? ¿Provoca la conducta o la apariencia de su hijo sentimientos negativos en usted? ¿Ha dicho o pensado alguna vez cosas negativas sobre su hijo?, etcétera, lo cual, a lo largo de once horas y seis rondas distintas de cuestionarios cuidado­samente diseñados, llevaba a las mujeres a un estado emocio­nal tal que emergían datos inestimables acerca de cómo vender Cheer Xtra en términos de ansiedades y conflictos maternos profundos... unos datos que por lo que Schmidt había podido ver no se utilizaron para nada en la campaña que la agencia le había vendido finalmente a Procter & Gamble. Más tarde Dar­lene Lilley había dicho que tenía ganas de llamar a las mujeres del Grupo de Discusión y disculparse y contarles que les ha­bían tendido una trampa y las habían maniatado, en términos emocionales.
Otros productos y agencias en cuyas campañas de marca ha­bía trabajado el Equipo de Campo de Terry Schmidt y Darlene Lilley para el Equipo ∆y eran: los gofres Downyflake para D'Arcy Masius Benton & Bowles, la Coca-Cola Light Sin Cafeína para Ads Infinitum US, los Eucalyptamint para Pringle Dixon, los seguros Citizens Business Insurance para la Kraut-hammer-Jaynes/SMS, las cervezas Special Export y Special Ex­port Light de G. Heileman Brewing Co. para la Bayer Bess Vanderwarker, la Alarma Personal Ayúdame de Winner Inter­national para la Reesemeyer Shannon Belt, los Guantes Isoto-ner Comfort-Fit para PR Cogent Partners, los pañuelos de pa­pel Northern Bathroom para la Reesemeyer Shannon Belt y el nuevo espray nasal con receta Nasacort and Nasacort AQ de Rhóne-Poulenc Rorer, también para RSB.

David Foster Wallace - Extinción
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Re: trozos de textos

Notapor sydneywell el 01 Oct 2011, 12:07

Peter Carey
Oscar y Lucinda


" Mi tatarabuelo se dirigió corriente arriba por el río Bellinger como un ciego se encamina hacía el pasillo central de Notre Dame. No vio nada. El campo era más frondoso, con historias sagradas antiguas, que las que transportaba en su Biblia de piel suave y lisa. Él ni siquiera imaginó su presencia. Algunas de estas historias eran tan minúsculas como los artrópodos transparentes que vivieron en los charcos bajo los árboles casuarinos del río. Sus historias semejaban parásitos, tan pequeñas que podían habitar un lugar (dentro de las orejas de las semillas de la hierba) y después caminar a través sin notar su presencia. En este paisaje cada roca tenía un nombre, y la mayoría de nombres tenían espíritus, fantasmas y significados. "
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Re: trozos de textos

Notapor sydneywell el 02 Oct 2011, 13:48

el principio de Ana Karenina - TolsToi (señalado por mi amigo Paco):

Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo para sentirse desgraciada.
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Andrew DAVIDSON - La Gargola

Notapor sydneywell el 21 Oct 2011, 15:30

Un accidente de tráfico parece durar una eternidad y siempre existe un punto en el que crees que puedes corregir el error. Sí, piensas, es verdad que me estoy despeñando montaña abajo en un coche que pesa una tonelada y media. Es cierto que hay una caída de treinta metros hasta el fondo del barranco. Pero seguro que si giro el volante con fuerza hacia un lado, todo acabará bien.
Una vez que has girado ese volante y descubierto que no arregla nada, te sobreviene un pensamiento, claro y puro: Oh, mierda. Durante un glorioso instante alcanzas el estado de bendito vacío que los filósofos orientales se pasan la vida buscando. Pero al alcanzar esa trascendencia tu mente se convierte en un superordenador capaz de calcular los giros del coche, multiplicarlos por la velocidad de la caída y el ángulo de descenso, aplicar al resultado las leyes de Newton sobre el movimiento y, en una décima de segundo, llegar a la terrorífica conclusión de que esto va a doler mucho.
Tu coche gana velocidad mientras desciende por el terraplén dando tumbos. Pronto se demuestra correcta tu hipótesis: es, desde luego, bastante doloroso. Tu cerebro cataloga las distintas sensaciones. Están las vueltas de campana, el remolino de desorientación y los chillidos de dolor del coche mientras practica su macabro yoga. Está el crujido del metal, presionando contra tus costillas. Luego está el malicioso olor del diablo, su tridente clavándosete en el culo y el sabor del azufre en la boca. El Cabrón está ahí, claro, no lo dudes.
Recuerdo el abrasador relámpago cuando los bajos del coche me cortaron todos los dedos del pie izquierdo. Recuerdo que la columna de dirección pasó volando sobre mi hombro. Recuerdo la erupción de cristales que me rodeó por completo. Cuando el coche se detuvo al fin, quedé colgando boca abajo, sujetado por el cinturón. Oía el siseo de diversos gases escapando del motor y las ruedas todavía dando vueltas afuera, arriba, y, al cesar las sacudidas, quedó el crujido del metal del coche, aposentándose como una tortuga panza arriba.
Justo cuando empezaba mi deriva a la inconsciencia, hubo una explosión. No una explosión como en las películas, sino una explosión pequeña, de las de la vida real, como la ignición de un desdichado horno de gas que le guarda rencor a su dueño. Un relámpago de llamas azules recorrió el techo del coche, que había quedado inclinado bajo mi cuerpo colgante. De mi nariz saltó una gota de sangre que cayó expectante entre las felices y jóvenes llamas que habían cobrado vida debajo de mí. Primero sentí que mi cabello se quemaba, luego pude olerlo. Mi cuerpo empezó a tostarse como si yo fuera un pedazo de carne en una barbacoa y escuché cómo mi piel rompía a hervir cuando las llamas empezaron a lamerla. No podía alcanzarme la cabeza para apagar mi cabello en llamas. Mis brazos no respondían.
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Re: trozos de textos

Notapor marijose82 el 21 Oct 2011, 16:53

Qué bueno este hilo! Dejo mi aportación:

Éste es mi fragmento preferido (una también tiene sus momentos ñoños :oops: ), de OCEANO MAR - Alessandro Baricco

"Bartleboom tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle:

-Te esperaba.

Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las castas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años -los días, los instantes-, que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre

-Tú estás loco.

Y lo amará para siempre"


Y este otro de mi libro preferido, una obra de arte que no me canso de releer de lo bien escrita que está... MIDDLESEX - Jefrey Eugenides

"Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974”.


Y, por último, algo de literatura en castellano... LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS- Torcuato Luca de Tena

-¿Qué quiere decir «mutista»? -preguntó tímidamente Alicia dirigiéndose a Carolo.

Ignacio respondió por él.

-Mutistas son los que no hablan.

-¿No puede usted hablar? -preguntó, asombrada, Alicia al señor Bocanegra.

El hombre sacó un cuadernillo de hule que llevaba siempre en su bolsillo, y escribió a grandes rasgos con un rotulador naranja: «Sí puedo, pero no me da la gana.».
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