Vientos de Cambio

¿Te gusta escribir? Publica aquí tus relatos, cuentos, poesías, dibujos,... para que todos los podamos disfrutar

Moderadores: sydneywell, garcialuci, Rosario Ramos

Re: Vientos de Cambio

Notapor nobbs el 17 Feb 2017, 10:08

Otro que se fue inmediatamente a Google a mirar que pinta tienen estas lindas flores.....Y vaya por dios, a ver que le pasado al bueno del señor Coleman, esto es un sin vivir, jajajaja siempre nos dejas con la miel en los labios, ya te vale ;)
.
Como siempre, un placer leerte, Silvina, muchísimas gracias, a la espera de la continuación :D
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2736
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 02 Mar 2018, 03:37

Vergüenza la mía que no volví a entrar más, mil disculpas.
Agradezco mucho sus comentarios, en cualquier momento vuelvo a retomar la novela para subirla.
Gracias por la paciencia.
Un beso grande.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 13 Mar 2018, 22:44

Capítulo 19

Por otro lado, en la casa de Ofelia, Felicity se quedó sentada en el sillón del comedor, muy preocupada, la mujer de mediana edad la miró desde la cocina, y se acercó a ella para sentarse a su lado.
―Tu papá debe de haberse quedado trabajando en los establos, cariño.
—¿Tú crees, Ofelia?
—Sí, claro que sí.
—¿Entonces, por qué no telefoneó a casa y avisó que iba a tardarse para que ninguna de las dos nos preocupáramos?
—A veces, tu padre es olvidadizo.
—Papá nunca lo fue, siempre fue puntual, y serio, y nunca así. Si se atrasó, fue por algo que le pasó.
—No pienses en esas cosas, Felicity.
—No puedo pensar en otra cosa, sabiendo que a papá lo pudo haber llegado a pasar algo -le respondió la niña y comenzó a llorar.
Ofelia, la abrazó para recargarla contra su hombro, y dejó que llorara tranquilamente, mientras le acariciaba el pelo.
Dentro del establo, Orquídea miró a las apuradas en cada compartimiento del lugar, y no lo encontró, salvo por un leve quejido que volvió a escuchar muy cerca de ahí.
Lo localizó, en el ante último habitáculo, desparramado en el heno, y completamente sudado.
El habitáculo tenía luz eléctrica, lo que hizo que Orquídea mirara con atención lo que había pasado. Cerca de él, yacía una serpiente muerta, y él estaba delirando de fiebre.
—¿Señor Colleman?
—¿Señorita? —le preguntó él, abriendo los ojos con lentitud y demasiado cansado para hablar—, váyase de aquí —le contestó con agitación en su voz.
—No lo dejaré aquí. Necesito llevarlo al hospital, o que vengan por usted. ¿Dónde lo ha picado? —le preguntó ella, y él intentaba con esfuerzo, mantener la calma y la sensatez—. Por favor, necesito que se concentre, y no se duerma. Dígame ¿dónde fue?
—En el muslo derecho.
—De acuerdo, ¿tiene consigo, cuchillo y tijera?
—En aquel morral —le señaló el hombre con mucha dificultad para levantar el brazo.
—Bien —le dijo y de inmediato fue a buscarlos— ¿tiene algo para esterilizar?
—Solamente alcohol —le dijo intentando pronunciar bien las palabras y ella revolvió el morral completo—, debería irse de aquí.
—Cállase —le contestó ella— ¿hace cuánto que lo picó?
—Calculo que hace muy poco, cinco minutos quizá.
—Le dolerá, pero es una de las únicas manera que tengo para frenar el veneno —le dijo.
La joven, cortó el jeans de su jefe con la tijera hasta el muslo y tiró de la tela con fuerza para poder airear la zona infectada.
Con un pedazo de tela del ruedo la camisa de la joven, le hizo un torniquete por arriba de la picadura, mientras que le hacía el torniquete, llamó al 911, lo cuál en unos segundos su llamada fue atendida, y pronto estarían enviando una ambulancia.
Cortó la llamada, y volvió a la tarea, le apretó con demasía la herida, hasta que sintió que se quejaba por la presión que le ejercía con fuerzas, y con el cuchillo, una vez que lo desinfectó, lo acercó a la herida, y le volvió a hablar.
—Esto dolerá, pero lo tengo que hacer —le dijo y sin perder tiempo, cortó la carne desde un poco más abajo del primer punto hasta más arriba del segundo punto rojo.
Nate gritó con desesperación al sentir su piel y carne ser cortada, pero lo soportó porque sabía que estaba en buenas manos.
—Lo sé, sé que duele mucho.
Sin ella decirle más nada, recordó lo que solían hacer en aquellos casos, extraer sangre y veneno al mismo tiempo con la boca.
Y así lo hizo, comenzó a succionar para luego escupir con constancia a medida que iba quitando sangre y veneno de la herida.
Su jefe la sujetó del brazo e intentó alejarla de la herida, para hablarle.
—Déjeme aquí, no puede estar haciendo esto —le dijo con una leve voz y enojado al mismo tiempo.
—No voy a dejarlo aquí solo, su hija lo necesita.
—Váyase de aquí, cásese con Thomas o con alguien mejor, y cuide de mi hija.
—No vuelva a decirme una cosa así jamás, señor Colleman. De Thomas ni me lo tendría que nombrar, no es hombre para casarse, y tampoco tengo intenciones de encontrar a alguien más.
La muchacha terminó gritándole aquellas palabras, y dejó de persuadirla para que se fuera. Orquídea siguió con lo que había dejado hacía escasos segundos atrás, y luego de estar succionando su muslo infectado por escasos minutos más, ella fue de inmediato a darle un poco de agua fresca.
El hombre, estaba sudando a borbotones, y necesitaba hidratación urgente.
Llenó de agua un tazón de aluminio y se lo llevó a las corridas, ella se puso detrás de él, se arrodilló, y le apoyó la cabeza contra su pecho, para que pudiera beber agua sin problemas y tranquilamente.
—Bébase un poco de agua, señor.
—Gracias —le dijo, y la joven le sostuvo el tazón con una mano.
Con la mano libre, secó su frente sudada, y esperó a que llegara la ambulancia. Ni habían pasado, a su parecer, cinco minutos en los cuáles, ella vio luces fuera del establo a través de la enorme ventana y puertas que se cerraban.
Dos médicos, entraron al lugar, y cuando preguntaron en dónde se encontraban,la joven, les gritó. Corrieron hacia las dos personas, y divisaron a un hombre moribundo y a una joven que lo sostenía.
Examinaron a Nate, y en segundos, prepararon todo para trasladarlo al hospital.
Menos de quince minutos después, Nathaniel estaba siendo ingresado, a cuidados intensivos.
Orquídea se quedó en la sala de espera, para llenar los papeles del ingreso y entregárselos a la enfermera a cargo, y luego aprovechó para llamar a la casa de Ofelia, para comentarle sobre la situación.
En el segundo tono, la mujer atendió el teléfono y supo que era la muchacha.
—¿Lo has encontrado?
—Sí, no le digas nada a Felicity, dile que me quedé con él, porque uno de sus caballos necesitaba atención.
—¿Qué ha pasado, Orquídea?
—Ha sido picado por una serpiente, lo acaban de ingresar al hospital, luego se lo comunicaré a la niña.
—De acuerdo, la tranquilizaré y la haré dormir.
—Muchas gracias, Ofelia.
Orquídea cortó la llamada, y una enfermera se acercó a ella para revisarla.
—Necesito hacerte unos análisis, y algunas cosas más, por lo que ha sucedido.
—De acuerdo. No tengo problema.
Hizo pasar a la joven a una sala, y la examinó. Le lavó y desinfectó toda su boca, por dentro y por fuera.
La hizo recostar en la camilla, y examinó de pies a cabeza por si le había quedado a ella, algún resto de veneno.
Media hora después, la enfermera le dio unos medicamentos que tuvo que tomarlos.
—¿Cómo está? —preguntó la joven a la enfermera.
—Se encuentra estable, pero muy deshidratado.
—¿Podré verlo?
—No hasta que te tomes lo que te estoy dando.
—De acuerdo, gracias —le dijo ella y tomó los medicamentos que le entregó en las manos.
—De nada, primer piso, habitación 502.
—Muchas gracias —le volvió a contestar la joven.
—No hay de qué, quédate el tiempo que quieras, pero no lo despiertes, deja que se despierte solo.
—Está bien, ¿hace mucho que lo conoces? —le volvió a preguntar Orquídea por simple curiosidad.
—Toda la pequeña ciudad conoce al señor Colleman, es estricto, y correcto, pero a veces tiene un humor de perros, lo que necesita ese hombre es una mujer que lo dome, tú eres la niñera de su hija, supimos de ti apenas llegaste al pueblo.
—¿Sí? —le inquirió la muchacha sumamente sorprendida.
—Sí, aquí todo el mundo conoce a todo el mundo, si vienes con buenas intenciones, te damos la bienvenida, y si vienes a joder, te jodemos, no lo digo por ti, pero hubo personas que llegaron a molestar en el pueblo y en la pequeña ciudad, tú eres encantadora, sobre todo con su hija, y ese hombre te estará agradecido de por vida con lo que le has hecho.
—Es mi jefe, y su hija lo necesita, no podría haber hecho otra cosa más que eso.
—Sí, seguro, tu jefe —le respondió con una reveladora sonrisa—, una vez que ayudas al lobo, éste se amansa y te sigue hasta el fin del mundo.
—¿Esa es una frase?
—Digamos que la acabo de inventar, el señor Colleman jamás dejó que nadie lo ayude, y las personas que lo ayudaron en su momento, mantienen una amistad inquebrantable y un lazo invisible para siempre, ahora ve arriba.
Orquídea se encaminó hacia el elevador y entró, para luego marcar el primer piso. Una vez que llegó, fue hacia la habitación 502.
Entró muy despacio y en silencio, cerró la puerta, y se sentó en la silla que estaba cerca de la cama. Por un momento se quedó dormida, pero luego de despabilarse, su mente comenzó a pensar en cómo era posible que su jefe le dijera semejante disparate sobre Thomas. Lo asoció solamente a que estaba delirando por quizá el escaso veneno que aún tenía en su sistema.
Ésta vez apoyó su cabeza sobre el colchón, quedándose dormida por completo a los pies de la cama.
La posición era muy incómoda, pero con el cansancio que tenía encima, Orquídea, no se percató de absolutamente nada.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor nobbs el 18 Mar 2018, 20:02

Holita Silvina, muchas gracias por reanudar las aventuras y desventuras de la señorita Orquídea y familia Colleman, un placer leerte de nuevo. A ver que le deparan estos nuevos tiempos al bueno del señor Colleman, parece que le ha ido de poco, esperemos que se recupere....a la espera del siguiente capítulo ;)
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2736
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 04 Jun 2018, 00:48

Hola Nobbs, muchas gracias por tu comentario, vamos a ver cómo siguen las cosas entre ellos. Un beso. :)
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 04 Jun 2018, 00:48

Capítulo 20

Nate se despertó a primera hora de la mañana, cuando el sol despuntaba. Vio dormir a la niñera en una terrible posición con la cabeza apoyada en la cama. Pero el pitido del teléfono móvil, la despertó de su sueño de forma brusca.
Lo atendió sin darse cuenta que él ya se había despertado.
—Felicity está impaciente, quiere saber dónde está su padre —comentó Ofelia.
—Tráela, su padre ya está bien —le contestó Orquídea casi en un susurro, para no despertar a Nathaniel.
—Perfecto, prepararé a la niña, hasta luego.
—Está bien, hasta luego, nos vemos pronto —le dijo y cortó la llamada, metió nuevamente el móvil en el bolsillo del abrigo, y escuchó una voz profunda y masculina.
—Buenos días.
—Buenos días, perdón por haberlo despertado, señor.
—Hace un rato me desperté, ¿mi hija no sabe que estoy aquí?
—No, yo preferí no decirle nada, pero en un rato estará aquí, la traerá Ofelia.
—De acuerdo —le dijo.
—¿Cómo se siente?
—Mejor, pero me siento cansado y con sed.
—Le daré un poco de agua —le dijo y vertió un poco de agua mineral de la jarra dentro de un vaso mediano de vidrio—, tome, beba despacio —le expresó, pero éste último hizo oídos sordos—, le dije despacio —le contestó reprendiéndolo.
—Lo siento, tenía sed —le dijo sonriéndole con aquella sonrisa cautivadora de dientes blancos y fuertes, y sonrieron aquellos ojos enigmáticos también.
—Buen día —les dijo el médico.
—Buen día —le dijeron los dos.
—¿Cómo se encuentra, señor Colleman?
—Mucho mejor, gracias, ¿cuándo me darán el alta?
—Si se queda quieto, mañana por la mañana, de lo contrario, lo dejaremos aquí dentro lo que resta de semana.
—No me causa ninguna gracia, tengo cosas que hacer.
—Yo también, y es preferible que acate mis ordenes.
—De acuerdo, muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí, le estaré por siempre agradecido.
—A la única que tiene que agradecerle es a su empleada, si ella no hubiera frenado el veneno todo sería distinto, a propósito, ¿dónde aprendió a hacer esa clase de torniquete? —le preguntó el médico a la joven con suma intriga y curiosidad.
—En el campo, cuando se está demasiado lejos para llegar al hospital, suelen practicar ese tipo de cosas, es lo más certero en ciertas circunstancias.
—¿Y el extraer el veneno con su boca?
—Suelen emplear ese método cuando no hay una sala de primeros auxilios cerca. Nunca lo había hecho antes, y lo supe cuando lo escuché a mi padre contarlo a raíz de un amigo suyo que tuvo una picadura también.
—La felicito, en serio.
—Muchas gracias, doctor.
—No hay de qué, en fin, luego volveré, hasta pronto.
—Hasta pronto, doctor —le dijeron al unísono.
Unos minutos después, llegaron su hija y Ofelia.
—¡Papá! —gritó su hija y fue corriendo hacia la cama.
—Hola, pimpollo —le dijo sonriéndole y la niña sonrió también.
Felicity, con agilidad, se subió a la cama para estar al lado de su padre.
—¿Qué te pasó en verdad? Ofelia me dijo que tuviste un problema con uno de los caballos, pero sabes bien que intuyo cuando alguien miente, así qué, quiero la verdad. No soy una niña ya.
—En realidad, no fue el caballo si no una serpiente.
—Ya veo... ¿ahora estás bien?
—Sí, ahora sí estoy bien, cariño —le dijo su padre, sonriéndole.
—Con habérmelo dicho de un principio, no hubiera pasado nada —contestó mirando a Ofelia.
—Tu padre no estaba bien cuando anoche llamó Orquídea. No queríamos preocuparte.
—Lo sé, pero soy su hija, y tengo derecho a saberlo, sea bueno o malo. Lo bueno, es que Orquídea pudo traerlo a tiempo.
—Orquídea hizo mucho más que eso, Felicity —le respondió su padre—. Me salvó. Impidió que el veneno se extendiera por el cuerpo.
—¿Cómo? —preguntó mirando a su padre muy intrigada y confusa.
—Extrajo sangre y veneno con su boca, mediante un tajo que le tuvo que hacer al muslo que tenía la picadura.
—Eso es muy arriesgado.
—Sí, lo fue, se arriesgó demasiado.
—¿Y ni te das una idea del por qué se arriesgó de esa manera? —le preguntó su hija mirándolo con atención a sus ojos.
—No, ¿por qué?
—Es obvio que gusta de ti, papá.
—Tonterías, hija, me dijo que lo tenía que hacer porque no iba a dejarte sin padre.
—¿Y tú le creíste? —le preguntó redundando la verdad.
—Sí, le creí, porque no está en mis planes volver a tener algo con una mujer.
—Yo quiero que seas feliz, papá.
—Y lo soy contigo, pimpollo.
—Lo sé, pero quiero tener una mamá también. Y Orquídea es perfecta para ese papel.
—No puedes obligar a nadie a que sea tu madre, y menos a una niñera.
Felicity quedó un poco dolida por las palabras empleadas por su padre, pero aún así, entendió que no todo iba a ser como ella quería.
—¿Y Orqui? —preguntó la niña.
—Ha ido fuera apenas entraste, cariño —le dijo Ofelia.
—¿Por qué?
—Supongo que no ha querido molestar, es educada y ubicada —comentó Nate.
—Antes no decía lo mismo —acotó Ofelia.
—Sí, es verdad, antes no pensaba lo mismo, pero hace tiempo que me di cuenta que es diferente, y tiene muchos valores.
—Ya veo... —volvió a decir la mujer, de manera intuitiva—. A usted le gusta la joven y no puede negármelo, señor.
—Yo no he dicho eso, Ofelia.
—Se cae de maduro su actitud frente a ella, las cosas que dice de ella, y cómo reacciona cuando la mira. Parece un completo adolescente y no lo culpo ni mucho menos estoy en contra de que usted tenga una mujer, porque es lo que necesita, una mujer a su lado. Hace años que no ha vuelto a salir con nadie, ¿no cree que se tendría que dar una oportunidad?
—¿Tú crees? Creo que ya he olvidado lo que es amar y ser amado.
—Ahí fuera tiene la oportunidad de descubrirlo nuevamente.
—Creo que me lo pensaré, gracias, Ofelia.
—De nada, señor.
—Iré fuera con Orquídea —comentó Felicity.
Una vez que su hija salió de la habitación, volvió a comentarle algo más a la mujer de mediana edad.
—La orquídea es cara e inalcanzable.
—No lo creo así, si Felicity le estuvo diciendo esas cosas, entonces se lo tendría que pensar mejor, señor. Por algo se lo dijo su hija.
—En el momento de mayor delirio por el veneno, le he dicho que se casara con Thomas o con el hombre que llegara a conocer.
—¿Eso le ha dicho? —le preguntó Ofelia abriendo sus ojos con asombro.
—Sí, eso mismo le he dicho. Un idiota, ¿verdad?
—Usted mismo se lo ha dicho, aunque lo pensé.
—Me lo suponía, supongo que cometí un error en decirle esas cosas, ¿no?
—Ya lo creo que sí, señor. Ese papanatas de Thomas no vale un céntimo como hombre, incluso usted mismo lo vio cuando intentó propasarse con ella en el festival y no creo que quiera que un cerdo como él se quede con Orquídea.
—No, claro que no lo quiero.
—Pues, entonces, no diga más esas cosas. Porque no le hace ninguna gracia a ella.
—Supongo que lo tengo que saber.
—Sí, ya lo tendría que saber bien, señor Colleman. Lo que tengo que comentarle es otra cosa, pero tiene que ver con Thomas.
—¿Qué pasó con él?
—Está desparramando el rumor de que Orquídea no es decente, y que le fue fácil desflorarla.
—Es una lástima que nadie haya presenciado la manera en cómo se propasaba él con ella.
—Usted la defendió de él y creo que tendría que hacer algo al respecto, no puede quedarse de brazos cruzados mientras ese sinvergüenza continúa diciendo esas sartas de mentiras.
—¿Qué quieres que haga, Ofelia? ¿Qué podría hacer?
—Decídase por ella y confiésele que la quiere, es la única manera que hay para que Thomas deje de mentir.
—Me siento seco por dentro.
—No es sequedad lo que siente, es cobardía más que nada. No quiere arriesgarse por miedo.
—No tengo miedo.
—Sí, lo tiene, tiene miedo de saber que Orquídea lo rechazará, pero una persona no se arriesga tanto en intentar salvar a la otra persona sino siente algo más que amistad por ella.
La muchacha volvió con Felicity de la mano, y le dijo a Ofelia que podía ir a almorzar tranquila, mientras ella se quedaba con la niña.
La mujer saludó a su jefe, y le entregó un bolso a Orquídea con ropa y cosas personales.
—Gracias —le respondió la joven.
—Por la tarde vendré a verlo.
—Está bien. Hasta pronto.
La señora se retiró de la habitación, y mientras la niña se quedaba con su padre, la joven aprovechó aquel momento para entrar al baño y vestirse.
Dentro del bolso había ropa interior, una camisa holgada, un jeans y zapatos bajos, y luego de vestirse se cepilló el pelo y lavó los dientes.
Pronto salió del baño y se sentó en un sillón individual y tomó una revista que estaba sobre la mesa redonda de al lado, solo para no molestar en la conversación de ambos.
Dos horas después, una enfermera entró para darle el desayuno.
—No pasa más la hora —le comentó Nate a la mujer.
—Tenga paciencia, señor Colleman.
—¿No puedo irme ya? —le preguntó con sumo interés.
—Sabe bien usted que no puede irse aún.
—Eso me temía, ¿ni siquiera darme el alta a la noche?
—Sabe perfectamente bien también, que no damos el alta por las noches, señor Colleman.
—Por lo menos pregunté igual.
—Desayune tranquilo, luego vendré a retirar las cosas sucias.
—Denle un desayuno a la señorita también.
—Sí, señor.
—No se moleste por mí.
—Tiene que comer de todas maneras, señorita.
Unos minutos después la enfermera volvió a entrar nuevamente al cuarto. Se acercó a ella, y dejó la bandeja con el desayuno sobre su regazo.
—Gracias, pero no debías molestarte.
—Orden del señor Colleman.
—Ni en cama deja de dar ordenes.
—La escuché, señorita.
—No me importa.
—Volveré luego —dijo la enfermera mientras se reía por la discusión que ambos mantenían y se fue de allí.
Él terminó de desayunar y le habló.
—Necesito ir al baño.
—Si me espera un minuto, lo ayudo a pararse.
Se acercó a él, y lo ayudó a levantarse de la cama.
—Siéntese primero y luego vaya levantándose de a poco, señor, ¿se siente mareado?
—No, en lo absoluto.
—De acuerdo, ¿puede solo entonces?
—Creo que sí.
Se levantó muy despacio del borde de la cama y se pudo sostener en pie.
—La herida me duele.
—Se la tuvieron que coser, el corte que le hice fue profundo —le dijo ella.
—Eso es lo de menos.
Caminó muy despacio hasta el baño, sujetándose la parte trasera de la bata, ya que solamente estaba ataba por tres cintas a lo largo de su ancha espalda y porque también estaba desnudo completamente.
Unos minutos después, salió del baño, y volvió despacio a la cama.
Tiempo más tarde, la enfermera se llevó los desayunos.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 04 Jun 2018, 01:52

Capítulo 21

Todo el día fue muy monótono y rutinario, Ofelia volvió a la tarde-noche, y le dijo que se llevara a la niña a la casa para que también ella se diera una ducha y comiera algo.
—De acuerdo, pero luego volveré.
—No volverá, no quiero verla aquí hasta mañana por la mañana, señorita, debe descansar y mi hija también.
—Tiene que quedarse alguien más con usted, no puede quedarse solo.
—Me las arreglaré como pueda, no se preocupe tanto por mí.
—No quiero irme de tu lado, papá —le dijo sollozando la niña.
—Mañana bien temprano estaré nuevamente en casa, pimpollo.
—Está bien, te quiero mucho.
—Yo también te quiero mucho, pichona —le dijo muy tierno y le dio un beso en su frente.
Orquídea les dijo hasta mañana, y se llevó a Felicity con ella. Una vez que llegaron a la casa, le preparó la cena, y las dos se dispusieron a cenar y cuando fue la hora de irse a dormir, la niña fue a la habitación de su padre y tomó la almohada del lado donde dormía su padre. Se la llevó junto con ella a su cama, y apoyó la cabeza sobre aquella almohada que desprendía perfume masculino.
La niñera le dio un beso en sus dos mejillas apenas la arropó, y le deseó las buenas noches.
—Quédate conmigo, por favor —le dijo sujetando su dedo índice.
—De acuerdo, pero enseguida vuelvo, necesito ponerme algo más cómodo, cariño.
—Está bien, Orqui.
Unos tres minutos después, volvió a entrar al cuarto de la niña, y se metió en su cama. La abrazó por su cintura, y de por medio estaba su almohada, a la joven le incomodaba en cierta forma tener que dormir con la almohada de su jefe, su olor la envolvía y la intimidaba a la misma vez. La niña se quedó completamente dormida y ella también. Ya por la mañana bien temprano, sonó su teléfono móvil, atendió la llamada y contestó.
—¿Orquídea? Habla la enfermera que te atendió ayer a la madrugada.
—Sí, habla ella misma ¿cómo estás?
—Muy bien ¿y tú? ¿Te estás tomando los medicamentos que te di?
—Sí, gracias.
—De nada, será mejor que vengas para que el médico le dé el alta al señor, ya no quiere quedarse más aquí dentro.
—De acuerdo, en unos cuarenta minutos estaremos allí, tengo que despertar a su hija todavía ¿qué hora es ya?
—Las siete.
—Está bien, en un rato dile que estaremos allí ¿la señora se ha ido?
—Perfecto entonces, sí, él le dijo que se fuera a su casa, como ya lo sabrás, es auto suficiente para todo, en fin, hasta luego.
—Hasta luego y gracias por llamar.
—De nada, para eso estamos.
Cortaron las llamadas y dejó a la niña dormir más tiempo de lo posible, prefirió darse una ducha nuevamente y vestirse ella primero y luego la niña.
Se puso un jeans de color tostado claro, y una remera de mangas largas grande. No le gustaba mostrarse con ropa ajustada.
Se puso un saco grande en color marrón, y tenía ganas de ponerse las botas nuevas de taco alto que se había comprado con los ahorros de varios meses. Tomó un bolso que también se había comprado, y como no iba a atreverse a entrar a su cuarto para buscarle ropa limpia, decidió plancharle un jeans y una remera de mangas largas y cuello alto que Ofelia había sacado el día anterior y las había dejado dentro del canasto de la ropa limpia.
Una vez listo todo, metió aquella ropa dentro del bolso, junto con un bóxer limpio también, el cuál le planchó también. La niña se despertó sola, y entró donde ella estaba.
—¿Ya te has despertado, linda?
—¿Ya vamos a buscar a papá?
—Sí, tesoro.
—¿Puedo ponerme el vestido nuevo?
—Puedes ponerte lo que quieras, Felicity.
—¿Y esas botas? Son hermosas.
—Gracias.
—Me gusta el color ¿son tuyas?
—Sí, me las compré hace poco.
—¿Te las estrenas para mi papá? —le preguntó indirectamente y con una pícara sonrisa.
—No, vamos a darte una ducha, linda.
—Ufa, pensé que te las habías estrenado para él, hubiera sido grandioso —le dijo,mientras era conducida por su niñera hacia el cuarto de baño.
Un poco más de cuarenta minutos después, llegaron al hospital, y la enfermera que la había atendido, apenas la vio, fue casi corriendo a su encuentro.
—Al fin llegas, está aullando como un lobo hace más de media hora, ladra a todo el que entra a la habitación.
—Ahora iremos, gracias.
—De acuerdo y de nada.
Subieron ambas por el elevador, y apenas salieron del ascensor, caminaron hacia el cuarto.
—Al fin llega —le dijo él malhumorado.
—Sí, y ya puede dejar de ladrarle a los demás, señor Colleman.
—Veo que la mantienen al tanto de mí, señorita —le dijo y la niña le dio un beso en su mejilla cuando se subió a la cama y lo abrazó por su cuello.
—Sí, me dijo la enfermera que estuvo aullando como un lobo y ladrando también, porque ya se quería ir.
—Ya son casi las nueve dela mañana, y me dijeron que hoy me iban a dar el alta y todavía lo sigo esperando.
—Le dijeron que por la mañana de hoy se la iban a dar, eso quiere decir que hasta las doce del mediodía es por la mañana, así qué, tendrá que aguantársela, señor, su hija tenía que desayunar -le dijo y se quedó callado.
—Buenos días —les dijo el médico entrando a la habitación.
—Buen día le contestaron los tres.
—¿Listo para irse a su casa, señor Colleman?
—Desde hace tres horas que me quiero ir.
—De acuerdo, de acuerdo ¿firma usted o la señorita?
—Firmo yo.
—Bueno, aquí tiene.
—Gracias —le dijo entregándole los papeles.
—De nada, tendría que decirle que por lo menos dos días más, lo haga de reposo, pero eso es como hablarle a un adoquín.
—No se preocupe doctor, haré que repose por dos días.
—De acuerdo entonces, buenos días.
—Buenos días y muchísimas gracias por todo —le contestó Nathaniel.
El médico se fue, y Orquídea le volvió a hablar.
—Aquí tiene ropa limpia, no sé si se quiere vestir directamente o prefiere darse una ducha aquí.
—Me daré una ducha, gracias.
—De nada, señor.
La muchacha, sacó la ropa de su jefe del bolso de ella, y se la puso a los pies de la cama. Él se levantó, muy despacio, y tomó la ropa de vestir y la ropa interior también, y luego entró al baño en cuestión de segundos.
Orquídea se quedó con su hija, a esperarlo mientras ambas charlaban.
Unos veinte minutos después, salió vestido con lo que la joven le había traído y con un par de zapatillas que Felicity sacó de su armario. Nate por otro lado, lo único que pudo ver, ya que le llamaron la atención, fueron las botas de la niñera.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor nobbs el 05 Jun 2018, 19:29

Gracias a ti, Silvina, encantado de seguir las andazas de nuestros protagonistas :D

Pues parece que ya se encuentra mejor este hombre, válgame, que poquita paciencia que tiene, lo veía yo más calmado y fíjate, Dios mio, dame paciencia, pero dámela ya :lol:

Y bueno, a la espera que el señor Colleman se arme de valor y se declare a Orquidea :mrgreen:

Besotes, un placer volver a leerte en el foro
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2736
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:25

De nada y te lo agradezco mucho por encantarte las andanzas de la pareja. :)
Nate se encuentra mejor pero la paciencia no la tiene para nada jajaja.
Esperemos que se arme de valor para decirle algo a Orquídea.
Pronto subo nuevos capítulos, en total 4. ;)
Gracias por leer.
Última edición por SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:38, editado 2 veces en total
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 07 Jun 2018, 22:28

Capítulo 22

Orquídea se percató de que su jefe estaba mirando con fijeza sus botas por lo que ella carraspeó para que dejara de mirarlas.
—Me gusta la mujer con tacos altos y a usted le quedan muy bien, señorita.
—Supongo que gracias, señor.
—¿Nos vamos a casa? —preguntó Felicity.
—Sí, preciosa. Ya nos vamos a casa —le dijo su padre—. Deme las llaves de la camioneta.
—¿Piensa manejar? —le preguntó la joven con asombro.
—Sí, tengo una pequeña sutura en el muslo, nada más.
—Está bien entonces —le dijo Orquídea y le entregó las llaves de la camioneta.
Saludaron a las personas que los habían atendido, se lo merecían ya que los habían atendido muy bien, y salieron del hospital. Felicity se subió al asiento trasero y se colocó el cinturón de seguridad. La muchacha pronto puso el pie en el escalón de la parte trasera para acompañar a la niña, pero su jefe le habló.
—¿No piensa subirse como acompañante?
—Había pensado en quedarme con su hija.
—No seas así con mi padre, y ve tranquila —le contestó Felicity por lo bajo mientras sonreía y miraba con atención a su niñera y le subía y bajaba las cejas.
Orquídea frunció el ceño sin dejar de mirarla, y quedándose con un interrogante por ver cómo subían y bajaban las cejas de la nena. Ni siquiera intentó preguntarle por el motivo que Felicity hacía esa clase de muecas, solo bajó el pie de donde lo tenía y se dirigió al asiento del copiloto.
—Suba tranquila, no muerdo, señorita D'Ore.
—Supongo que no —le respondió tragando saliva.
—¿A qué se debe el cambio drástico en su calzado? —le preguntó con suma curiosidad.
—A nada en especial, las botas estaban de oferta, me gustaron, me calzaron bien y me las compré.
—Le quedan muy bien, solo pensé que se las había estrenado porque hoy me daban el alta.
—Es mi patrón ¿por qué habría de estrenarme un par de botas a raíz de que usted salía del hospital?
—Buen punto, señorita. Tiene toda la razón.
El hombre, se sintió resignado por dentro, haber escuchado aquellas palabras era como haber perdido la esperanza de tener algo más con su niñera.
Nate sintió un leve tirón en su muslo cuando apretó el acelerador, y apretó los dientes sin que se diera cuenta la niñera.
Como pudo, comenzó a conducir hacia la casa en el campo, a las afueras de Grand Forks, Carolina del Norte.
Felicity durante toda la mañana fue de un lado hacia el otro, siendo servicial con su padre, ya que apenas habían llegado a la casa, quiso recostarse.
Antes del mediodía llegó Ofelia, saludó a la joven y a la niña y preparó el almuerzo cuando ambas le dijeron que Nate estaba en su habitación.
Todo el día y parte de la noche hasta antes de dormir, había sido normal, y yendo desde la cocina hasta la habitación de Nate, para servirle.
Al día siguiente, Nate desayunó con las tres mujeres, ya que le pidió a Ofelia que se quedara con ellos como muestra de agradecimiento también.
Una vez que terminaron de desayunar, el hombre tuvo la brillante idea de ir nuevamente al campo para ver a sus empleados que estaban trabajando en los establos, las cosechas y las granjas.
Felicity le dió un beso en su mejilla y fue a su cuarto para hacer la tarea, y Ofelia se quedó en la cocina a terminar de limpiar todo.
Orquídea lo siguió hasta la entrada de la casa para decirle que no fuera al campo.
—Yo que usted me quedaría un día más dentro de la casa, recién ayer a la mañana salió del hospital, señor.
—Tengo muchas cosas que dejé pendientes, no puedo darme el lujo de descansar.
—Tiene trabajando a sus empleados como usted se los ordenó por teléfono ayer, y estoy segura que saben hacer excelente el trabajo.
—Sí, pero no es lo mismo, señorita.
—Y lo entiendo, pero es preferible que se quede un día más en la casa con su hija, puede ir a caminar por los alrededores con ella si gusta, pero no saldrá de aquí bajo ningún término —le dijo y se plantó frente a la puerta principal.
—Mire usted, no es mi esposa como para que me esté controlando y ordenando cosas, señorita, y antes que decirme a mí las cosas, vaya a aclarar las cosas con Thomas, que tenga buen día.
—No tengo que aclarar con él porque ya le dejé bien claro las cosas, no me interesa el hombre y mucho menos con lo que intentó hacerme la noche del festival, mismo, la noche que lo encontré en el establo, le dije bien que no me tenía por qué decirme esas cosas con respecto a Thomas, porque no me interesa. Supuse que lo había escuchado, y cuando se calló apenas se lo comenté, me confirmó que lo escuchó.
—No recuerdo las palabras que me dijo —le respondió esquivando su comentario.
—No se haga el idiota, conmigo.
—¿Me llama idiota? No creí que se tomara tantas atribuciones conmigo.
—Sí, lo llamo así porque sabe bien que Thomas es un bueno para nada, y esa clase de hombres no me agradan en lo absoluto. Por otra parte, si se cae y se golpea, o se fractura algún hueso, yo no lo ayudaré, señor. Gracias por los buenos días, igualmente para usted también —le respondió sarcásticamente.
Durante todo el día la joven se sintió incómoda y molesta por la discusión con su jefe, ella no tenía ningún derecho sobre él y no tenía por qué insultarlo como lo había hecho.
En la cena, nadie hablaba y Felicity fue la que rompió la tensión de aquel momento.
—¿Hubo pelea? —les preguntó curiosa—, apuesto a que sí la hubo, parecen un matrimonio —les volvió a decir y la niñera se ahogó con la gaseosa—, no es para tanto, Orqui.
—Lo siento, Felicity —le contestó con un hilo de voz, e intentando normalizar el habla con la tos que comenzó a tener.
—Felicity, no incomodes a tu niñera.
—No pasa nada, creo que se merece una disculpa por el altercado que tuvimos hoy a la mañana y por haberlo insultado, señor.
—No se preocupe, señorita. Creo que la tenía merecida, ustedes se preocupan por mí y yo no les hago caso.
—En todo caso, tendría que hacerle caso solamente a su hija que es una de las dueñas de la casa.
—Tú puedes opinar también, Orquídea —le dijo la niña.
—Gracias, cariño, pero solamente soy tu niñera y tu padre tenía razón, no soy quién para decirle las cosas que le dije hoy a la mañana.
Orquídea levantó su plato, su vaso y utensilios y los llevó a la cocina, ya que había terminado de cenar.
—Creo que me retiraré a dormir, Felicity ¿podrás hacer las cosas sola, por hoy?
—Claro que sí, Orqui.
—De acuerdo, gracias —le contestó ella, sonriéndole—, buenas noches.
—Buenas noches —le respondieron ambos.
Una vez que la niña escuchó la puerta del cuarto de su niñera cerrarse, ésta miró fijamente a su padre.
—¿Por qué me miras así?
—¿En serio discutiste con ella por eso? Ay papá, en vez de acercarte más a ella, la estás alejando.
—No pude contenerme, me abordó de una manera que terminé ladrándole.
—¿Cuándo no? Ella se preocupa mucho por ti.
—Lo sé, la próxima vez trataré de hablarle tranquilo y sin levantarle la voz.
—Eso espero, papá. Tú mismo sabes que te gusta, no puedes ser tan bruto con ella.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 92
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

PrevioSiguiente

Volver a Los foreros publican

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: SilvinaBSB y 1 invitado


eXTReMe Tracker