Vientos de Cambio | COMPLETA

¿Te gusta escribir? Publica aquí tus relatos, cuentos, poesías, dibujos,... para que todos los podamos disfrutar

Moderadores: sydneywell, garcialuci, Rosario Ramos

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:31

Capítulo 23

Al día siguiente, antes del mediodía, Ofelia llegó con Felicity, del pueblo. Y ésta última fue directamente hacia su niñera enojadísima. Su padre al escuchar gritos y llantos, salió de su despacho, pero se quedó en el pasillo escuchando la conversación que le daba su hija a Orquídea.
—No te quiero más, me decepcionaste.
—Felicity, ¿por qué me dices esas cosas? ¿Qué te he hecho yo a ti?
—Ese Thomas está diciendo que tú le has sido fácil y que por tal motivo se casará contigo, abandonarás a mi padre y a mí, te irás de aquí, ya no nos querrás más, y me aseguraste que no te irías de la casa.
—Primero, yo en ningún momento te he dicho que me quedaría aquí, y segundo, no me casaré con Thomas, ni siquiera me agrada.
—¿Entonces, por qué está diciendo esas cosas?
—No lo sé, y te aseguro que lo averiguaré. Me tiene cansada, y es mejor que hable con él.
—Lo haré yo, a usted no la escuchará, necesita que alguien de su tamaño lo ponga en su lugar —contestó Nathaniel, acercándose a ellas.
—Esto parece una telenovela, me encanta, va a correr sangre —acotó Ofelia casi para sus adentros.
—¿Qué tienes con esa sonrisa, Ofelia? —le preguntó la niñera.
—Nada, aunque si el patrón tiene pensado hacerle eso a Thomas, estoy segura que no será nada con palabras.
Orquídea comprendió lo que ella le dijo, y miró fijamente a Nate. Éste estaba tomando las llaves de su camioneta.
—¿Está dispuesto a golpearlo por esas cosas que dice? —le preguntó a su jefe—, no vale la pena que se ensucie las manos por un hombre como él.
—Eso y varias cosas más ha dicho que usted no sabe, señorita, y de las cuáles Ofelia me contó.
—Thomas ha quedado molesto, solo porque nunca le acepté una salida, no me interesa en lo más mínimo lo que diga de mí, pero no me gusta que lo meta a usted en el asunto.
—A mí me tiene sin cuidado lo que piensa y dice de mí, estoy acostumbrado a los apodos y a los rumores, es un pueblo que se alimenta todos los días del chusmerío, pero no me gusta que diga esas cosas de usted, es demasiado íntegra y buena como para ser la burla de Thomas. Debe de ser que tampoco escarmentó con lo que pasó en el festival.
La joven tragó saliva y no pudo decirle más nada, solo se dedicó a mirarlo.
—Hace pocos días que le ocurrió el envenenamiento, y sería bueno que descansara.
—Podré descansar luego. ¿Orquídea? —le preguntó.
—¿Sí, señor Colleman? —le preguntó ella, sorprendiéndose por haberla llamado por su nombre por primera vez.
—Cuando vuelva, tú y yo vamos a hablar.
Orquídea quedó petrificada al escucharle aquellas palabras, y sabiendo que la había terminado por tutear definitivamente.
—¿Es muy necesario?
—Para ambos es necesario.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:34

Capítulo 24

El bar del pueblo estaba muy tranquilo y silencioso, los clientes bebían y algunos jugaban a las cartas.
Un golpe sordo, se sintió dentro de la cantina, alborotando la tranquilidad del lugar, el cantinero giró la cabeza para ver de quién se trataba, y volvió a la tarea de limpiar el vaso de vidrio, quedándose tranquilo.
El hombre que había abierto y golpeado con fuerza contra la pared la puerta de doble hoja, caminó con paso firme y sordo hacia el hombre que se mantenía sentado frente al bar, bebiendo un coñac.
—Thomas —le habló con seriedad—, por lo visto no has aprendido la lección de la noche del festival. No me gusta que digas cosas que no son verdad, puedes hablar sobre mí como te dé la real gana, pero no te permitiré que manches el nombre de mi niñera, no la conoces, nadie de aquí la conoce, y no estás autorizado para decir algo en su contra.
—¿Acaso ella te ha ido a contar esas cosas?
—¿Y si lo ha hecho, cuál sería tu problema? —le preguntó frunciendo el ceño de manera seria y poco amistosa.
—Le estoy pagando con la misma moneda que ella lo ha hecho conmigo —le respondió sorbiendo más de su coñac.
Nathaniel solamente le estrelló la cabeza contra la barra de la cantina, sujetándolo de la nuca.
—Más te vale que no sigas diciendo más cosas falsas de ella, sino te las volverás a ver conmigo, Thomas ¿me has escuchado bien? Porque la próxima será peor que la primera y la segunda vez.
El hombre tomó en su mano el vaso del coñac y le vertió el líquido sobre la cabeza.
Pronto salió del bar pisando fuerte y volviendo hacia su casa para hablar con la niñera de su hija.
Dentro de la casa, Orquídea se encontraba dentro de su habitación, leyendo, prefería mantener su mente en una lectura antes que pensar en las últimas palabras que el padre de Felicity le había dicho, pero aquella lectura fue interrumpida por un golpe en la puerta, el corazón de la joven revoloteó y alguien abrió la puerta, los ojos de ella se abrieron más de la cuenta y su respiración se disparó más de lo normal.
Volvió a tranquilizarse cuando miró a Felicity entrar al cuarto.
—¿Qué necesitas cariño?
—Nada ¿tú necesitas algo? —le devolvió la pregunta la niña.
—No, nada tampoco —le dijo volviendo a la lectura.
—¿No quieres hablar de lo que pasó antes de que papá se fuera?
—¿Quieres hablar de ello?
—Me gustaría.
—¿Qué quieres saber, hermosa? —le inquirió ella, cerrando el libro y dejándolo sobre la cama.
—Mi papá te gusta, ¿verdad?
—¿Cuál es tu opinión al respecto?
—¿Tengo que darte una opinión? —le preguntó la niña sorprendida—, me gustaría mucho que mi papá y tú pudieran hablar y decirse lo que sienten el uno por el otro.
—¿Tú crees que siento algo por él?
—Claro que sí, veo la manera en cómo lo miras —le confesó y Orquídea no pudo evitar ruborizarse.
—¿Y tu padre qué opina al respecto?
En el momento en que Orquídea terminó de preguntarle aquello a Felicity, la puerta se abrió, dejando mostrar a Nathaniel.
—¿Por qué no me lo preguntas a mí directamente?
La muchacha quedó petrificada ya que no se esperaba que él llegara tan rápido, y mucho menos que él se atreviera a decirle aquella pregunta. Una pregunta que le costaba horrores responder.
—Creo que Ofelia me está llamando —mintió la niña para dejarlos a solas.
Una vez que Felicity se retiró del cuarto, el hombre cerró la puerta y Orquídea se puso más nerviosa de lo que ya antes estaba. La boca se le resecó, y tragó saliva, en vano.
—Creo que nos debemos una conversación ¿no te parece?
—No estoy acostumbrada a que usted me tutee.
—Debería comenzar a hacerlo, y por más que nos conozcamos hace meses, lo que siento por ti es verdadero. Hace años que no he conocido a ninguna otra mujer luego de la madre de Felicity, hasta que te conocí.
—Por tal motivo es que cree que siente algo por mí.
—Tengo bien en claro lo que quiero, Orquídea, no necesito que me lo hagas saber con otras palabras o que me evadas el tema que estamos planteando.
—Nunca me pasó esto —le dijo, intentando no ponerse nerviosa.
—Supongo que no.
—¿Qué le ha hecho a Thomas?
—¿Te importa?
—No, pero me gustaría saberlo.
—Lo he puesto en vereda. No te molestará más, y si lo vuelve a hacer, sabe bien que primero tendrá que pasar por mí.
—Esa era mi preocupación, todo el mundo creerá que tenemos algo y no me gusta que hablen mal de mí, creyendo que llegué solo para atrapar al lobo de Colorado Springs.
—Esa es mi fama, la del lobo de Colorado -dijo riéndose.
—¿Por qué le dicen así?
—¿Acaso no lo sabes?
—La enfermera que nos atendió, me ha dicho que lo llaman así porque es solitario, gruñe y cuando alguien lo salva, el lazo es de por vida.
—Tú me salvaste.
—Era mi deber, Felicity lo necesita.
—¿No me has salvado por algo más? ¿Por qué no me tuteas? No es nada malo que lo hagas, Orquídea. Nadie te dirá nada porque me tuteas.
—No corresponde.
—Tienes demasiados prejuicios encima.
—Es posible que los tenga.
—¿Por qué no los haces a un lado? Los del pueblo y la ciudad no están en posición para hablar de más, porque nadie es una blanca palomita.
—Me ha hecho acordar a su hija, ella suele decir ese tipo de cosas.
—Lo sé. Es una niña increíble.
El silencio se hizo incómodo y ella no sabía qué más decirle, era la primera vez que mantenían una conversación como aquella y sobre todo, tan fluida y amena.
Nathaniel fue el primero en hablarle, y al hacerlo, confesó lo que había guardado por tantos meses dentro.
—Te amo, no sé cómo pero lo hago, quizá desde el primer momento en que te vi, quería decírtelo desde hacía tiempo, pero nunca tenía la oportunidad. Te amé aún más cuando me salvaste la vida y no me abandonaste.
—Nathaniel —le respondió, pero le pareció muy raro aquel nombre en sus labios y volvió a tratarlo de usted—, señor —le dijo, y sintió no que era lo correcto tampoco—, ya no sé cómo tratarlo, o tratarte.
—Sabes bien que me gustaría que me llamaras por mi nombre.
—Yo... no puedo aceptarte.
—Entiendo, sé que no soy el ejemplo de hombre, tengo todo en contra, tengo una hija, soy estricto y malhumorado.
—No es eso, nadie es perfecto, pero usted es perfecto para cualquier mujer menos para mí.
—¿Por qué no puedo ser perfecto para ti?
—¿Acaso no lo ves? Estoy de empleada aquí, soy la niñera.
—Sabes bien que mi hija te adora, y que en parte gracias a ella, nosotros estamos aquí charlando. Tienes un puesto de trabajo como cualquier otra persona, que seas la niñera de mi hija no es excusa suficiente.
—Pero es muy diferente, trabajo para ti. Nadie podría meterse en la cabeza que la empleada tenga un amorío con su jefe, está muy mal visto.
—Me importa poco y nada lo que digan los demás, jamás me importó lo que la gente del pueblo y la ciudad dijeran de mí. Siempre se rumorean cosas alrededor de mí, y no me afectan, decían que la madre de Felicity me engañó y por eso terminó dejándome, otras tantas, que yo la había engañado y por tal motivo me dejó con la niña, otras peores, que yo la golpeaba, y nadie sabía en verdad el por qué me abandonó, porque jamás quiso ser madre, le importaba más su estética y tener un cuerpo esbelto que cuidar de su propia hija, lo que te intento decir con todo esto, es que siempre habrá rumores, pero ni tú y ni mucho menos yo podemos hacer algo al respecto. Solamente nosotros dos sabemos bien lo que pasa dentro de la casa.
—Aún si yo sintiera algo por ti, nada cambiaría, y sinceramente, me es imposible creer lo que tú sientes por mí.
—Es la primera mujer que quiere verdaderamente a mi hija.
—Felicity es encantadora, a todo el mundo tendría que encantarle.
—Pero no a la mayoría, no a las niñeras que estuvieron antes que tú.
—Lo sé. Pero por más que tú quieras tener algo conmigo, no puedo aceptarte, puede que Felicity quiera esto, pero ninguno de los dos sabrá si más adelante le disgustará.
—A Felicity le caíste bien desde que se conocieron, y eso para mí, es palabra de honor.
—Jamás supiste nada de mí, solamente que he venido desde casi la otra punta de ésta ciudad, prácticamente no sabe nada de mi vida.
—Sé que eras maestra rural porque tú me lo dijiste, sé que tuviste que dejar a tus padres para poder tener una vida mejor de la que tenías en el campo, y que les envías dinero de tu sueldo también.
Orquídea se terminó por poner colorada de la vergüenza al saber que su jefe sabía que le mandaba dinero a sus padres.
—Pero no sabes más que eso.
—No necesito saber tantas cosas de ti.
—Creo que sí.
—Si estás dispuesta a salir conmigo, en ese caso, podemos conocernos mejor.
—¿Cómo sabes que envío dinero a mis padres?
—Ofelia me ha contado.
—Ya veo.
—¿No me dirás más nada? —le preguntó él, mirándola a los ojos.
—No sé qué más decirte. Es un poco extraño todo esto, si no lo tomas a mal, necesito estar a solas unos minutos.
Nathaniel se quedó petrificado al escuchar aquellas palabras, no las esperaba, solo esperaba que Orquídea le dijera algo más que eso, algo por lo que siempre había estado esperando de ella, una aceptación a mantener algo entre los dos, sin importar el puesto de trabajo que la joven tenía allí.
Sin palabras por parte de ambos, él salió de la recámara, cerrando la puerta a sus espaldas, manteniendo baja la cabeza, en señal de haber sido rechazado, ya que no necesitaba que ella le dijera algo, con tan solo haberle visto sus ojos, supo el no tácito.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:37

Capítulo 25

Nate fue visto por Ofelia quien lo miró preocupada.
―¿Ocurre algo?
―Nada.
―Esa cara la conozco, ¿qué ha pasado?
―Creo que metí la pata.
―¿Por qué lo dice?
―Le dije a Orquídea que la amaba y ella ni me respondió.
―Seguramente se sorprendió por la declaración, verá que luego le dirá algo.
―No Ofelia, ya está. Sus ojos ya me dijeron lo contrario. Prefiero salir y tratar de olvidarme.
―¿Por lo menos ella le dijo el porqué no lo acepta?
―Por las habladurías del pueblo.
―En ese caso, no es porque ella no gusta de usted, sino por los rumores del pueblo, ¿por qué no le demuestra que no es como ella piensa?
―¿Por ejemplo?
―Dígale que si no acepta salir con usted, la despide.
―Eso es extorsión, Ofelia.
―Lo es, pero es la única manera que usted tiene para salirse con la suya, después de todo, Orquídea lo quiere también, el problema es el pensamiento de ella al saber que tendría una relación con su jefe.
―Eso para mí es lo de menos.
―Pero para ella ya ve que no es mínimo, piensa sobre eso y se hace problemas sin haberlos. No está acostumbrada a que hablen mal de ella, pero tampoco puede terminar agradando a todos. Ambos tienen que ser felices, y lo mejor es que estén juntos, los dos se merecen.
Orquídea salió del cuarto, y caminó hacia el inicio de las escaleras, se había quedado en un dilema al querer bajar a la cocina y querer quedarse escondida en el dormitorio. Optó por la primera opción, iba a ser valiente y enfrentarlo si debía de hacerlo nuevamente.
La joven entró a la cocina ante las miradas atentas de ambos, ella caminó por entremedio de ellos, y se acercó al refrigerador para tomar un poco de té helado. Ofelia miró a su jefe y ladeó la cabeza en dirección a la muchacha para que tuviera el valor de decirle algo.
―Creo que si te guías por los rumores de los pueblerinos, jamás serás feliz, creo que tendrías que pensar en ti principalmente, y no prestarles atención a los demás.
―Gracias por el consejo.
La joven salió con el vaso a medio llenar de té frío y caminó hacia el jardín trasero. Nathaniel la siguió con paso firme porque a pesar de todo se sentía algo enojado con ella.
―No fue un consejo, lo que te he dicho fue la verdad para que pienses bien qué harás con tu vida.
―¿Tan importante es para ti mi vida?
―Eso ni siquiera tendrías que preguntármelo, Orquídea.
―Me parece algo totalmente raro que el jefe y la empleada tengan una relación amorosa. Todos se terminarían burlando, sobre todo de ti.
―A la mierda con los demás y sus habladurías ―gritó Nate, descargándose de lo que sentía por dentro.
―Si para ti es eso que acabas de decir, allá tú, para mí es extraño, y poco habitual tener una relación con un jefe, no llegué aquí con la intención de formar pareja ni mucho menos formar pareja con mi jefe.
―¿Y crees que yo sí tuve una intención? ―le terminó preguntando y se echó a reír―. Ni siquiera supe cómo terminé enamorado de ti, ¿y me dices eso?
―¿No te parece raro terminar enamorado de la empleada? ―le inquirió ella.
―Sinceramente no. Las personas se enamoran de alguien sin saber cómo ni cuando.
―A mí me parece que te enamoraste de mí, porque no te quedó de otra, es decir, no sueles salir a conocer mujeres, ni por la tarde ni por la noche y eso te llevó a terminar enamorado de mí.
―¿Qué insinúas? ―le preguntó entrecerrando los ojos.
―Que hay mejores mujeres que yo.
―Si crees que por mejores mujeres te refieres a una mujer de ciudad o que sea refinada, estás muy equivocada, si bien recuerdas, estuve en pareja con Geraldine, y te aseguro que no volvería a tener algo con ella ni si fuera la única mujer en el mundo.
―¿Y qué me dices de la madre de Felicity?
―Eso está fuera de discusión, tampoco tendría algo con ella, después de abandonar a mi hija, no caería tan bajo en intentar tener una relación con ella, Felicity está mucho mejor sin su madre, incluso a ti te considera su madre y eso no se lo discuto.
―No sé porqué insistes en tener algo conmigo, porque no soy mejor que las demás, incluso soy inferior a otras.
―¿Por qué te tiras abajo? No eres inferior a las demás, para mí eres superior a Geraldine y a la madre de mi hija.
―Te lo digo porque es lo que me parece. ¿Entiendes que si tengo algo contigo, tendría que dejar el puesto de trabajo, no? No sabría qué hacer y realmente necesito el dinero.
―Puedes retomar el trabajo que tenía en el campo.
―¿Maestra rural?
―Sí.
―Tendría que conseguir un puesto, y eso llevará tiempo. Y a como veo las cosas, es preferible dejar las cosas como están.
―Si no me aceptas, te despido ―le dijo, recordando lo que le había insinuado Ofelia.
―Eso es chantaje.
―Sí, y no tendría ninguna otra opción más que aceptarme.
―Puedo renunciar, y pedirte que me pagues lo que me debes.
―No te firmaré la renuncia, y de esa manera no podrías irte de aquí.
Nate ni siquiera esperó a que ella le dijera algo más, solo posó las manos sobre las mejillas de la muchacha y le dió un beso en sus labios con total suavidad y dulzura. El vaso de té que la joven sostenía, cayó al pasto cuando él la tomó por las mejillas. Orquídea intentó quitar las manos de sus mejillas, pero la fuerza que hizo fue en vano, las manos del hombre se mantenían firmes pero sin apretarle la carne. Ambos sintieron cosas inexplicables cuando se besaron, tanto que Nathaniel llevó una mano a la nuca de la joven y la otra alrededor de la cintura. Ella por su parte, y con mucha timidez enredó sus brazos alrededor del cuello masculino.
―No puedo pedirte perdón, porque verdaderamente no siento que deba disculparme contigo, por algo que quise hacer con ganas ―le dijo acariciándole las mejillas y mirándola con amor.
―No tienes que pedirme disculpas, solo estoy intentando aceptar lo que me está pasando contigo. ¿Qué le dirás a Felicity?
―Creo que Felicity ya lo sabe, es lo que quería de un principio, que su padre y su niñera terminaran juntos.
―Sí, ya lo sabía.
―Así que, estará feliz de saber la nueva noticia ―le dijo él, sonriéndole con gran alegría―. Si quieres, mañana te llevaré a la escuela del pueblo para que preguntes por alguna vacante, ¿te parece?
―Está bien.
Felicity corrió hacia ellos y los abrazó a ambos por la cintura, estaba más que feliz y contenta, lo que siempre había querido se hacía realidad.
―Los he visto besarse ―les respondió mirándolos y riéndose con picardía.
―Eres curiosa y atrevida ―le dijo su padre entre risas y la levantó por las axilas para darle un giro entero mientras la niña carcajeaba de alegría.
―Sí, así soy y así me quieres mucho ―le respondió abrazándolo por la cintura.
―Te adoro, preciosa ―le contestó con cariño y amor su padre mientras la abrazaba por los hombros y le acariciaba el cabello.
Los tres entraron a la casa abrazados.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor nobbs el 11 Jun 2018, 20:00

mmmmmmm parece que se aproximan vientos de boda? :D

Que bueno que al final estos dos se dejaran de tonterías ya, parecía el juego del gato y el ratón......Aunque ese Si no sales conmigo te despido no lo veo yo, pero vaya, como que le salió bien, no sin rriesgo de llevarse un guantazo de tres pares de narices, y alguna que otra palabra gruesa que sonrojaría al más curtido de los camioneros :lol:

Bueno, ya veremos como sigue la cosa :D

Muchísimas gracias Silvina
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2769
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:14

Muchas gracias por el comentario nobbs, por lo menos ya se dejaron de rodeos y van a intentar tener una relación amorosa. Vamos a ver qué pasa entre ellos de ahora en más.
En un rato subiré unos capítulos más y gracias de nuevo por leer la novela. :)
Un beso.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:18

Capítulo 26

Apenas entraron a la casa, vieron a Ofelia beber un sorbo de coñac.
―Perdón, señor, pero debía beber un poco de su coñac preferido, no todos los días presencio una felicidad tan grande y menos que usted esté en el medio de dicho acontecimiento ―le dijo bebiendo el último sorbo que le quedaba.
―Estás perdonada, Ofelia.
―Creo que Ofelia vió el beso también ―acotó la niña.
―No iba a perdérmelo. Me alegro mucho por ambos.
―Gracias ―comentó de nuevo Nate.
―Te lo agradezco, Ofelia ―dijo Orquídea.
―Lo he dicho de verdad, ambos se merecen, y me alegro mucho por Felicity también.
―Estoy muy feliz de saber que ya son pareja ―les dijo la niña a ambos mientras los miraba y les tomaba la mano.
―Felicity, sabes bien que si Orquídea es mi pareja, no seguirá siendo más tu niñera, ¿verdad? ―le respondió su padre.
―Algo pensé sobre eso, y aunque no lo sea, supongo que se quedará conmigo el tiempo que quiera, ¿no?
―Le sugerí a Orquídea que fuera a preguntar al colegio donde tú vas.
―¿Y será mi maestra? Eso sería grandioso ―respondió ella abrazando a la joven por su cintura.
―Primero tendrá que averiguar si hay alguna vacante pero no es nada seguro, el colegio tiene buenas maestras y difícilmente renuncian o las echan ―le comentó su padre.
―Eso es verdad, hay un colegio en la ciudad también.
―Iremos a los dos entonces.
―¿Puedo ir cuando vayan? ―preguntó la niña.
―Claro que sí ―le dijo Orquídea―. Estás en todo tu derecho en ir si quieres.
―Iremos ahora, porque de seguro que no estarás tranquila si esperamos hasta mañana ―le expresó él a ella.
―Tienes razón ―le dijo ella.
Los tres se abrigaron, más Orquídea ayudaba a Felicity a cerrarse el abrigo. No fue que pasó mucho tiempo cuando Nate aparcó la camioneta frente a la escuela de su hija, y los tres se bajaron.
El establecimiento se encontraba abierto aún, y aprovecharon en entrar, fue Orquídea quien golpeó la secretaría y una mujer la dejó pasar.
―Hola, buenas tardes. Quería saber si están tomando maestras nuevas, o para reemplazos.
―¿Eres nueva en maestría?
―No, solía ser maestra rural.
―¿Tienes afinidad con los más chicos o los más grandes?
―Con los más chicos.
―Tendrías que llenar un formulario y esperar a que te llamen, esto podría tardar días, semanas, incluso meses o años.
―Sí, entiendo cómo es el sistema ―le dijo Orquídea y tomó el formulario en sus manos.
No le llevó mucho tiempo a Orquídea completar el formulario, mientras que en fuera de la secretaría esperaban por ella, Felicity y Nathaniel.
―¿Estás contento, no? ―le preguntó su hija.
―Sí.
―Ya lo creo que sí ―le dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
―Y tú estás contenta también, ¿o me equivoco, pimpollo?
―No, sabes que no.
Dentro de la secretaría, Orquídea le entregaba el formulario a la señora, y cuando ésta última leyó su nombre se sorprendió.
―¿Eres la niñera de Felicity Colleman?
―Sí.
―¿Y por qué pides un puesto de maestra?
―Solía ser maestra en el lugar donde vivía, y en mis ratos libres, que es cuando Felicity no se encuentra en la casa, me gustaría dedicarlo a la escuela.
―¿Cómo te las arreglarás? Digo, cuidas de la hija de Nathaniel Colleman, y quisieras ser maestra nuevamente. Sería mucho trabajo extra que te llevarías a la casa.
―El mismo trabajo extra lo tenía en mi casa en el campo cuando corregía trabajos y exámenes, y preparaba las clases y tenía que ocuparme de la granja y la huerta. Le aseguro que lo que hago ahora es un lujo que no estoy acostumbrada a tener y que me encanta pero que me aburre cuando no estoy con Felicity y por ese motivo me gustaría tener aunque sea unas horas de maestra, ya sea como sustituta o titular.
―En ese caso, veremos qué podemos hacer.
―Se lo agradezco mucho.
―No hay de qué, si se presenta algo, te avisaré.
―Muchas gracias.
―Antes que te vayas ―le dijo mientras revisaba unos papeles―, ¿has sido maestra de primaria o de jardín de infantes?
―Maestra de primaria, pero si tengo paciencia con los chicos, la misma paciencia la tendré con un jardín de infantes, solía ser maestra de niños de seis hasta doce años.
―Está bien, es bueno saberlo, y no creo que tengas problemas con niños de menor edad si estabas acostumbrada a tener aulas con niños de seis años. Solo te lo preguntaba porque lamentablemente dos maestras están por renunciar, porque la salita de cinco años dice que es un caos, y la maestra de primer grado ya dijo en varias oportunidades que algunos alumnos son un desastre y aparte, pronto se casa y se muda a otro estado. Si quieres, puedo darte los horarios de las clases, y luego te aviso si hay disponibilidad.
―Se lo agradezco mucho, me encantaría.
―Pero primero tendrías que tener una entrevista con la directora, y en estos momentos no se encuentra.
―No tengo problema en esperar.
―Bueno, en ese caso, te entregaré los horarios y mañana te llamaré para avisarte cuándo querría la directora una charla contigo, y después de ahí se verá.
―Está bien y muchas gracias nuevamente.
―No hay de qué, hasta pronto.
―Hasta pronto ―le contestó Orquídea tomando el papel con los horarios de las clases.
―¿Y? ¿Qué te ha dicho? ―le preguntó Nate viéndola salir.
―Me dió los horarios de las dos maestras que quieren renunciar, pero primero tengo que tener una entrevista con la directora y luego esperar por si alguna de ellas se va.
―Está bien, ¿quieres ir a la ciudad para ver la escuela?
―De acuerdo.
Los tres volvieron a subirse a la camioneta ante la mirada atenta de algunos pueblerinos.
Fue en la ciudad donde Nathaniel volvió a encontrarse con Geraldine, y ésta conoció por vez primera a Orquídea.
La altanera mujer, supuso que aquella joven era la nueva madre de la asquerosa niña, una niña que jamás pudo soportar. La pequeña mentira de Felicity se fue a la basura cuando la mujer vio las manos de la muchacha y comprobó que no llevaba anillo de casada, por lo tanto no era ni la nueva madre ni mucho menos la esposa de su ex pareja. Algo que de algún modo, la puso contenta porque estaba segura que iba a tener grandes posibilidades de volver a conquistar a Nate y así poder persuadir al padre de la niña para que ésta se fuera a un internado lejos de los dos.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:20

Capítulo 27

Nate, intentó actuar como si no la hubiera visto, pero fue ella quien los interceptó haciéndose falsamente la simpática.
―Hola, qué bueno haberlos encontrado nuevamente.
―Hola Geraldine, si nos disculpas estamos apurados ―le dijo él.
―¿No podemos hablar unos minutos?
―Claro que no, tenemos que ir a otra parte y no estoy a tu disposición.
―Por lo visto, sigues siendo el soberbio de siempre.
―No te equivoques conmigo, dejé hace tiempo de ser el imbécil que te aceptaba todo.
―Creí que estabas casado, como la vez pasada fui a tu casa y alguien ―le contestó mirando a la niña―, me dijo que estabas con tu nueva esposa...
―¿Y qué pasa con eso? No tengo que darte explicaciones.
―No veo ningún anillo.
―¿Hay algún problema en no querer usarlo?
―No, claro que ninguno.
―Entonces, deja de molestarnos.
Los tres pasaron por delante de ella, y la mujer quedó con la sangre en el ojo, ardida por demás y mirándolos con rabia contenida, Nate jamás se había comportado así y mucho menos con ella. Nadie pisoteaba a Geraldine Williams y el que se atrevía, la pasaba mal.
Por aquella vez, prefirió dejarlos tranquilos, ya tendría oportunidad para intercambiar algunas palabras a solas, con Nate, con la fulana y con la engreída niña si era posible. Se le dibujó una sonrisa cuando su mente divagó en mil maneras de hacer sufrir a la nueva pareja de Nate y sobre todo, a la desgraciada niña. Porque en realidad eso le estorbaba, la hija de Nate y la quería lejos de allí y estaba segura que por miedo jamás le contó a su padre las cosas que le hizo de pequeña. Sabía bien que haciéndole rememorar aquellos días iba a tenerla a raya y amenazada.
Cuando la pareja y la niña volvían de un encuentro sin novedades, ya que no había vacante disponible, se encontraron con un incendio en la estancia Las Ramas. Era la casa donde vivía Thomas. Nathaniel, pasó de largo, sin importarle mucho lo que sucedía con él.
―¿No te detendrás? ―le preguntó Orquídea.
―No.
―No seas así, Nate.
―Él no se ha portado nada bien contigo y tampoco conmigo. Se merece el incendio.
―No digas esas cosas, eso le puede pasar a cualquiera.
―Por él, me gusta que le haya pasado eso.
―No creí que fueras tan insensible. Ni siquiera ha pasado un día y la verdad es que me estás decepcionando ―le dijo ella.
Nathaniel al escuchar aquellas palabras de Orquídea, frenó de golpe, y miró por el espejo retrovisor para ver si veía algún auto venir de su mano, puso marcha atrás y retrocedió hasta la casa incendiada.
Entraron con la camioneta a campo abierto hasta la casa, y los dos se bajaron, más no Felicity, quien su padre le había dicho que se quedara dentro de la camioneta.
Los dos entraron a la casa, y el aire viciado del fuego, comenzó a penetrarle por la nariz y garganta a Orquídea.
Aunque ella comenzó a sentirse algo mareada y falta de aire, vio un cuerpo tendido en el piso, la joven tocó a Nate por el brazo y señaló a la persona, el hombre caminó hasta el cuerpo tirado y como pudo y con fuerzas lo levantó para llevarlo a rastras sobre uno de sus hombros, ya que había pasado el brazo del hombre por sus hombros y así, sacarlo hacia el exterior de la casa.
Era Thomas, y mientras Nate comprobaba si aún respiraba, Orquídea llamó a los bomberos. Incluso ella, no podía respirar bien, y sentía tanto garganta como nariz, arderles.
―¿Orquídea, qué te sucede? ―le preguntó él, intentando sujetarla cuando vio que se mareaba.
―No lo sé.
A través de la otra línea se escuchó una voz, y fue Nate quien habló por la joven.
―Hola, necesito urgente un camión de bomberos y una ambulancia, estamos en la estancia Las Ramas, hay un hombre inconsciente y una joven mareada.
―Enseguida sale el camión junto con una ambulancia.
―Gracias.
La llamada se cortó, y Felicity salió de la camioneta preocupada.
―¿Orqui, estás bien?
―Sí, cariño. Ve tranquila a la camioneta ―le dijo la joven intentando conseguir aire.
―¿Segura? ―le preguntó con preocupación.
―Sí, Felicity, haz lo que te dice Orquídea, por favor ―le dijo ésta vez su padre.
―De acuerdo, papá.
En cinco minutos habían llegado el camión de bomberos y una ambulancia. Por un lado los bomberos intentaban apagar el incendio, y por otra parte, Thomas era llevado en camilla al hospital con oxígeno, y Orquídea, tuvo que ser trasladada también en la ambulancia y con oxígeno porque era probable que tuviera las vías respiratorias algo quemadas por el humo que había inhalado sin darse cuenta.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:23

Capítulo 28

Orquídea había ingresado a cuidados intensivos, ya que presentaba un leve chamuscado en sus vías respiratorias. Mientras que Thomas, estaba en una sala común con una leve quemadura en su cuerpo, pero estable y consciente. Nate estaba que sacaba humo por las orejas y rechinaba los dientes de la impotencia, bronca y rabia que sentía en aquellos momentos. Felicity lo calmaba.
―¿Quieres que le avise a Ofelia?
―No, por el momento no.
―¿Quieres un té o un café que te compre en la cafetería del hospital?
―No, cariño, no tengo ganas de beber nada, ni mucho menos de comer.
―Orquídea es fuerte, ya verás que pronto saldrá.
―Si no hubiera sido tan terca, nada de esto habría pasado.
―Nadie sabía que ella iba a quedar internada.
El médico a cargo de ambos, se acercó a Nathaniel para comentarle los partes médicos.
―El pacientes masculino se encuentra en buenas condiciones, y ya ha despertado.
―¿Y ella? ―le preguntó Nate con preocupación.
―Ella aún no despertó desde que la sedamos para inyectarle antibióticos y ver sus vías respiratorias.
―¿Tiene idea de cuándo despertará o cuándo se le curarán?
―Es cuestión de tiempo, hay que esperar que sanen y el proceso es lento. Si quieren pasar a verla, lo pueden hacer.
―¿El paciente masculino dónde se encuentra?
―En la habitación 200, está en planta baja.
―Muchas gracias, doctor.
―En unas horas volveré a darle el parte.
―Gracias.
El médico se retiró para seguir su trabajo, y Nate aprovechó en ir a ver a Thomas primero.
―¿Puedo ir a ver a Orquídea mientras tanto? ―le preguntó su hija.
―¿Sabes bien dónde queda?
―Preguntaré.
―De acuerdo, ve con cuidado, yo iré en unos minutos.
―Papá, no hagas nada que haga que te arrepientas. Ya pasó todo.
Felicity sabía muy bien de lo que era capaz de hacer su padre si podía y si tenía la posibilidad de hacerlo, no iba a llegar a matarlo, pero sí darle un susto, y su hija creía que no valía la pena hacer eso.
Thomas siempre había vivido de problemas en problemas, y de tratar de salir con cualquier mujer que se le cruzara por su camino, era muy rico y creía que con dinero conseguía lo que quería, fue peor cuando Orquídea le había negado las salidas y hacerle entender que no estaba interesada en él, pero como él creía que podía comprarla con dinero, o con habladurías, lo único que consiguió fue lo contrario.
Pero Orquídea no era rencorosa y mucho menos malvada en hacerle el mal a otra persona y prefirió dejar las cosas claras y hacerle saber que no quería nada con él, solo se dijo a sí misma que quizá por falta de atención y que nadie lo tomaba en serio, Thomas era como era y se comportaba de esa manera porque no sabía hacerlo de otra forma. Y por tal, la joven cuando vio su rancho incendiarse, lo primero que hizo fue pedirle a Nathaniel, en contra de su voluntad, que lo ayudara a pesar de las circunstancias en las que ambos hombres estaban.
Nate entró con cuidado a la habitación donde se encontraba Thomas, y éste último se sorprendió de verlo.
―¿Qué haces aquí?
―Eso deberías preguntarte tú ―le contestó con sequedad.
―No recuerdo nada.
―Orquídea te sacó de donde estabas, porque si era por mí, dejaba que se incendiaras junto con la casa ―le respondió y él tragó saliva con dificultad.
―¿Incendio? ¿De qué manera se incendió la casa?
―No lo sé, tú estabas allí tendido en el piso. Habrá que esperar a los bomberos para que digan la causa que llevó al incendio.
―¿Por qué me salvaron?
―Pasábamos por esa ruta. Ya te dije, deberás darle las gracias a Orquídea.
―¿Dónde está ella ahora?
―En cuidados intensivos, y sedada.
―¿Qué le pasó?
―Por querer ayudarte se llevó la peor parte, sus vías respiratorias están un poco chamuscadas y tienen que curárselas por un buen tiempo.
―Lo siento de verdad, nunca pensé que pasaría esto, Nathaniel.
―Orquídea es demasiado buena con las personas, incluso con las que no fueron buenas con ella ―le dijo mientras lo miraba atentamente.
―Lo sé, y lo entiendo también. No sé qué decirte, solo espero que ella salga de aquí cuanto antes.
―Eso esperamos mi hija y yo.
―Perdón por haber causado problemas, siempre he sido así.
―Siempre has querido sacarme las parejas.
―Sí, eso es verdad, pero solo lo hacía porque nadie me tomaba en cuenta.
―Si habrías dejado de ser tan arrogante, embustero y mentiroso, hubieras tenido una pareja estable desde hacía tiempo.
―Suenas como mi padre.
―Si quieres que una buena mujer te tome en serio, deja de hacer idioteces.
―Lo tendré en cuenta, gracias.
―Con respecto a otra cosa, deberías pedirle disculpas a Orquídea cuando se recupere, has dicho y hecho barbaridades sobre ella y no se las merece.
―Lo haré, espero que pronto salga de cuidados intensivos.
―¿Quién estaba contigo cuando sucedió el incendio?
―Nadie. Solo tenía el hogar prendido.
Un hombre con chaqueta del cuartel de bomberos, entró a la misma sala donde se encontraba Thomas, para preguntarle de lo sucedido.
―Sinceramente no tengo idea cómo sucedió todo, lo único que recuerdo fue que fui a mi cuarto, en la planta alta para tomar una siesta.
―Por el peritaje, y por cómo sucedió todo, comprobamos que fueron las brasas que saltaron hacia la alfombra en la sala.
―Después de la siesta, empecé a sentir olor a quemado, bajé las escaleras y cuando quise salir al ver que se estaba incendiando parte de la casa, una de las vigas del techo de madera, me golpeó y caí.
―Lo encontramos desmayado ―acotó Nate.
―¿Cómo quedó la casa? ―preguntó Thomas.
―La mitad en ruinas.
―Mi padre querrá matarse cuando la vea.
―Lo importante es que no le sucedió nada.
―A mí no me pasó nada, pero a la pareja de él sí por querer ayudarme.
―Lo siento, señor Colleman.
―Gracias, lo bueno es que el médico dijo que saldrá adelante.
―Esa es una buena noticia, bueno, me retiraré, buenas tardes caballeros.
―Buenas tardes.
Los dos hombres no se hablaron hasta que el bombero se retiró de la habitación, y fue entonces cuando Nate le habló nuevamente a Thomas.
―¿Cómo sabes que Orquídea es mi pareja?
―Tarde o temprano se iba a saber.
―Nunca hemos dicho nada.
―No hacía falta. La noche del festival quedó más que claro ante todos.
―No estábamos saliendo en ese momento.
―No, pero la manera en cómo se miraban, incluso tú la mirabas diferente, casi todo el pueblo supo que algo tenían entre los dos. Y aunque al principio me dió mucha rabia, por saber que alguien como ella se fijara en ti, por más que quise alejarlos o inventar cosas, todo fue en vano y terminé por bajar los brazos.
―Hay mujeres buenas, Thomas. Y con respecto a lo otro, no creas que soy perfecto, nadie lo es, pero si quieres tener una joven buena y atenta contigo, vas a tener que cambiar, sino terminarás quedándote solo.
―¿Tú tuviste que cambiar, verdad?
―Sí, lo tuve que hacer, a golpes pero lo hice, cuando apareció en mi casa Orquídea para el puesto de trabajo y mi vida se puso patas arriba.
―Eso es bueno, quién iba a decir que el ermitaño Nathaniel, iba a cambiar por una mujer.
Ambos se rieron a carcajadas cuando Thomas terminó de decir aquellas palabras sobre Nate. Jamás había sido amigos o dentro de todo, dos hombres que se llevaran bien, y Orquídea había sido la causante de que ambos quedaran en una habitación de hospital charlando sin gritarse y golpearse.
―-Gracias a Orquídea ambos estamos así ―comentó Nate.
―Es verdad. Quién lo diría. Después de todo, no has resultado ser un mal tipo ―le dijo Thomas y ambos volvieron a reírse.
―Y tú tampoco al parecer ―le contestó Colleman otra vez―. Iré a ver a Orquídea.
―De acuerdo, y muchas gracias por sacarme de la casa.
Nate solo le hizo un gesto de estar todo bien, y dejó que descansara. Dentro de la sala de cuidados intensivos, Felicity estaba sosteniendo la mano de su querida niñera y Nathaniel quedó mirando la escena con cariño y ternura. Su hija amaba a aquella joven y quería con fuerzas que Orquídea sea la madre que jamás tuvo.
Fue Felicity quien sintió la presencia de su padre y se giró para mirarlo.
―¿No lo has matado?
―No, cariño ―le dijo casi en risa―. ¿Ha venido alguna enfermera o médico?
―No.
El hombre se sentó del otro lado sobre el borde de la cama y tomó su mano también.
―¿Cómo se encuentra Thomas? ―preguntó la niña.
―Bien.
―¿No has gritado?
―No, aclaramos las cosas y creo que a partir de ahora nos llevaremos bien.
―¿En serio? ―le preguntó con asombro su hija.
―Sí, en serio. Era algo que debíamos hacer desde hacía rato, y gracias a Orquídea que fue quien hizo que ayudara a sacar a Thomas, hicimos las paces.
―Me alegro mucho por ti, papá ―le dijo con una sonrisa su hija.
―Gracias, cariño ―le dijo acariciando su mejilla.
Una mujer se presentó en la sala donde se encontraba la joven y ellos dos, y casi se cae redonda al piso cuando vió a Orquídea en la cama y con sonda.
―Me enteré que hubo un incendio en la casa de Thomas y que dos personas estaban hospitalizadas, no pensé nunca que Orquídea era una de ellas.
―¿Qué haces aquí, mamá? ―le preguntó él frunciendo el ceño y levantándose para saludarla.
―He venido con tu padre, que está abajo con Ofelia. Acabamos de llegar, fuimos a tu casa, pero en el camino uno de los bomberos nos avisó del incendio y quiénes eran las personas afectadas. ¿Cómo se encuentra?
―Estable, pero la sedaron para pasarle los medicamentos que actuarán sobre las vías respiratorias afectadas.
―¿Cómo pasó todo?
―Es una historia larga de contar ―le comentó su hijo.
―Papá está de novio con mi niñera, que ya no es más mi niñera ―dijo Felicity sin vueltas y yendo directo al grano.
Nathaniel estaba a punto de comerse viva a su hija cuando la miró, pero se contuvo, porque era posible que su madre no estuviera de acuerdo con aquel romance, aunque sabía bien que no tenía porqué darle explicaciones de las mujeres con las que quería salir.
―¿Es verdad? ―preguntó su abuela.
―Sí, abuela, es verdad ―volvió a rectificarlo a pesar de la mirada que le dio su padre.
―Ya era hora. Tu padre y yo nos dimos cuenta en el cumpleaños de Felicity, habías cambiado de carácter y nos alegró saber que de a poco no estabas siendo tan malvado con tu hija.
―¿No estás enojada?
―Nate, tienes edad suficiente para hacer las cosas que quieras, incluso estar en pareja con la mujer que quieras, no soy de esas madres celosas que odian a sus nueras. No tienes que darme explicaciones, solo quiero que vuelvas a ser feliz y por lo visto ya eres feliz desde que conociste a Orquídea aunque no te hayas dado cuenta antes.
―Me cambió la vida y la manera de ver las cosas ―le dijo a su madre y luego la abrazó.
―Hay demasiadas personas aquí, solo una puede quedarse ―dijo la enfermera a cargo de la joven.
―Iré con la abuela abajo ―dijo la niña.
―Vamos, cariño ―le comentó tomándole la mano a su nieta y salieron.
―¿Tienes idea de cómo se encuentran sus vías respiratorias? ―le preguntó a la enfermera.
―El médico te dió el parte, tienen un leve chamuscado, que con tiempo se regenerarán y volverán a ser fuertes.
―¿Más o menos en cuánto tiempo?
―Si sigue así de estable y aceptó de buena manera los medicamentos, quizá en un mes el médico le dé el alta.
―¿Un mes? ¿Sedada? ―le preguntó sorprendido.
―Sí, recuerde que las vías respiratorias quemadas son un tema delicado, arden y duelen mucho, fue algo interno lo que le pasó, si hubiera sido exteriormente, era otra cosa, pero al haber inhalado el humo, prácticamente casi se las quema del todo, por eso cuestan sanarse y por eso tiene que estar como mínimo un mes, a no ser que el médico diga lo contrario.
―Comprendo, gracias por aclararme las dudas.
―No hay de qué, para eso estamos ―le dijo ella, terminando de aplicarle otro medicamento por vía intravenosa.
Una vez que la enfermera se fue de la sala, él se quedó sentado en el borde de la cama, sin hablarle, solo sujetándole la mano con el brazo libre. Cuando estuvo incómodo, se sentó en una silla, y a medida que pasaban los minutos, él se iba quedando dormido.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:25

Capítulo 29

Nathaniel se despertó ante la sacudida suave que le dieron en el hombro. Era el médico de Orquídea.
―Tranquilo, señor Colleman, no pasa nada que se haya quedado dormido en la silla.
―Lo siento, no tenía intenciones de hacerlo. ¿La revisó?
―No, lo haré ahora.
―¿Qué hora es?
―Van a ser las nueve de la noche.
―Es tarde, ni siquiera avisé a mi familia que fueran a la casa.
―Se quedaron en la sala de espera.
―Les avisaré que se vayan, yo me quedaré a la noche.
―En cuidados intensivos nadie puede quedarse. Está prohibido. Y no se preocupe, estará bien atendida durante la noche.
―Aunque no me gusta, lo obedeceré.
―Lo bien que haces, Nathaniel ―le dijo el médico dejando de lado la formalidad, ya que era un poco más grande que el hombre que estaba sentado en la silla―. Espero que no te moleste que te llame por tu nombre.
―No, para nada.
―Eres un hombre respetable y todos te llaman por tu apellido o señor, no quería atreverme a menos.
―No se preocupe, doctor. Me es indiferente cómo me llamen.
―De acuerdo. Volviendo al tema más importante, la señorita se encuentra estable, y si sigue así, sin rechazar ningún medicamento, podré darle de alta pronto.
―La enfermera a cargo de ella también, me ha dicho que quizá en un mes salga de aquí.
―Es verdad, un mes o poco más de un mes.
―Está bien, me dijo por el tema de las vías respiratorias.
―Así es. El proceso es doloroso, ya que es por donde pasa el aire, y antes que sufra, es preferible mantenerla por un mes o más, sedada. Es por su bien.
―¿Tendrá dificultades cuando despierte?
―No, para nada. Volverá a hacer la vida que tenía antes del incendio.
―Gracias. ¿A Thomas cuándo le dará el alta?
―En un par de días. Él no presenta secuelas. Si nadie hubiera pasado por ahí, desde hacía horas habría sido carbón.
―Me lo imagino ―le dijo Nate y le recorrió un escalofrío por la espalda.
―Y si sigue así, mañana la trasladaremos a una sala particular para que puedan estar el tiempo que quieran.
―Muchas gracias, doctor. ¿Y durante la noche?
―Podrá quedarse el que quiera estar con ella también. Pero solo una persona.
―De acuerdo.
De no haber sido por Orquídea y su manera de insistir, Thomas habría quedado calcinado, y aunque antes lo odiaba por ser un imbécil, ahora había resultado ser un hombre no tan diferente a él y solo actuaba de esa manera para llamar la atención y que alguien lo tomara en serio. Incluso él, sabía que el padre de Thomas viajaba constantemente y dejaba a su hijo para que cuidara sus casas, algo que el joven hacía pero que también, se metía en algunos problemas no tan graves y le gustaba sembrar cizañas y mentiras entre las personas para sentirse importante y que el pueblo hablara de él, y lo hacía solo porque el padre en realidad, no le prestaba la demasiada atención que se merecía, y lo tenía como si Thomas no sabría hacer nada productivo.
Y en parte, se sentía algo culpable por haber pensado seguir de largo y dejar que se incendiara y fue la caridad de Orquídea lo que hizo que fuera hacia atrás y condujera campo abierto hasta la casa de Thomas.
Después de todo, Orquídea lo había cambiado.
―Recomiendo que ya vayas a tu casa, mañana a la mañana podrás volver a verla.
―De acuerdo, me iré. Buenas noches.
―Buenas noches y hasta mañana.
―Hasta mañana ―le dijo Nate.
Cuando Nathaniel bajó a la sala de espera, su padre lo saludó y Ofelia también y les dijo que era mejor volver a la casa porque nadie podía quedarse con ella por la noche.
Cuando dejaron a Ofelia en su casa, y ellos fueron a la de Nate para cenar algo, luego de cenar, él se encerró en el despacho y prendió un puro mientras miraba hacia el ventanal el jardín trasero que estaba iluminado por faroles coloniales.
Unos pequeños golpes se escucharon detrás de la puerta y su hija entró al despacho.
―¿Papá? ―preguntó acercándose a él.
―¿Qué pasa? ―le dijo girándose de perfil para mirarla de reojo.
―¿Estás bien?
―Sí, solo necesitaba estar un rato a solas.
―Mañana no quiero ir a la escuela.
―¿No crees que es mejor distraerte después de lo que has pasado?
―¿Tú crees?
―Sí, si quieres, después de la escuela pasamos por el hospital.
―Apenas salgo, vamos, ¿no?
―Está bien, apenas te paso a buscar, nos vamos a verla.
―Me parece bien ―le dijo con una enorme sonrisa.
―Ve a dormir, cariño ―le contestó su padre acariciando sus mejillas.
―Bueno, estoy cansada ―le respondió.
―Lo sé. Que descanses, pimpollo ―le emitió abrazándola y dándole un beso en su coronilla.
―Gracias, tú también.
Tres días después de todo lo ocurrido, a Thomas el médico que estaba a cargo de él y Orquídea, le había dado el alta, y como agradecimiento de haberlo salvado, le llevó un ramo de flores a Orquídea. Se encontró con Nathaniel quien estaba leyendo el periódico.
―Buenos días, ¿cómo estás?
―Buen día, bien, ¿tú cómo te encuentras?
―Mejor, gracias. Arreglando de a poco la casa.
―Me parece bien.
―Si no te molesta, vengo a dejarle un ramo de flores como agradecimiento.
―No pasa nada, te lo agradezco, se lo dejaré sobre la mesa al lado de la cama ―le dijo Nate, tomando el ramo y poniéndolo en el florero con agua.
―Gracias, ¿cómo sigue?
―Estable y con pronóstico favorable.
―Me alegro de verdad.
―¿Tienes idea de lo que está pasando en el pueblo o lo que se dice?
―Todo está normal, solo saben que Orquídea ingresó al hospital por ayudarme, y si quieres saberlo, Geraldine estuvo merodeando por el pueblo y la ciudad también.
―Felicity me ha dicho antes que volvió a instalarse en su chalet.
―Sí, pero nadie la quiere aquí.
―Terminará quedándose sola.
―Nunca cambiará ―acotó Thomas.
―Las mujeres como ella, difícilmente cambian.
―Trata de que no se acerque a ella ―le dijo Thomas y Nathaniel frunció el ceño.
―Gracias por el consejo, intentaré quedarme lo más que pueda y si yo no puedo, pedirle a Ofelia o a mi madre que se queden con ella.
―Le harías un bien.
―Ya lo creo que sí. ¿Tu padre ha vuelto del viaje?
―No, recién la semana que viene llega.
―¿Sabe del incendio?
―No, si no tengo ningún problema en las demás casas, espero poder terminar de repararla antes de que llegue.
―O sea, no se lo dirás.
―No, no se lo diré.
―Se enterará por otros.
―No me interesa.
―¿Te llevas bien con él?
―No. Siempre creyó que era un bueno para nada.
―Lo eras, pero creo que desde el incendio has cambiado.
―Puede ser. Mi padre jamás me ha prestado atención, y yo siempre quise hacer las cosas que me pedía para agradarle, por como soy, la mayoría de las veces me dice que no soy su hijo.
―Tu padre es un hombre raro ―le comentó Nate.
―Siempre lo ha sido. Y prefiero que mantengamos una buena relación, antes que se vuelva todo tedioso entre ambos.
―Si es así, es mejor que se lleven bien, alejados y cada uno en lo suyo pero bien entre ustedes.
―Así es. En fin, te dejo tranquilo, nos vemos en algún otro momento ―le dijo Thomas.
―Hasta pronto, Thomas.
El joven hombre salió de la sala y Nate se acercó a Orquídea para darle un beso en la frente mientras le acariciaba el cabello.
―Eres preciosa, Orquídea. Y quisiera que abrieras pronto tus ojos.
Pronto se presentaron su madre y su hija.
―¿Hay alguna novedad? ―le preguntó Ellen.
―El médico ha dicho que está evolucionando bien pero lentamente.
―Eso es bueno ―le dijo su hija.
―Sí, solo que nadie se esperaba que fuera tanto tiempo para que se recupere.
―Por lo menos no tendrá secuelas ―expresó su madre.
―No, eso es bueno. ¿Ya han almorzado?
―Sí y te hemos traído café ―le dijo su madre sacando un termo y una taza del bolso.
―Gracias.
―¿Por qué no vas a casa? Nosotras nos quedaremos toda la tarde.
―Está bien, iré a darme una ducha, comeré algo y me echaré una siesta.
―Me parece bien ―le dijo su madre.
―A la noche las veo ―les dijo Nate.
―¿No quieres que me quede por ésta noche? ―le preguntó Ellen.
―Te lo agradezco, pero quiero quedarme yo. No te enojes ―le contestó su hijo.
―No pasa nada, lo entiendo, haría lo mismo en tu lugar ―le respondió con una cariñosa sonrisa.
Mientras que Nate se iba de la sala, Felicity y su abuela se quedaron sentadas en el largo sillón que daba contra la ventana, charlando y tomando una taza de té del otro termo que Ellen había llevado consigo junto con algunas galletas que tenía dentro de un pequeño frasco de plástico.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 14 Jun 2018, 08:28

Capítulo 30

El día siguiente, mientras la abuela de la niña y Felicity cuidaban de la niñera, Nate aprovechó en almorzar algo ligero y conducir hacia la casa incendiada de Thomas. Iba a ayudar en lo que podía.
Aparcó la camioneta frente a la casa y divisó a Thomas en el techo.
―Buenos días, ¿cómo sigues?
―Buen día, mejor, ¿y tú?
―Estoy bien, a la espera de que abra los ojos.
―¿Aún nada?
―No. El médico la encuentra muy bien, pero todavía no le quitó los sedantes.
―Es normal. Y es mejor que no se los quite aún. Me alegro que siga recuperándose.
―Gracias. ¿Quieres una mano con eso?
―Si gustas, me vendría bien.
―De acuerdo, ya subo ―le contestó Nate.
Ambos hombres estuvieron trabajando durante todo el día para refaccionar el techo de la casa. Y los dos se dieron cuenta que armaban un buen equipo juntos.
―Thomas, necesito a alguien que supervise los campos, la casa que tengo a las afueras y los cobertizos, ¿te gustaría el trabajo?
―¿De supervisor? ―le preguntó él incrédulo.
―Sí.
―Me vendría bien el trabajo, no por dinero sino para distraerme y hacer cosas productivas, Las Ramas a veces me aburre y me la paso casi todo el día yendo de una estancia a la otra sin hacer realmente nada.
―En mis campos, cobertizos y casa sí tendrías que hacer cosas aparte de dirigir a mis empleados. Serías más que un supervisor, te diría que serías como el capataz de esos lugares. ¿Qué te parece el trabajo?
―Me agrada y te lo agradezco mucho, Nathaniel.
―No hay de qué. Pasa mañana por casa, y hablaremos de los horarios y el pago.
―De acuerdo.
Nate y Thomas continuaron con la reparación del techo, hasta que quedó como nuevo, mañana sería otro día para hablar de trabajos, sueldos y seguir reparando la casa hasta quedar como nueva.
A lo largo de la semana, Nathaniel estuvo cuidando de Orquídea y ayudando a Thomas con la casa, el padre del segundo llegó de un largo viaje de negocios y se sorprendió con la nueva fachada de la estancia. Quizá después de todo, su hijo no era tan bueno para nada como él creía.
―Buenas tardes ―les dijo el hombre a los dos hombres que estaban en el porche de la casa sentados en el banco y bebiendo una cerveza.
―Buenas tardes, señor Krauss ―le respondió Nate.
―Buenas tardes, Colleman. ¿A qué se debe su grata visita?
―He venido a hablar con su hijo.
―El bueno para nada no creo que le sirva de mucho.
Nathaniel y Thomas se miraron.
―De hecho me sirve y mucho, le presento al capataz de mis propiedades, Thomas Krauss ―le respondió de lo más seco y serio Colleman.
―Supongo que debo felicitarte, ¿no, querido hijo?
―No me interesa si me felicitas o no, padre. Aparte de cuidar de tus propiedades, superviso las del señor Colleman, que por cierto ha resultado ser un hombre ejemplar.
Nathaniel jamás se habría esperado la declaración de Thomas frente a su padre, y se sintió reconfortado.
El hombre no les dijo más nada, simplemente entró a la casa y se llevó una sorpresa.
―¡¿Qué le pasó a mi casa?! ―gritó sorprendido y quizá gratamente.
―¿Te gusta? ―le preguntó su hijo―, le hice algunos cambios. Estaba muy aburrido del mismo decorado.
―No sé si me agrada aún, pero es impactante.
―Espero que te acostumbres, porque no me fue fácil y a mí realmente me agradó mucho cómo me quedó.
―Realmente te felicito.
―Gracias. ¿Volverás a irte? ―le preguntó.
―No, dentro de un mes y medio debo irme.
―Está bien.
―Antes que me olvide. Llegaron a mis oídos que hubo un incendio. ¿Qué pasó?
―Se incendió parte de una casa ―comentó Thomas.
Su padre cuando su hijo le dijo la noticia, ató cabos y lo miró directamente a los ojos.
―Ésta casa, por eso remodelaste.
―Sí, no voy a darte vueltas. Hubo un incendio en la planta baja, saltaron chispas de la leña encendida, a la alfombra y de a poco comenzó a quemarse hasta producir un incendio en masa.
―¿Tú no estabas?
―Sí, durmiendo una siesta en mi recámara.
―¿Cómo saliste?
―Empecé a sentir mucho calor, y para cuando bajé las escaleras por oler a quemado, una de las vigas del techo me dió en la cabeza y caí inconsciente en el piso. Orquídea y Nathaniel me auxiliaron.
―¿Quién es Orquídea?
―Mi pareja ―le respondió Nate.
―Ya recuerdo, Orquídea es la joven que vino buscando trabajo y usted la contrató para que sea la niñera de su hija.
―Sí, así es. Como le iba a decir, pasamos por aquí y cuando vimos el incendio fuimos a ver si había alguien dentro.
―¿Dónde se encuentra su pareja ahora?
―En el hospital ―le dijo su hijo―. Cuando él y ella entraron a la casa, su novia inhaló sin darse cuenta más humo del que debía, y en el proceso casi terminó quemándose las vías respiratorias.
―Espero que se recupere pronto ―le dijo a Colleman.
―Muchas gracias, señor Krauss. El médico a cargo dijo que pronto se recuperará.
―¿Y tú saliste gracias a Colleman?
―Sí, pero durante dos días tuve que quedarme en el hospital, reaccioné a las pocas horas, pero me dejaron dos días.
―¿Por qué no me avisaste?
―No ibas a hacer nada, y no creo tampoco que habrías venido a verme.
―Aunque pienses lo contrario, y que siempre te diga que no sabes hacer nada, eres mi hijo.
Thomas se calló la boca, porque no sabía qué responderle, porque a pesar de todo su padre tenía toda la razón del mundo. Era su hijo. Y él su padre.
Había pasado la mitad del mes y a pesar de que Orquídea continuaba mejorando, el médico seguía manteniéndola sedada, por precaución y por su bien también.
Una noche en el intermedio que Ellen y Felicity dejaron sola a Orquídea ya que Nathaniel iba de camino al hospital, se presentó en la habitación sin ser vista, Geraldine.
Con que tú eres la dichosa Orquídea D'Ore. Ni siquiera me haces sombra, puede que esté enamorado de ti, pero te olvidará fácilmente y yo terminaré quedándome con él ―pensó la mujer con una sonrisa de cinismo.
La mujer sujetó con sus manos el almohadón que había tomado del sillón que estaba dentro de la sala y se lo apoyó sobre el rostro, para luego hacer presión.
Un fuerte tirón de su cabello la tiró hacia atrás. Se le cayó el almohadón de las manos cuando comprobó que Nate la miraba de manera asesina. La persona que estaba en la penumbra la había descubierto. Ella abrió los ojos cuando supo de quién se trataba. Jamás se había esperado que llegara tan pronto y menos en la noche.
Colleman la arrastró hacia afuera de la sala, y pidió a una de las enfermeras que llamara a la policía.
―¿Qué haces? ―preguntó ella asustada.
―¿Encima tienes el descaro de preguntar qué hago? Estoy llamando a la policía.
―No tienes ninguna prueba en mi contra.
―El almohadón que dejaste tirado en el piso, dirá lo contrario, Geraldine.
Mientras Nate hablaba desde su teléfono móvil, la mujer intentó escaparse, pero él le retorció más el cabello desde la nuca. Nathaniel la odiaba desde cuando su hija le había confesado las cosas que le hacía cuando él no estaba en la casa, y su odio por ella se incrementó cuando vió que intentaba matar a Orquídea.
Dos policías llegaron al hospital, y se encontraron con Nate y Geraldine, éste le comentó lo sucedido y aunque ella protestó y gritó, se la llevaron en contra de su voluntad a la comisaría para ser encerrada por el momento, en una celda.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

PrevioSiguiente

Volver a Los foreros publican

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron

eXTReMe Tracker