trozos de textos

Comparte aquí tus citas y refranes favoritos

Moderadores: sydneywell, garcialuci, Rosario Ramos

Re: trozos de textos

Notapor sydneywell el 21 Oct 2011, 17:34

que me gusta la cita de de Tena!
cuando era muy niña, tuve mutismo selectivo y no me dejaron en paz hasta que me transformaron en una persona que habla por los codos.

echo de menos estos silencios... :D
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Frédéric BEIGBEDER - 13,99 euros

Notapor sydneywell el 30 Oct 2011, 23:43

Permitidme recordaros que la publicidad es una técnica de intoxicación cerebral que fue inventada por el americano Albert Davis Lasker en 1899, y que, sobre todo, fue desarrollada con gran eficacia por un tal Joseph Goebbels en los años 1930, con el objetivo de convencer al pueblo alemán de que quemara a todos los judíos. Goebbels fue un consumado redactor-creativo: «DEUTSCHLAND ÜBER ALLES», «EIN VOLK, EIN REICH, EIN FÜHRER», «ARBEIT MACHT FREI»... Recordad siempre esto: con la publicidad no se juega.
No existen grandes diferencias entre consumir y consumar.
En un momento dado, creí que podía llegar a ser el grano de arena en el engranaje. La semilla rebelde en el vientre todavía fecundo de la bestia; soldado raso en la infantería del global marketplace. Pensaba: «uno no puede desviar un avión sin subir a él, hay que cambiar las cosas desde dentro», como decía Gramsci (Gramsci queda más chic que Trotski, pero preconiza la misma idea de atacar desde dentro. Podría haber citado perfectamente a Tony Blair o a Daniel Cohn-Bendit). Eso me permitía llevar a cabo el trabajo sucio. Al fin y al cabo, los hijos del mayo de 68 empezaron haciendo la revolución y acabaron metiéndose en la publicidad -yo quería hacer lo contrario.

Sé que no vais a creerme, pero no elegí esta profesión sólo por el dinero. Me encanta inventar frases. Ningún trabajo proporciona tanto poder a las palabras. Un redactor publicitario es autor de aforismos que se venden. Por más que aborrezca aquello en lo que me he convertido, tengo que admitir que no existe ninguna otra profesión en la que uno pueda discutir durante tres semanas a propósito de un adverbio. Cuando Cioran escribió «Sueño con un mundo en el que uno moriría por una coma», ¿acaso sospechaba que estaba hablando del mundo de los redactores-creativos?
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Stefan Themerson - El misterio de la sardina

Notapor sydneywell el 03 Nov 2011, 06:25

Doy gracias porque cuando era joven no me educaron para tener Ideas.
A decir verdad, no recibí ningún tipo de educación. Entonces a eso se le llamaba “educación privada”, lo cual es una bonita forma de llamarlo, pero no es una educación tal y como hoy en día la conoce la gente, Pauvre Mademoiselle de la Chaussée, ma governante suisse, le prohibieron enseñarme ciencias y aritmética, entonces a las ciencias se las solía llamar “pestes”, porque algo llamado sulfuro de hidrógeno olía igual que los huevos podridos, así que las ciencias quedaban totalmente excluidas del asunto; lo único que llegué a saber de sir Isaac Newton fue que su perro tiró una vela y de ese modo le prendió fuego a unos cuantos papeles suyos, esos papeles tan llenos de sabiduría, y entonces sir Isaac exclamó: “¡Oh, Diamante, Diamante, hasta qué punto ignoras el daño que has causado!”. Por eso, cuando mi poodle era un cachorrillo, le llamé Diamante, sin pensar, sin ocurrírseme que ése podía ser un nomen omen, y de la historia sólo me dijeron cómo debía utilizar algunos nombres históricos famosos sin cometer ningún faux pas y la geografía era útil para saber cómo viajar y tampoco tuve ninguna educación religiosa. En lugar de eso me enseñaron idiomas, y lo-que-se-hace-y-lo-que-no-se-hace. Y luego me enviaron a una escuela de perfeccionamiento donde, una vez más, me enseñaron lo-que-se-hace-y-lo-que-no-se-hace. Y eso era algo que me salía de forma totalmente natural, como si hubiera estado ya dentro de mí desde el nacimiento y ahora sólo hiciera falta sacarlo fuera, por así decirlo, y ellas, las gobernantas y las señoritas, a ellas jamás se les ocurría decir “deberías”, porque si decían “deberías” entonces tú podías llegar a preguntar “¿Por qué?” y “¿Por qué?” y “¿Por qué?” y ellas se encontraban en posesión de la Sabiduría que les permitía darse cuenta de que no puede haber ninguna respuesta definitiva a semejante procesión de ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?, y por lo tanto resultaba más honrado limitarse a decir “eso se hace” o “eso no se hace”, nada de preguntas, punto final, y ese conocimiento ha seguido muy firme en mi interior hasta el día de hoy, en parte porque no fui educada por varones, porque la educación convencional masculina sirve para minar ese tipo de Sabiduría. Tu abuelo fue educado de forma convencional e insistió en que tu madre también debía ser educada de ese modo y por eso tu padre, mi pobre Piff, se casó con una joven educada, y cuando naciste los dos insistieron en que tú también fueras educada de ese modo, y esa educación te dio montones de excusas que ofrecer por hacer lo que no se hace y no hacer lo que se debe hacer, te dijo que los fines justifican los medios, lo cual quiere decir que tus Ideas justifican el matar gente que no las comparte. Oh, sí, oh, sí, eso es precisamente lo que hacen, y no importa la edad que tengáis tú y tus amigos, yo también he tenido en algún momento esa misma edad, y los he conocido a todos, a todos ellos y a sus Ideas, los he visto, sobre sus grandes altares, muy arriba, sentados en sus tronos, tendidos sobre una cama sucia en un cuartito de hotel con el lavabo en el pasillo, y haciendo que las pobres Piff quedaran atrapadas entre el mundo real y las Ideas, entre el mundo de las palabras y el mundo de lo que se hace, y cuando se les hace a ellos lo que les gustaría hacerles a los demás, entonces empiezan a chillar y piden venganza y lloran y, lo siento, pero así hizo Jesucristo, aunque Él se sacrificó primero, y nos hizo sentir culpables a todos y nos hizo declamar después de que lo dijera: Amor, Amor, Amor; ¿no sabía Él acaso la cantidad de odio que produce el amor en el mundo? En vez de enseñar Amor, por qué no enseñó lo que me enseñaron las gobernantas y las señoritas en la escuela de perfeccionamiento, que hay cosas que se hacen y hay cosas que no se hacen, y basta de preguntas, punto final? Sí, punto final.»
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Giorgio Manganelli - La ciénaga definitiva

Notapor sydneywell el 05 Nov 2011, 03:23

¿existe un mejor libro para que mi léxico castellano se dilate en un tiempo relativamente corto hasta dimensiones insospechadas?

Entre los diversos movimientos y actos de agua se divisan mechones de cañas, juncos, arbustos que desconozco, árboles incluso, de tronco tenue, hojas enfermizas, como si las hubiese rozado la malaria que evapora este reino de podredumbre; y al bajar la mirada, noto que en el agua pululan animales minúsculos, insectos, gusanos, orugas, insectuchos alados, escorpiones, y me parece divisar una veloz, tácita, culebra; y esto entiendo, que la putrefacción de esta tierra inegada es meticulosa, mínima, una miniatura de desbaratamiento, y me pregunto con pía estulticia si no existirá un censo total de estos animales diminutos, infinitos, que pueblan la ciénaga: cada animal con su nombre.

Comprendo ahora lo que se me ha dicho que de la ciénaga es imposible dibujar un mapa; si, tras haber escrutado el cielo, bajo los ojos, veo una ciénaga que me parece completamente nueva, incomprensible, extraña. Han desaparecido esas islas, y ahora un enorme, oscuro banco de arena cubre la porción de ciénaga que está ante mí; y lo admiro casi como un continente emergido de las aguas; lo que he llamado banco de arena es en verdad una isla, y sobre la isla veo un hormigueo de efímeras, creo ver elevarse en vuelo mariposas de podredumbre, y de inmediato desvanecerse; y en el agua, ante mí, flotar grumos de insectos, de gusanos que se descomponen en filamentos herbáceos, ansiosos ya por hacerse animados átomos de apresurada vida; donde había breves remolinos, ahora se abre un silencioso vasto torbellino, algo que parece sugerir que la ciénaga es capaz de una magnificencia propia; y en verdad saludo ahora al reino de la ciénaga, y me ofrezco a hacerme de ella cortesano y subdito. Así pues, fraterno hacia estos insectos, esta pía gusanez, estas tácitas culebras, y poco más que líquidos reptiles, esta asrua babosa, plateada y muerta, esta corrupta y vital planicie, remo sin monarca, yo, pues, cieñaga mía, en ti me adentraré, y sea mi suerte la que sea, ya que no soy distinto de estos diminutos efímeros que hacen de este espacio admirable y horrendo un cementerio y un nido, una generatriz conclusión.
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Stefan Themerson - El misterio de la sardina

Notapor sydneywell el 14 Nov 2011, 02:45

Quizá el haber estudiado quiromancia en la Hermandad del Sagrado Corazón tuviera algo que ver con ello. No directamente, sino a través de la influencia ejercida sobre ella por la Madre Superiora, quien, en su propia juventud, en el colegio de Santa Hilda de Oxford, no leyó a Russell y/o Wittgenstein, sino a los fenomenologistas. Incluso el sonido de la palabra «fenomenología» resultaba emocionante. Y cuanto había en ella era convincentemente aceptable, especialmente en la interpretación de la Madre Superiora. Era bastante probable que los grandes hombres, Brentano, Husserl, Sartre, se hubieran encogido desdeñosamente de hombros ante sus enseñanzas, que consistían, básicamente, en que las apariencias son como pantallas y ocultan la esencia de las cosas que existen detrás de ellas, la esencia que (gracias a nuestra intuición) nuestra conciencia puede ver directamente, ya sea la esencia del Elefante (cuya apariencia es determinada por el mensaje contenido en una cadena de ADN), o la esencia del Unicornio o del Diablo (cuyas apariencias son determinadas por algo en la mente) y, dado que la quiromancia (a diferencia de la física) trata con las esencias, entonces de ello se deduce claramente —¿verdad que sí?—, el que para los fines de la quiromancia es necesario eliminar esas pantallas formadas por todas las apariencias.
—Pero ¿por qué, Madre Superiora?
— ¡Niña tonta! Porque la gente se ve a sí misma tal como es vista por los demás. Lo cual tiende a confundirla. Porque, dicen, se ven a sí mismos como padres pero son padres para sus hijos y sus hijas, no para ellos mismos. Se ven como dentistas, encargados, mineros, pescadores, agentes de seguros, azafatas, hombres buenos, hombres malos, etc., etc., pero son todas esas cosas para los demás, no para sí mismos. Miran en un espejo y ven una multitud de etiquetas que el mundo les ha pegado a la cara, y se sienten perplejos. Y, por ello, de vez en cuando se detienen y se preguntan: «Y si el Mundo fuera a desaparecer y se llevara con él todas estas etiquetas, ¿qué habría dentro de nosotros que perdurase?». Acuden al quiromántico para oír una respuesta a tal pregunta. Por eso —concluyó la Madre Superiora—, si quieres ser una buena quiromántica, no debes darte cuenta de las cosas. Porque todo lo que percibas con tus sentidos es una máscara que oculta la esencia de la cual quiere oír hablar tu cliente. Por lo tanto, lo que debes hacer es sentarte delante de él o de ella y concentrarte en la geometría de las líneas que hay en sus manos. No es que en esas líneas haya ninguna información precisa, cuidado. Son como el mapa de un país desconocido y no importa demasiado de qué país se trate. Todos tienen ríos, y lagos, y montañas, pueblos, ciudades y caminos. Tu tarea es llenar esas líneas, esas marcas y esos montículos con vida. Debes hacer que los árboles crezcan, que fluyan los ríos y que suenen las campanas de la iglesia. Y cuida mucho de no ser demasiado inteligente. No calcules. No pienses. No eres una computadora. Deja que tu intuición guíe a tu imaginación. Eso no quiere decir que cuanto te muestre tu imaginación vaya a ser siempre cierto. Oh, no. Pero cuando sea cierto, lo sabrás de inmediato, porque, tal y como dijo Brentano, el criterio de la verdad es que resulta autoevidente. Y cuando esta verdad autoevidente se te revele, sentirás un cosquilleo inconfundible en las rodillas, y lo sentirás porque en esos pocos centímetros que estarán separando tus rodillas y las rodillas de tu cliente, sea cual sea el sexo que tenga, habrá electricidad, y la mismísima textura del Espacio y del Tiempo será distinta entre vuestras respectivas rodillas, sólo durante unos segundos, será otra cosa, algo más parecido a ese pequeño espacio que hay entre la punta del dedo que extiende Dios y la punta del dedo de Adán despertando, ese pequeño espacio que canta el himno de la Creación en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.
Cuando se la interrogaba al respecto, la Madre Superiora no se mostraba muy clara en cuanto a si ese cosquilleo físico en las rodillas precede o sigue al momento en el cual la autoevidencia es comprendida directamente por la conciencia. Pero se mantenía firme en su propia interpretación de lo que había aprendido durante su juventud, en el colegio de Santa Hilda de Oxford, e insistía en que los fenómenos son fenómenos solamente en tanto que no son registrados. En cuanto lo son, se convierten en datos científicos, ocultando la realidad detrás de ellos igual que un biombo. Y, por lo tanto, y especialmente para los propósitos que persigue la quiromancia, no deben ser percibidos.
El arte de no darse cuenta de las cosas le llegó de forma natural a la señorita Prentice. Y su estancia con las hermanas del Sagrado Corazón lo aumentó, dándole una base filosófica proporcionada por la Madre Superiora en tanto que soporte totalmente racional y moral para el ejercicio de la quiromancia.
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Stefan Themerson - El misterio de la sardina

Notapor sydneywell el 25 Nov 2011, 14:26

Él consultó su reloj.
—¿Qué le pasa a Emma? —Se dio la vuelta y entró en la casa— ¡Emma! —gritó, subiendo a toda prisa por la escalera—. ¿Todavía estás en la cama? ¿Sabes qué hora es? —preguntó abriendo la puerta
—¡Oh, papá, no grites, tenía un sueño tan bonito! Vi a Yoko Ono, estaba flotando en el aire y se le veían las dos tetas, y la estaba entrevistando el señor Rees-Moog, del Times, y ella le estaba diciendo que le preguntara: «Por qué no se entrevistan antes de apretar el botón? ¿Van a contaminarnos con plutonio sin mirarse siquiera a los ojos? ¿Por qué no se ven antes, por qué no joden entre ellos y producen hermosos mestizos con lealtades multinacionales para salvar el mundo?». Y luego había una iglesia ortodoxa, ruso-griega, yo no estaba en ella pero la veía desde el interior, todo blanco y oro, y todo era redondo, y en el centro estaban Margaret Thatcher y Leonid Breznev, y el Papa, Juan Pablo II, los estaba casando, y había montones de invitados, estaba el señor Reagan, y el señor Tony Benn, y el señor Kania, y la señora Gandhi, y... y... bueno, mucha gente, todos con sus parejas, y se las estaban cambiando.
—¿Qué sabes tú del cambio de parejas?
—Todo, papá. ¡Era tan bonito!
Para desayunar tomaron copos de maíz con miel, huevos pasados por agua, tostadas, mermelada y café.
—Papá, ¿quién era Dostoievski?
—Un escritor.
—¿Agradable?
—No. Repugnante. No te inclines tanto sobre el cuenco. Siéntate erguida y levanta la cuchara hasta tu boca.
—¿No hay periódicos esta mañana?
—Será una huelga. O quizá que el chico de los periódicos lleva retraso.
—Como de costumbre.
—No tiene esa costumbre. Sólo algunas veces.
—De acuerdo. Como algunas veces.
—Papá, ¿le contaste mi sueño a mamá?
—No, no se lo conté.
—¿Qué sueño?
—Oh, el sueño de Emma.
—Ya sé que es el sueño de Emma. Pero ¿de qué iba?
—No me acuerdo. No me acuerdo de lo que sueño yo. ¿Por qué debería recordar sus sueños? ¿Aún lo recuerdas, Emma?
—No, no me acuerdo. Y lo que querría saber es, ¿cuál es la forma educada de comer un huevo pasado por agua?
—Trata de no mancharte la barbilla con él.
—Eso no es una respuesta.
—Oh, sí, es una respuesta.
—No me gusta la gente que moja pedacitos de tostada en la yema.
—Prejuicios.
—No. Lo encuentro repugnante.
—¿Como Dostoievski?
—Eso no tiene mucha gracia.
—Oh, sí la tiene. Un poco.
—Mamá, ¿por qué no me llevas tú a la escuela hoy?
—Porque papá tiene que ir a la ciudad de todos modos.
—¿Para qué?
—Para arrojarles perlas a los cerdos.
—¡¿De veras?!
—Bueno, es una metáfora. Quiere decir...
—No me lo expliques. Ya sé qué es una metáfora.
—¿Qué es?
—Es como llamarle cerdos a la gente. ¿Papá irá a la ciudad para llamarle cerdos a la gente ?
—No exactamente, Emma. Va a pronunciar una conferencia.
—¿Cuánto?
—¿Cuánto qué?
—¿Cuánto le van a pagar?
—Cincuenta libras.
—¿Por decirles qué, mamá?
—Será mejor que se lo preguntes a papá.
—¿Qué vas a decirles, papá?
—Voy a decirles que el calcular, el planear y el investigar es analítico, pero que la comprensión es siempre analógica. Eso quiere decir que si diseccionas las cosas obtienes resultados, pero que para entender algo tienes que poder compararlo con algo que ya has aprendido, dejando que lo que ya poseías al nacer fuera moldeado por el mundo exterior.
—Cincuenta libras no es suficiente. ¿Cómo se deletrea analítico?
—A-N-A-L-í-T-I-C-O. Y ahora, prepárate. Quiero verte en el coche dentro de cinco minutos.
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Stefan Themerson - El misterio de la sardina

Notapor sydneywell el 25 Nov 2011, 17:37

Sus ojos azules le miraron como si él fuera la página de un libro abierto al azar. ¿Una novela, un horario de ferrocarriles, un diccionario? El desvió la mirada primero.
—¿Lee usted poesía? —le preguntó.
—No.
—Yo tampoco. Leer poesía es una idiotez. La poesía no es para leerla. La poesía es para escribirla.
—¿Escribe usted poesía? —inquirió el capitán Casanova.
—No. No escribo poesía. Esta Tierra ya es lo bastante falsa sin poesía.
—¿Esta Tierra?
—Sí.
—¿Quiere decir que no es real?
—Oh, no. Es francamente real. Los fraudes y las falsificaciones siempre son reales. Tienen qué serlo. Son la prueba de que existen las cosas reales. Cuando usted ve un Picasso falso sabe que en algún lugar tiene que haber un Picasso real. No se puede tener un Picasso falso sin tener antes uno auténtico, ¿verdad que no?
El capitán Casanova prefirió no pronunciarse sobre el tema de los Picasso.
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Stefan Themerson - El misterio de la sardina

Notapor sydneywell el 25 Nov 2011, 22:37

El filósofo de la silla de ruedas suspiró. Algo sabía sobre la mortalidad de sus piernas. Pero ¿qué sabía sobre la inmortalidad del alma? ¡Qué sacerdote tan raro! «Esta mañana debe de andar con prisas porque no se ha afeitado. ¡En domingo! ¿Será quizá demasiado joven para afeitarse cada mañana? Aún no ha desayunado y no le importa hablar de la inmortalidad del alma con el estómago vacío. Ja, ja.» Vaya tema para discutirlo nada menos qué en este pueblecito de Mallorca. Aquello no podría haber ocurrido nunca en las playas de Brighton, o en Bournemouth, o en St. Mawes, o en St. Ivés, o en Blackpool... o en su seminario de la universidad. Estaba empezando a gustarle el sacerdote. Sorprendentemente, le gustaba este encuentro fortuito. Tenía la sensación de haber sido físicamente trasladado a la época en que hacer Filosofía Aforística era correcto, la época en que uno podía divagar con libertad, sin necesidad de verificar, falsificar, comprobar e identificar el significado, la época en que se podían hacer consistentes las cosas sobre el papel podando todos los matices de la vida. Todo esto le divertía. Se encontraba a gusto, relajado.
—Bueno —dijo—, la infinidad y el alma son dos conceptos distintos. Para un matemático, los infinitos pueden ser grandes y pequeños; en el espacio, el infinito puede estar cerrado pero no tener límites; en el Tiempo, el infinito puede empezar con el Big Bang de la Creación y terminar con la entropía o con lo que a los filósofos de la naturaleza se les ocurra inventar.
El sacerdote frunció sus gruesas cejas de color negro y, quitándose de los labios el grueso cigarrillo español, replicó:
—Vamos, vamos, hijo mío... Ese es un modo bastante poco digno de escurrir el bulto. Lo que yo había preguntado era: ¿tienes algún tipo de dudas en cuanto a que tu alma sobrevivirá a tu muerte?
—Santo cielo, padre. Probablemente usted podría afirmar que mi alma ha sobrevivido a la muerte de mis piernas. ¿Sobrevivirá a la muerte del resto de mi cuerpo? ¿Cómo puedo saberlo? Nos hemos diseccionado a nosotros mismos en cierto número de partes: Cuerpo, Mente, Yo, Alma. ¿Las necesitamos a todas? ¿No estamos rompiendo acaso la Ley de la Parsimonia? ¿Entia non sunt multiplicando, praeter necessitatem? ¿Es correcto buscar a Descartes en Rimbaud? Rimbaud dijo: «... vous ne comprendrez pos du tout, et je en saurais presque vous expliquer... Je est un autre». ¿Qué pretendía decir? ¿Qué era un autre? ¿Una especie de estado interior que algunos filósofos podrían denominar un zumbido de bioelectricidad y que usted, con su no demasiado precisa terminología, llamaría un alma?
El sacerdote aplastó entre los dedos el extremo encendido del cigarrillo que estaba fumando.
—¿Mi terminología? —preguntó burlonamente—. ¿Mi terminología es imprecisa? —repitió—. ¿Y que hay de la tuya? ¿No resulta cien veces menos precisa? Cuando me hablas de ese zumbido de bioelectricidad, ¿cómo sé a lo que te estás refiriendo? ¿Se trata quizá de algo que está en el cuerpo de un tiburón? ¿O estará en el de un escarabajo pelotero? Pero cuando yo digo alma, tú sabes perfectamente de qué estoy hablando. Incluso cuando niegas su existencia, sabes qué estás negando.
—Touché.
Esto no es un duelo.
—Touché de nuevo. Lo siento. Por supuesto, esto no es un duelo.
—Bien —prosiguió el sacerdote—, estoy de acuerdo en que tus científicos pueden describir a otras personas sin utilizar la palabra «yo». Pero cuando están hablando de ellos mismos no pueden hacerlo, tienen que utilizar igualmente la palabra «yo» y, cuando son honestos, tienen que utilizar igualmente la palabra «alma». Para ellos, puede que tu cuerpo y tu mente sean dos aspectos de la misma cosa. Pero no son una sola cosa y no son lo mismo. Y tu yo y tu alma no son tampoco una sola cosa y no son lo mismo, porque Dios le dio a tu yo su libre albedrío, que deberías utilizar para cambiar tu alma haciéndola mejor.
—No existe ningún argumento definitivo en cuanto al porqué uno debería hacer las cosas de una forma o de otra.
—No te preocupes por los argumentos —rechazó el sacerdote despectivamente—. No estoy invocando ningún argumento, estoy invocando la Verdad. Estoy apelando al corazón de tu yo para que utilice su libre albedrío con el fin de librarse del mal que mora en tu alma. —Escupió para quitarse una brizna de tabaco del labio inferior y siguió hablando—: A menos que desees oírme decir que estoy apelando a la bomba fibrosa de tu yo para que utilice sus chorros de hormonas con el fin de librarse del maligno ruido que pervierte tu zumbido de bioelectricidad.
El positivista de la silla de ruedas rió bienhumoradamente.
—Me gusta eso —dijo—. De todos modos, habla del mal como si fuera un insecto atrapado en un trozo de ámbar o en un chip de silicona. No creo que se encuentre dentro de lo que usted llama «alma». Creo que está a su alrededor, en la misma textura del mundo vivo. —Se quedó callado por unos momentos y después, con una lejana y secreta melancolía en los ojos, confesó—: Mi esposa cree que esta Tierra es totalmente falsa pero que existe una Tierra real que se desplaza, invisible, alrededor del Sol. Es una especie de visión poética que ha creado. Pero sé lo que quiere decir con ello.
—También yo —dijo el joven sacerdote—. Y en cuanto a ti, hijo mío, te crees muy lejos de la fe. De hecho, te encuentras muy cerca de ella.
—No, padre. Está cometiendo un error. No lo estoy. Hay un muro entre nosotros. Usted cree que poseemos nuestro código moral porque nos fue entregado por un Poder Exterior. Yo creo que nos hemos encontrado en posesión de él a causa de que los cadáveres apestan.
—Cierto —admitió el sacerdote—, apestan.
—Y a los hombres no les gusta la pestilencia de los cadáveres.
—Cierto —repitió el sacerdote. Y, con tono pensativo, añadió—: Puede llegarla gustarles una leve vaharada de ese olor, especialmente si está mezclado con el olor del incienso. Pero estoy de acuerdo en que hay un límite para ello.
—Pues ahí lo tiene. Más allá del límite que menciona, la nariz del hombre resulta ser quimiotrópicamente negativa al estímulo de ese tipo de olor. Pero el mundo que rodea la nariz del hombre, el que circunda el hambriento estómago del hombre, es de tal sustancia que el hombre descubre la necesidad de matar y producir cuerpos muertos. No digo que le importe el matar. Digo que no le gusta el olor. Esta es la esencia del conflicto. Empieza a preguntarse en qué consiste esa fuerza extraterrestre que le hace arrugar la nariz ante el ofensivo olor de la putrefacción que echa a perder su placer de matar, y en respuesta a esta pregunta fundamental inventa sus religiones, sus códigos éticos y permite que la parte superior de su sistema nervioso cree el comienzo de la civilización, al final de la cual inventa no sólo refrigeradores para retrasar la descomposición de la carne, sino también cámaras de gas herméticamente selladas, lanzallamas que oxidan las proteínas in vivo y bombas atómicas limpias y sin olor. De esa forma, la civilización ha inventado los medios de suprimir lo que en el pasado la hizo nacer. No, no por el ateísmo, sino haciendo inodora la muerte es por lo que nuestra civilización está en el proceso de suicidarse.
—Lo que dices es horrible —replicó el sacerdote.
—Sé que lo es.
—¿Cómo puedes llevar la carga de semejante filosofía sin ser consolado por la idea de que existe...?
El filósofo de la silla de ruedas se encargó de completar la frase por él:
—La idea de que un judío más murió por mí no haría sino aumentar el peso de la carga.
Imagen__Imagen__ImagenImagenImagen
Avatar de Usuario
sydneywell
 
Mensajes: 4154
Registrado: 13 Ago 2009, 16:38

Re: trozos de textos

Notapor Raist el 09 Dic 2011, 14:21

Hola!
El último texto de El misterio de la sardina me ha encantado!
Os dejo unas cuantas citas.

Michelle de Montaigne
"Si un hombre hambriento y sediento tuviese delante un trozo de carne y una jarra de vino, sin duda moriría de hambre y de sed"

Alejandro Dumas en El conde de Montecristo
"Cuando un hombre teme al vino, tiene en su alma oscuros secretos que no desea revelar"

Gauthier en La muerta enamorada. Estas son las sensaciones de un seminarista mientras realizaba sus votos, ante la turbadora mirada de una hermosa dama.
"Ella pareció darse cuenta de mi martirio y, como para animarme, me lanzó una mirada llena de divinas promesas. Sus ojos eran un poema en el que cada mirada era un canto.
Me decía:
-Si quieres ser mío te haré más dichoso que el mismo Dios en su paraíso; los ángeles te envidiarán. Rompe ese fúnebre sudario con que vas a cubrirte, yo soy la belleza, la juventud, la vida; ven a mí, seremos el amor. ¿Qué podría ofrecerte Yahvé como compensación? Nuestra vida discurrirá como un sueño y será un beso eterno.
"Derrama el vino de ese cáliz y serás libre, te llevaré a islas desconocidas, dormirás apoyado en mi seno en un lecho de oro macizo bajo un dosel de plata. Te amo y quiero arrebatarte a tu Dios ante quien tantos corazones nobles derraman un amor que nunca llega hasta él."


Por no citar solo franceses, una de Tolkien.
"No acostumbro a dar consejos. Un consejo es un amigo peligroso, pues cualquier cometido puede fracasar, y ni aun el más sabio conoce el fin de todos los caminos."

Salut!
Raist
 
Mensajes: 9
Registrado: 08 Dic 2011, 22:57
Ubicación: Torre de Palanthas, Barcelona

Re: trozos de textos

Notapor Rosario Ramos el 05 Feb 2012, 16:44

Hola a todos:

El Tiempo entre Costuras, de María Dueñas, me conmovió como muy pocos libros lo han hecho :!: Este es el último párrafo:

"Nuestros destinos pudieron ser éstos o pudieron ser otros del todo distintos porque lo que de nosotros fue en ningún sitio quedó recogido. Tal vez ni siquiera llegamos a existir. O quizá sí lo hicimos, pero nadie percibió nuestra presencia. Al fin y al cabo, nos mantuvimos siempre en el envés de la historia, activamente invisibles en aquel tiempo que vivimos entre costuras".
Avatar de Usuario
Rosario Ramos
 
Mensajes: 1690
Registrado: 01 Sep 2010, 00:00

PrevioSiguiente

Volver a Citas y Refranes

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron

eXTReMe Tracker