Vientos de Cambio | COMPLETA

¿Te gusta escribir? Publica aquí tus relatos, cuentos, poesías, dibujos,... para que todos los podamos disfrutar

Moderadores: sydneywell, garcialuci, Rosario Ramos

Re: Vientos de Cambio

Notapor nobbs el 19 Jun 2018, 20:18

:shock: Vaya con Geraldine, cualquiera le deja que te ahueque la almohada :lol:

¿Sabes? me hiciste reir con la escena de Ofelia metiendose entre pecho y espalda ese copazo de coñac para celebrar el emparejamiento de la feliz pareja :D

Lo que no me esperaba es ese giro de 180 grados de Thomas, en fin, seguro que saber que le ha venido de poco hace cambiar al más pintado.

Y ahorita a esperar que se recupere nuestra heroína :D


Besote
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2772
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 09:37

Geraldine es capaz de cualquier cosa, esperemos que Nate haga algo al respecto. Y Ofelia es espontánea también como Felicity, no le importa nada y dice cosas que son para reírse también.
Pronto subiré los últimos capítulos, gracias por leerlos. :)
Un beso.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 10:45

Capítulo 31

Nathaniel entró a la habitación del hospital, y tomó el almohadón que yacía en el piso para colocarlo sobre el sillón. Miró a Orquídea que seguía durmiendo con tranquilidad. Desde hacía semanas, semanas ya incontables que continuaba así de quieta y solo esperaba que en algún inesperado momento, la preciosa joven abriera los ojos y le dieran el alta.
Se iría a pasar toda la noche por miedo a que Geraldine volviera, aunque eso no era posible, no estaba seguro tampoco.
Cuando le tocó el turno a su madre de cuidarla, él aprovechó en darse una ducha en su casa e ir a la comisaría, ni siquiera tenía sueño después de haber casi presenciado el asesinato de su actual pareja a manos de su ex pareja. Había preferido no comentarle nada de lo sucedido a su madre puesto que eso implicaría tener que quedarse a darle explicaciones que no tenía ganas en aquellos momentos y comenzaría a preocuparse por él.
Tomó nuevamente las llaves de su camioneta, y condujo rumbo al establecimiento. Llegó muy pocos minutos después.
No hizo falta preguntar a lo que venía.
―Necesito ver a la mujer que anoche irrumpió el cuarto de Orquídea.
El policía, sin preguntarle algo y mucho menos dándole un comentario, lo acompañó a la celda donde se encontraba Geraldine.
La mujer fue corriendo hacia él, para luego sujetarse de los barrotes de la reja.
―Creí que nunca vendrías. Ésta pocilga da asco.
―Es la que te mereces, Geraldine.
―Sácame de aquí, por favor. Me portaré bien ―le dijo regalándole una falsa sonrisa.
Sabía bien que con su sonrisa conquistaba hombres, incluso en su tiempo, lo conquistaba a él también. Pero ésta vez era diferente. Nate había cambiado y mucho, gracias a Orquídea, y la sonrisa de Geraldine ahora le causaba lástima y desprecio.
―No te sacaré de aquí, si eso estás buscando. Presentaré una denuncia en tu contra, que ni el mejor abogado podrá sacarte de aquí. Mereces la prisión, Geraldine.
―Y esa mujer que está tendida en aquella cama, merece que la maten, por haberte quitado de mi lado.
―Estás loca, tú ya me perdiste hace cinco años atrás. No voy a perdonarte jamás el daño que le hiciste a Felicity. Orquídea es otra cuestión, quieres quitarla del camino, porque piensas que ella te quitó lo que supuestamente es tuyo, o sea, yo. Pero estás muy equivocada. Nadie te quitó nada, porque yo nunca fui tuyo. Jamás me consideré parte de ti, jamás llegué a amarte. Me sorprendió lo que intentaste hacer anoche.
―Soy capaz de matar a cualquiera que se interponga en mi camino para despojarte de mi lado.
―Necesitas que te vea un médico, no estás nada bien, Geraldine.
―Estoy perfectamente, Nate. Sé bien lo que intenté hacer anoche, si tú no hubieras aparecido, Orquídea ya habría sido un recuerdo para ti y tu asquerosa hija.
―¿Acaso no entiendes que aunque Orquídea no hubiera llegado a mi casa, tampoco te habría dado una nueva oportunidad? Lo que le hiciste a mi hija jamás te lo perdonaré. Puedes olvidarte de mí como yo ya te olvidé hace cinco años atrás. Ahora me provocas lástima y repulsión. Solo espero que se haga justicia, porque me las cobraré. No sabes de lo que soy capaz de hacer sabiendo que tocaste a dos personas muy importantes en mi vida. Ni siquiera todo el dinero que posees te será útil para salir de la cárcel ―le respondió con frialdad y seriamente.
El hombre se dió media vuelta y caminó con paso firme hacia la comisaría.
―¡Nathaniel! ¡Ven aquí! ¡No puedes dejarme aquí, como si no valdría nada! ―le gritó viendo cómo se alejaba de allí.
―Quiero presentar cargos contra Geraldine Williams.
―¿De qué la estaría acusando?
―De violencia de menores e intento de homicidio.
El policía lo miró estupefacto y volvió a hablarle.
―Señor Colleman, esas son acusaciones muy graves, ¿está seguro de levantar esos cargos?
―Sí, Sergei. Estoy muy seguro, sé de lo que sería capaz de hacer esa mujer, incluso anoche cuando fuiste con tu compañero a llevártela fuera del hospital, te dije bien del por qué la estaba denunciando.
―Si llega a salir bajo fianza, incluso teniendo esas acusaciones, es capaz de cobrárselas.
―Ni con el dinero que tiene podrá salir, me encargaré de eso yo mismo.
―Yo estoy para el servicio de la comunidad, pero también para darles consejos.
―Y te lo agradezco, pero hazme caso, levanta esos cargos y llévalos a un juez, quiero un juicio para ella. No puede quedar impune, incluso es una amenaza para la gente del pueblo y la ciudad.
―De acuerdo, haré lo que me está diciendo.
―Gracias, Sergei.
―Siempre a su servicio, señor Colleman.
Todo el papeleo, a Nate le llevó casi medio día, pero sabía bien que iba a valer la pena el tiempo perdido por culpa de Geraldine. Aunque fuera refinada y rica, no se iba a salir con la suya, haría todo lo que estuviera en sus manos para que ella pagara sus malos actos. Ahora, debía esperar por la contestación del juez que aceptara el caso y luego se continuaría con un juicio si todo salía como él lo esperaba.
No tenía más nada que hacer allí, y salió del recinto para volver a su casa y tratar de dormir una siesta hasta que se hiciera el horario para ir a cuidar a Orquídea.
Su hija fue quien lo despertó de su profunda siesta y él abrió los ojos cuando sintió caricias en su áspera mejilla.
―¿Qué pasa, cariño? ―le preguntó mirándola.
―Acabamos de llegar con la abuela. ¿No irás ésta noche? El médico nos ha dicho que por la manera en cómo ve que evoluciona, pronto se despertará.
―¿Cómo? ―le preguntó frunciendo el ceño y sentándose en la cama.
―Lo que escuchaste, el médico ya le bajó la dosis de sedantes, y es posible que pronto se despierte.
―Eso es una noticia fantástica, Felicity.
―Lo sé, papá ―le dijo sonriéndole su hija.
―Iré de inmediato al hospital.
―De acuerdo, pero primero deberías comer algo, la abuela está terminando de preparar la cena.
―Está bien, será mejor que cene algo, porque tu abuela luego se enojará conmigo.
―Tienes toda la razón, papá ―le dijo la niña, riéndose ante aquellas palabras.
Los padres de Nate, su hija y él, cenaron con tranquilidad, aunque Colleman estaba muy ansioso por ir a verla de nuevo, y no era para menos, después de que su hija le comentara aquella buena noticia, no podía esperar por más tiempo el ir a verla y esperar el tiempo que fuera necesario para que cuando Orquídea despertara sea a él a quien viera.
―Será mejor que te vayas ahora, Nathaniel. Ni tú mismo puedes soportarte en estos momentos ―le emitió su padre.
―Lo siento, papá. La noticia que me ha dado Felicity es para celebrarlo.
―Lo sé, hijo. Por eso, vete de aquí. Sabemos bien lo que debes sentir en estos momentos, y solo quieres estar con ella para cuando despierte.
―Gracias ―les dijo, levantándose de la silla.
―Quien no te conoce, diría que actúas como un adolescente en la pubertad yendo a su primera cita ―le comentó su madre riéndose mientras escondía su risa contra la servilleta de tela.
Su nieta, escuchó el comentario y se partió de la risa sin darle vergüenza la manera en cómo se había carcajeado de su padre.
Nate, le deseó las buenas noches a los tres, y tomó el abrigo del perchero y las llaves de su camioneta. Solo esperaba que durante lo que restaba de la noche y la mañana del día siguiente, su Orquídea despertara de su largo sueño.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 11:07

Capítulo 32

Apenas Nathaniel entró al hospital, fue visto por el médico a cargo de la joven, y ambos se acercaron hasta la mitad del pasillo.
―Buenas noches, doctor. Mi hija me ha comentado que le bajó los sedantes y que es posible que pronto despierte.
―Así es, si bien falta poco para que el mes se complete, por la manera en como su organismo responde a los antibióticos, consideré bajarle la dosis de los sedantes y esperar que pronto despierte.
―Se lo agradezco mucho, doctor. ¿Tiene idea de cuándo podrá despertar?
―No, pero seguramente pronto.
―¿Tendrá alguna molestia cuando despierte?
―Sentirá la boca seca y quizá algunas molestias que con el paso de los días se le irán calmando.
―Lo importante es que ella se encuentre bien y no le hayan quedado secuelas.
―Así es, si quiere puede pasar a verla y quedarse con ella.
―Gracias.
―No hay de qué, en unas horas pasaré por la habitación.
―De acuerdo, hasta pronto.
Nate entró al cuarto y se sentó en el sillón, no faltó mucho tiempo para que él se quedara dormido. Estaba cansado y tanto ayer como los días anteriores a los que tuvo que darle una mano a Thomas con su casa, fueron agotadores.Durante lo que restaba de la noche, no se volvió a despertar, salvo por el sonido melodioso de una familiar voz. Una voz que solía ponerlo de mal humor al principio y que con paso de los días, se transformó en parte de la personalidad que tanto le gustaba a Nathaniel.
―¿Nate? ―preguntó aquella voz.
Él se despertó de inmediato y miró hacia la cama. La joven mujer lo miraba con atención. Nate no podía creer que estaba despierta y se acercó a ella, para luego sentarse en el borde de la cama.
―Has despertado, me alegra mucho ―le dijo él tomando la mano de la joven.
―¿Cuánto tiempo estuve así?
―Casi un mes.
―No recuerdo nada, solo que comencé a sentirme mareada y se me dificultaba respirar.
―De eso ya pasó poco menos de un mes.
―¿Tanto tiempo?
―Así es.
―¿Qué pasó durante éste tiempo?
―Muchas cosas. Thomas vino a visitarte cada vez que podía.
―¿No terminaste a los golpes con él?
―No, para nada. Incluso le ofrecí el puesto de capataz de mis campos y cobertizo.
―Eso es muy lindo de tu parte, por lo menos ya no se llevan mal como antes.
―No, pudimos hablar del asunto importante que ambos teníamos en común, y ya todo quedó resuelto.
―Me alegro mucho por los dos. Y me alegro también que hayas elegido a Thomas para el puesto.
―Gracias. Hace unos días atrás, Geraldine apareció en el hospital y entró aquí. La descubrí intentando matarte.
La cara de Orquídea fue algo confuso entre decepción y tristeza.
―No le he hecho nunca nada como para que quisiera matarme.
―No, pero ella cree que sí le has hecho algo, por ejemplo: que tú le quitaste lo que ella quería, o sea, yo.
―¿De veras te quiere?
―Geraldine no quiere a nadie, solo se quiere ella misma, el resto de los demás para ella no tiene importancia.
―Entiendo.
―Geraldine jamás me quiso, solo quiso dominarme y tratar de alejar a Felicity de mi lado, se proponía enviarla a un internado, eso ya lo sabes.
―Sí, claro que lo sabía.
―Volviendo al tema de ella, cuando la vi en el cuarto no tuve mejor opción que llamar a la policía, la cual llegó de inmediato para apresarla. Ella ahora,está en la cárcel a la espera de un juicio.
―¿Un juicio? ―le preguntó frunciendo el ceño.
―Sí, un juicio que espero y pronto se realice. La denuncié por violencia infantil e intento de homicidio.
―Esas denuncias son gravísimas, Nate, ¿tienes pruebas?
―El almohadón es una prueba del intento de asesinato y si le pido a Ofelia y a Thomas que atestigüen por mí en contra de Geraldine, lo harán. Ofelia sabe bien cómo trataba a Felicity cuando tenía cinco años y yo salía con ella y a Thomas nunca le gustó, no le daría lástima atestiguaren su contra, si con eso tiene que verla en la cárcel.
―No tengo dudas de que así lo harán.
―Pero ahora, no tienes que hablar mucho, ¿cómo sientes la garganta y la nariz?
―Creo que normales. Siento un poco seca la garganta.
―Te doy un poco de agua, ¿quieres?
―Sí, por favor.
Nathaniel le sirvió un vaso con agua a Orquídea y con delicadeza, se lo acercó a sus labios.Con su ayuda, bebió de a poco.
―No he llamado a tus padres, creo que debería de hacerlo ahora que has despertado.
―Gracias por no avisarles, se iban a preocupar demasiado y vendrían hasta aquí y serían un problema para ti.
―No digas eso, Orquídea. Tus padres no serían un problema para mí. Creo que Felicity y yo tenemos derecho a conocerlos, ¿no te parece? Digo... eres mi pareja, y tengo que conocer a tus padres.
―Bueno, sí. Eso es verdad. La niña y tú deben conocerlos.
―Entonces, me comunicaré con ellos.
―Estarán muy preocupados porque solía llamarlos cada quince días más o menos. Y ahora, ya ha pasado casi un mes.
―Tranquila, deja que me ocupe de eso. Tú debes descansar.
―¿Todavía más de lo que ya he descansado? Me gustaría irme de aquí.
―Tienes que terminar de recuperarte.
―Me siento bien, no siento molestias en la garganta y ni tampoco en la nariz y ni mucho menos cuando respiro.
―Todavía tienes la sonda ―le dijo y la joven se llevó la mano a la nariz.
―¿No pueden quitármela?
―Lo dudo mucho, pero veré qué me dice el médico.
―Gracias ―le dijo ella mientras sostenía el vaso y volvía a beber un poco más del agua.
Nathaniel salió de la habitación y comprobó que era de mañana, le preguntó a una de las enfermeras, dónde podía encontrar al médico a cargo de Orquídea y ésta le indicó el lugar. Le agradeció y caminó hacia donde se encontraba el doctor.
Mientras tanto, dentro de la habitación, Orquídea fue visitada por Felicity y Ellen. La primera se le fue encima a la niñera, al verla despierta, la niña quedó feliz de saber que ya estaba bien.
―Me alegra mucho saber que ya has despertado ―le comentó con una sonrisa, Ellen.
―Muchas gracias, Ellen ―le dijo sonriéndole también.
―La niña, mi marido y yo estábamos muy preocupados por ti. Nosotras dos siempre nos quedamos contigo todas las mañanas y las tardes. Bueno, salvo cuando Felicity debía ir a la escuela, me quedaba yo.
―De veras, gracias. Por tomarse parte de su tiempo en estar conmigo aquí ―le dijo con los ojos vidriosos.
―No tienes que agradecer nada, lo hemos hecho con gusto.
Nate llegó a los minutos junto con el médico.
―Veo que has despertado y pedido que te dé el alta. No lo haré hasta que vea que te encuentras recuperada, Orquídea.
―Estoy bien. Es posible que mis padres vengan en algún momento, y no quiero que me encuentren aquí.
―Ya veo.
―No quiero que se preocupen.
―Está bien, te daré el alta, pero con dos condiciones.
―¿Cuáles?
―Que te quedes un día más y que hagas reposo en la casa, por favor. De todas maneras, te recetaré medicamentos para que termines el tratamiento fuera de aquí.
―Lo haré, muchas gracias, doctor.
―No hay de qué. Mañana por la mañana te podrás ir.
―Se lo agradezco ―dijo ésta vez Nate.
―Llamaré a la enfermera, para que pueda quitarte la sonda.
―De acuerdo, gracias.
El médico salió de allí y no pasaron muchos minutos para que una mujer se presentara en el cuarto y les hablara.
―Si son tan amables en salir unos minutos de la habitación, para poder quitarle la sonda, se los agradecería mucho.
Los tres, sin decir nada, salieron y Ellen cerró la puerta detrás de ella. La enfermera con mucho cuidado le quitó las mangueras de las fosas nasales, y le pidió a Orquídea que tragara líquido luego de la sensación fea que había sentido al quitarlas.
―¿Cómo te encuentras? ¿Mareada? ¿Te arde la garganta o las vías respiratorias? ¿Tienes alguna molestia?
―No, nada de eso, solo la horrible sensación de cuando me quitaste las mangueritas.
―Eso es normal, se irá pronto esa sensación y me alegro mucho que te sientas normal y sin ninguna molestia o ardor ―le dijo sonriéndole.
―Gracias por todo a ti también.
―Para eso estamos, Orquídea ―le contestó regalándole una sonrisa.
Pronto volvieron a entrar los tres nuevamente y se quedaron charlando con la joven mujer.
―Felicity, es hora de ir ala escuela, cariño ―le dijo su padre―, ya son las ocho y en unos minutos tienes que entrar.
―¿Puedo no ir?
―Ya estoy mejor, preciosa. Ve tranquila, nos veremos a la tarde ―le dijo su niñera para que se quedara conforme.
―Está bien. Nos veremos luego ―le dijo, le sonrió y le dió un beso en una de sus mejillas.
―Hasta pronto ―le contestó ella, sonriéndole también.
Ellen se despidió de ella también y llevó a la niña al colegio. Nate se quedó otra vez asolas con su pareja y volvió a sentarse en el borde de la cama.
―Orquídea, ¿cambia algo lo nuestro por lo que te ha pasado?
―No, claro que no. ¿Por qué me lo preguntas?
―Porque tuve una leve duda de que así iba a ser.
―No, Nathaniel. No cambia nada de lo nuestro por lo que ha pasado ya ―le dijo sonriéndole.
―Me alegro. ¿Sabes? Si bien no es el momento, y luego de que te recuperes del todo, te lo propondré, pero me gustaría que te casaras conmigo. No tienes que darme una respuesta ahora, solo quería que lo supieras, porque de verdad quiero que seas mi esposa.
La joven no sabía qué clase de respuesta darle, solo sabía que lo quería y con el tiempo comenzó a amarlo también. La sorpresiva declaración la había dejado sin palabras, y si bien él le había dicho que no quería que le respondiera en aquellos momentos, estaba muy segura que debía de darle aunque sea un atisbo de respuesta.
―Si bien me dijiste que no te respondiera, creo que lo tengo que hacer.
―No, no ahora. Sé tus sentimientos hacia mí y por tal motivo no tienes por qué decirme nada. Lo importante es que estás bien, y que tienes que recuperarte del todo.
Nate sin poder evitarlo, se acercó a ella para depositarle un dulce beso en sus labios.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 11:12

Capítulo 33

Después de un mes en el hospital, haber sentido de nuevo los labios de Nate contra los suyos, Orquídea seguía sintiendo las mismas cosquillas de cuando él le había dado el primer beso también.
―Lo siento, no debí hacerlo ―se disculpó.
―¿Por qué? No te he corrido la boca.
―Acabas de despertar y yo pensando en besarte.
―No pasa nada, Nate. No me molesta que me beses ―le dijo ella acariciando su mano.
―Gracias.
―¿Llamarás a mis padres?
―¿Quieres que los llame ahora?
―¿Puedes hacerlo?
―Claro que sí. ¿Cuánto tiempo crees que tardarán en llegar?
―A mí me tomó casi un día llegar hasta aquí. El transporte público tarda mucho, pasa por muchos pueblos.
―Eso nos da ventaja a que te vean ya en la casa.
―Sí, pero el médico me tendrá aquí un día más, ¿recuerdas?
―Entonces los llamaré mañana.
―De acuerdo.
―¿Tienes sed?
―No, pero quiero un poco de agua porque siento la boca y garganta secas.
―Ya te doy un poco.
Nate se acercó a la mesa que tenía una jarra con agua y un vaso y le sirvió un poco. Se lo entregó y ella bebió de a poco.
Aquel día fue muy tranquilo pero con visitas. Desde Thomas hasta Lydia, el padre de Nate y como siempre su madre e hija.
El médico alrededor de las tres de la tarde, entró al cuarto para revisarla y verla casi del todo recuperada. Tanto Nate, como los demás y ella se alegraron de que por fin volviera a la casa.
Nathaniel recibió una llamada de un número privado, se extrañó pero la atendió de todos modos. Salió de la habitación cuando supo de quién se trataba.
Lastres mujeres lo miraron con rareza por haberse ido de la sala sin dar una explicación de quien era la persona que lo había llamado, pero unos pocos minutos después, él volvió a entrar y les contó sobre la llamada.
―Era uno de los jueces de la ciudad, tomó el caso de mis denuncias. La semana que viene comenzará el juicio.
―Eso es bueno, ¿verdad? ―preguntó Felicity.
―Sí, cariño. Eso es muy bueno. Estoy seguro que quedará encerrada por mucho tiempo, sino es que de por vida.
―¿No crees que te meterás en problemas? Su padre es muy rico ―le dijo su madre.
―¿Más de los que me creó ella? Lo dudo mucho, ni con todo el dinero que posee, saldrá de la cárcel. Ya se lo advertí.
―Tu madre tiene razón, Geraldine puede salir fácil con dinero ―le dijo Orquídea.
―Estuve esperando por días que algún juez tome mis denuncias para un juicio, no quiero que se salga con la suya. Quiero que pague por las cosas que hizo.
―Yo me ofrezco a contar parte de mi infancia con ella ―comentó Felicity y los tres se la quedaron mirando―, quiero contarla.
―Felicity, los abogados te llenarán de preguntas, no creo que sea bueno para ti.
―¿Por qué, no? Nunca la quise, siempre la odié. No me importaría que estuviera en la cárcel si con eso tengo que decir las cosas que me hacía de pequeña.
―Madre, ¿por qué no le dices algo? Dile que no es bueno que una niña de su edad esté en un juicio ―le dijo Nate.
―Creo que es bastante madura para la edad que tiene, y si eso quiere ella, tendrás que aceptarlo, la criaste bien, fuerte y valiente. Todos queremos que ella pague por las cosas que hizo, tu hija más.
―¿En serio estás dispuesta a decirles las cosas que te hizo? ―le preguntó su padre.
―Sí, papá. No tengo miedo de estar en un juicio y declarando mi verdad.
―De acuerdo. Está bien por mí también.
―Gracias ―le dijo con una sonrisa.
Nathaniel, cayó en la cuenta de que era posible que llamaran al estrado a alguien más, a alguien que hasta ahora no había calculado y se giró hacia aquella persona.
―Cabe una remota posibilidad de que te llamen a ti también, para que no queden cabos sueltos. Aunque lo dudo, pero es posible que te llamen ―le comentó a Orquídea.
―Iré si me llaman a contarles algo. No sé mucho de ella, solo sé que si le hacía esas cosas a Felicity y si a mí me intentó matar, entonces diré lo que tenga para decir. Quizá querrán saber mi opinión, y se las daré.
―Creo que tus mujeres son muy valientes, la mayoría de ellas se ponen a llorar estando en un juicio ―le expresó Ellen a su hijo.
―Eso creo yo también.
―Si juntas más personas o quizá a alguien más que vaya en contra de Geraldine, es posible que ganes el juicio ―le dijo Ellen.
―O quizá solo con ellas dos será más que suficiente.
―O... solo mi confesión puede que sirva para meterla por definitiva a la cárcel ―respondió Felicity―. Tengo cosas en mi memoria que son importantes. No creo que las pasen por alto.
―En eso tienes toda la razón ―le dijo su padre.
Durante lo que restaba del día, y durante toda la noche, Nate se quedó con ella a solas. Eso les fue bueno para continuar conversando sobre sus cosas, anécdotas, cosas que hacían de pequeños y cosas que hacían en su época de solteros.
Un día más, Orquídea estuvo en observación y el médico le comentó que al día siguiente alrededor de las diez de la mañana, le firmaría el alta. Cuando supieron el horario del alta, Nate aprovechó en comunicarse con los padres de su pareja, para comentarles a grandes rasgos, lo que le había sucedido a su hija,solo para no preocuparlos demasiado.
―Tus padres viajarán por la madrugada para llegar aquí temprano, les dije que los pasaría a buscar apenas lleguen a la terminal.
―De acuerdo y gracias. ¿Quedaron conformes o se notaban preocupados?
―Se notaban algo preocupados, pero les aseguré que tú estabas muy bien.
―Está bien. Por lo menos ya saben lo que me pasó y que ahora estoy mejor.
―Así es. ¿Quisieras que te traiga algo? ¿Quieres descansar?
―Me gustaría descansar un poco más.
―No hay problema, pero me quedo aquí. ¿De acuerdo?
―De acuerdo ―le dijo ella con una sonrisa.
Durante el día, Orquídea tuvo varias visitas y por la noche, Nate volvió a quedarse con ella a cuidarla.
Ya era de mañana, y el médico entró al cuarto para revisar a Orquídea. La joven despertó y dejó que el médico la oscultara como era correspondiente, Colleman se despertó cuando escuchó voces y dejó que trabajara. Miró su reloj pulsera, la aguja marcaba casi las diez en punto, había dormido bastante y no era para menos, la noche anterior Orquídea y él habían terminado de charlar alrededor de las tres de la madrugada.
―Estás perfecta, te firmaré el alta ahora mismo.
―Muchas gracias, doctor ―le dijo ella.
Su teléfono móvil sonó y él atendió. Pronto cortó la llamada.
―Mi madre dijo que en cualquier momento viene aquí con algo de ropa para que puedas vestirte ―le avisó a Orquídea.
―Gracias ―le respondió ella.
―Le recetaré el mismo medicamento que tuvo por vía venosa pero ahora en pastillas ―le dijo el médico, haciéndole la receta y entregándole el papel a Nathaniel.
―De acuerdo, no se preocupe que seguirá el tratamiento.
―Hasta que termine las pastillas, una sola caja de veinte comprimidos, cada un día.
―Está bien. Muchas gracias de verdad.
―No hay de qué. Aquí está el formulario, lo presentan en recepción y podrán irse. Que tengan un buen día.
―En serio, muchas gracias por todo doctor ―le dijo Orquídea, estrechándole la mano.
―Gracias por todo ―le contestó, dándole la mano él también.
El médico se retiró de la habitación, y los dos esperaron a Ellen para que le trajera la ropa a Orquídea.
La mujer no se hizo esperar por mucho tiempo y llegó en muy pocos minutos. Entró, saludando a ambos y puso el bolso sobre la cama,para sacar la ropa, el calzado y lo necesario para su nuera.
―Muchas gracias por traerme la ropa, Ellen.
―No fue nada, querida.
―Me iré a duchar y luego me vestiré.
―¿Puedes levantarte sin problemas? ―le preguntó la mujer.
―Sí, no te preocupes, ya intenté levantarme y fue sin problemas ―le dijo ella, con una sonrisa.
―De acuerdo entonces ―le contestó sonriéndole también.
Orquídea entró al baño de la habitación con una toalla y su ropa en mano, para darse una reparadora ducha luego de tantos días sin sentir el agua caliente caer sobre su desnudo cuerpo.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 11:20

Capítulo 34

Luego de la ducha, Orquídea salió del baño con la ropa puesta, Nate la vio diferente y muy bonita, más de lo que realmente era y con más entusiasmo quiso que aquella mujer fuera su esposa.
La joven caminó hacia la cama para sentarse y ponerse el calzado.
―¿Ya nos vamos? ―le preguntó Ellen a Orquídea.
―Eso creo. Ya estoy lista.
El móvil de Nathaniel sonó nuevamente y atendió la llamada desconocida. La comunicación se entrecortaba, pero lo poco que pudo escuchar fue que la madre de su novia, le había comentado que ya habían llegado a la terminal de Colorado Springs.
―Tus padres han llegado, diría que se apronten y lleguen rápido a la casa. Yo los iré a buscar y trataré de conducir lo más lento posible. Madre, te pido por favor que me avises cuando ustedes estén en la casa mediante un mensaje, ¿puede ser?
―Claro que sí, cariño. Nosotras ya nos vamos a la casa ―le dijo Ellen, mientras miraba a su nuera y le sonreía.
Orquídea le sonrió también.
Los tres salieron de la habitación y presentaron el formulario firmado por el médico que la atendió y luego de saludar a las enfermeras que la atendieron durante su internación también.
Ellen y Orquídea se subieron al auto de su suegra y Nate a su camioneta. Los dos autos tomaron rumbos diferentes y fueron las mujeres quienes llegaron rápido a la casa.
Las recibieron Ofelia y James, el marido de Ellen. Ambos se alegraron mucho al verla de nuevo en la casa y la abrazaron por separado.
―Nos alegra mucho que vuelvas a la casa, Orquídea ―le dijo su suegro.
―Muchas gracias ―le dijo la joven con una sonrisa.
―Creo que tienes que hacer reposo, ¿verdad? ―le sugirió James.
―Sí, el médico me obligó a hacer reposo y a terminar las pastillas que me recetó.
―Me parece perfecto, así te recuperas del todo y podrás casarte con nuestro hijo.
―Sí ―le respondió con una sonrisa.
―Le avisaré a Nate que ya hemos llegado ―comentó Ellen.
Una vez que su hijo recibió el mensaje de su madre, aceleró la camioneta para llegar cuanto antes a su casa. Quería que sus suegros vieran a su hija con sus propios ojos porque se notaban muy preocupados por ella.
―Hay algo que debo decirles ―les comentó a ambos, mirándolos por el espejo retrovisor.
―Díganos, señor ―le dijo el padre.
―No se preocupen, no es nada malo ni nada que se le parezca, espero que se alegren por lo que les diré. Su hija y yo estamos teniendo una relación amorosa. Sé que no es común que un patrón se enamore de su empleada, pero Orquídea me cautivó desde el momento en que llegó a mi casa para cuidar de mi hija. Es una mujer excepcional y sobre todo, muy buena.
―¿Una relación? ¿No intentará lastimarla, verdad? Sé que algunos patrones no son sinceros con sus empleadas. No quiero que mi hija sufra, no es una joven para que un hombre se burle de ella ―le dijo su madre.
―Por eso no se preocupe, señora. Sé la clase de mujer que es su hija, jamás se me cruzó por la cabeza querer lastimarla o tener una relación amorosa con el fin de lastimarla o burlarme de ella. Soy muy serio y no me gustan esa clase de cosas a mí tampoco ―le expresó con total sinceridad Nate.
―En ese caso, mi esposa y yo, lo aceptamos.
―Muchas gracias, pueden llamarme sin problemas por mi nombre, Nate.
―De acuerdo ―le dijeron ambos.
―Tengo intenciones de casarme con Orquídea. Se lo he pedido antes, pero quiero hacerlo frente a ustedes, mis padres y mi hija. Creo que es lo que corresponde hacer.
―Me alegro de saber que encontró en nuestra hija una persona bondadosa y buena, a pesar de que es una joven de campo.
―Por favor, señora. No tiene por qué lamentarse o menospreciarse por vivir en el campo, yo vivo a las afueras de la ciudad también. Somos todos iguales.
―Te lo agradecemos mucho, Nate ―le respondió la mujer.
Pronto llegaron a la casa, y los padres de Orquídea se sorprendieron por la arquitectura de la fachada de la casa en donde trabajaba su hija. Ambos se miraron y decidieron que lo mejor era bajar de la camioneta. Nate, tomó la maleta que habían traído consigo y los invitó a pasar a su casa.
Padre se hija se unieron en un fuerte abrazo parental como si jamás se habrían visto en su vida, y los padres de Nate, él mismo y Ofelia sonrieron ante la preciosa escena que estaban presenciando también.
Entre llantos, risas y caricias en el rostro, llenaron de besos a su hija mientras la joven los mantenía abrazos a ella y los miraba también.
―Estás cambiada ―le comentó su madre.
―Lo sé, mamá. Pero estoy bien ya ―le dijo para no preocuparla más.
―No nos íbamos a quedar tranquilos hasta que no te veíamos ―le dijo su padre.
―Lo sé también, por eso le pedí a Nate que les avisara cuando ya estuviera en la casa.
―Nos preocupamos mucho cuando dejaste de llamarnos ―le expresó su madre.
―En eso, en parte fue mi culpa ―intervino Nate―, primero: porque debí avisarles sobre lo sucedido y segundo: no estaba del todo seguro si su hija habría querido que les avisara lo que le había ocurrido.
―Era mejor que no supieran nada, pero ahora están aquí y estoy mucho mejor ―les dijo su hija sujetándoles la mano de cada uno y regalándoles una enorme sonrisa.
―¿Han desayunado? ―les preguntó Nate.
―Sí, gracias ―le dijo Susan, la madre de Orquídea.
―Ofelia, ¿estás preparando el almuerzo? ―le preguntó Ellen.
―Sí, señora.
―Te ayudaré entonces, creo que debemos dejar a solas a Orquídea con sus padres.
―Está bien ―le dijo la mujer y entró a la cocina con la madre de su patrón.
―Yo iré a caminar un poco por los campos de zinnias ―comentó James.
―Y yo iré al despacho, tengo cosas que hacer, ahora todo vuelve a la normalidad ―respondió Nate con una sonrisa―, Orquídea, muéstrales el cuarto que ocuparán, es la habitación que está al lado de la tuya ―le expresó y se acercó para darle un beso en sus labios.
La joven se sorprendió ante tal escena frente a sus padres, y quedó petrificada cuando se acercó para besarla, ni siquiera le dió tiempo a reaccionar.
―De acuerdo, Nate ―fue lo que le salió de su boca de manera muy baja.
La joven acompañó a sus padres a la habitación que Nate le había dicho y se quedaron allí conversando hasta la hora del almuerzo.
Cuando Felicity llegó de la escuela, supo de inmediato que Orquídea estaba en casa y subió las escaleras para ir a su dormitorio, pero no la encontró allí. Su intuición fue abrir la puerta contigua y comprobó que ella estaba allí, pero con dos personas más.
―Hola Felicity, ¿cómo estás, cariño? ―le preguntó la joven.
―Hola Orqui. Bien, ¿y tú? ―le preguntó un poco apenada por cómo abrió la puerta.
―Mejor.
―Perdón por entrar de esa manera al cuarto, no sabía que estabas acompañada.
―Cariño, te presento a mis padres.
―Mis abuelos, ¿no?
A Orquídea se le atoró la palabra en la garganta y fue Albert, su padre, quien habló por su hija.
―Puede que sí, pequeña ―le dijo con una sutil sonrisa.
―Lo siento por no presentarme, soy Felicity, la niña favorita de Orquídea ―le dijo ella con una sonrisa, y la muchacha rió.
La niña se fue a los brazos de su antigua niñera y ésta la abrazó.
―Me alegro mucho que estés de vuelta en casa ―le dijo mirándola a los ojos.
―A mí también, Felicity ―le contestó acariciando sus mejillas.
―Espero que no les importe que los llame abuelos, me gusta tenerlos en la casa. Me gusta llamarlos así también ―les respondió a los dos.
―Eres preciosa ―le expresó Susan.
―Gracias ―le dijo con una sonrisa.
Nate subió las escaleras, para toparse con la puerta abierta del cuarto y ver a su hija interactuando con los padres de su pareja.
―Perdón por la intromisión de mi hija, a veces Felicity no sabe cuando dejar de molestar.
―No lo ha hecho ―le dijo Albert―, es una niña encantadora y bien educada.
―¿Sabes que ellos son mis nuevos abuelos? ―le preguntó la niña a su padre.
―Felicity, deja de decir esas cosas, todavía no ha sucedido nada como para llamarlos así.
―Me dijeron que ellos no tienen problema en que los llame así. Después de todo, te casarás con su hija, ¿o no?
―Sí, cariño, pero todo tiene un momento y lugar. Ahora por ejemplo, es incómodo y fuera de lugar llamarlos así.
―No se preocupe por nosotros, de verdad que si la niña quiere llamarnos así, Albert y yo no tenemos inconveniente ―le expresó Susan.
―¿Has visto? ―le enfatizó la niña mientras lo miraba a sus ojos.
―Sí, lo he visto. Ahora deberías ir a tu cuarto, cambiarte de ropa y lavarte las manos para almorzar.
Con una boca haciendo trompa, el ceño fruncido y de brazos cruzados, Felicity se retiró de allí para entrar a su dormitorio.
―Su hija es muy inteligente ―le comentó Albert.
―Gracias. A veces yo mismo me sorprendo de los temas que me saca para hablar.
―Está en la edad de las preguntas y los temas variados ―le dijo Susan.
―Lo sé, con la edad que tiene es demasiado madura e inteligente. En fin, subí con el propósito de avisarles que el almuerzo ya está servido.
―Gracias ―le dijo Orquídea.
―¿Almorzaremos con ustedes también? ―le preguntó muy sorprendida la madre de la joven.
―Así es.
―Es el patrón de nuestra hija.
―Era el patrón. Han cambiado las cosas desde hace tiempo entre Orquídea y yo. Por eso mismo, almorzaremos todos juntos, como la familia que pronto seremos.
―De acuerdo, Nate ―le dijo Susan.
―Vayamos bajando, Susan ―le expresó su marido.
―Está bien.
Los padres de Orquídea salieron del cuarto y caminaron hacia el rellano de las escaleras para bajarlas.
―Gracias por hospedar a mis padres aquí.
―No fue nada, al contrario. Pueden quedarse el tiempo que quieran, incluso vivir aquí también.
Orquídea se quedó muda ante aquellas palabras.
―No me mires así, cariño, sé que quieres a tus padres contigo, y que vivan aquí o cerca de aquí no sería mala idea, ¿no te parece? Pueden trabajar, incluso tu padre puede sembrar campos aquí sin necesidad de volver a Rock Springs.
―Mis padres tienen todas sus cosas allí, sería un cambio muy drástico para ellos.
―Puede que sí, pero a ti tenerlos cerca te haría muy feliz, incluso a ellos los haría felices también. Poder tener a su hija cerca. Piénsalo y coméntales lo que te acabo de decir, pero no es tan mala idea como crees que es.
―¿Por qué traerías a mis padres aquí, a Colorado Springs?
―Porque te amo y porque quiero que tus padres tengan una buena vida también.
Orquídea era la primera vez que ella le daba el beso. Posó sus manos en las mejillas masculinas y le dió un beso con todo el amor que sentía por él.
Dicho beso, lo presenció sin querer Felicity.
―No aprieten tanto ―acotó con una risita.
―Felicity, qué inoportuna, hija ―le dijo Nate poniendo la vista en alto―, y para tu información, no estamos apretando como tú dices, ni siquiera sabes lo que eso significa.
―Sí, darse besitos ―le contestó, poniendo boca de pato y haciendo ruidos de besos.
Por lo menos, Nate se quedó tranquilo cuando supo que su hija solamente sabía esa palabra de aquella forma, solo besar de manera normal a otra persona.
―Sí, solo me ha dado un beso.
―Y me parece bien, ¿no es lo lógico que si dos personas se quieren, se den un beso? ―le inquirió posando una mano en su cintura y la otra gesticulándola en el aire.
―Sí, es lo lógico ―le respondió su padre.
―Vamos a almorzar ―les dijo la joven.
―Me parece bien ―comentó Nate.
Los tres bajaron las escaleras y entraron a la cocina a comer junto con los demás. Los platos ya estaban servidos y pronto comenzaron a almorzar. Ofelia caminó hacia la sala para irse a su casa, pero Nate le habló.
―Ofelia, quédate unos minutos más, porque me gustaría que estés en lo que diré.
―De acuerdo, señor.
Ofelia intuyó que algo grande se traía entre manos Nate, y quiso quedarse para comprobar si lo que ella pensaba era cierto.
Ellen se dió cuenta de lo que estaba a punto de decir su hijo y miró a su marido, quien la observó también.
―Solo aguarden unos minutos ―les dijo Nate y salió de la cocina para entrar a su despacho.
No pasaron muchos minutos en los que regresó nuevamente a la cocina y prefirió quedarse parado frente a los demás y al lado de Orquídea.
La muchacha sin querer, miró sus manos que sostenían una pequeña caja de terciopelo, el tenedor se le escapó de su mano y se estrelló contra el plato.
―Es lo que tus ojos vieron, Orquídea. No soy de muchas palabras y mucho menos en cuestión de sentimientos o decirte lo mucho que te amo,pero me harías el hombre más feliz del mundo si te casas conmigo ―le respondió con total sinceridad y se arrodilló frente a ella para abrir la caja.
―Sí, acepto casarme contigo.
Él quitó el anillo del estuche, se lo colocó donde correspondía, y sellaron su compromiso de matrimonio con un beso frente a sus familias.
Los demás los felicitaron y Felicity fue la que más feliz se sentía, porque sabía bien que iba a tener una madre, una madre que siempre quiso tener y esa persona siempre había sido Orquídea como su madre ideal.
―Gracias por querer casarte con mi papá, gracias por querer ser mi mamá ―le dijo la niña sujetándola de una de sus manos y mirándola con lágrimas en los ojos.
―Cariño... ―le respondió Orquídea―, te adoro, Felicity ―le dijo la joven, acariciando sus mejillas y dándole un beso en cada una de ellas y otro beso en su coronilla.
Luego de almorzar, sirvieron el café con un postre que había hecho Ofelia y para acompañar lo dulce, un poco de licor caro para disfrutar y festejar la nueva noticia.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 11:25

Capítulo 35

Luego de un mes lleno de preparativos por la boda de Nate y Orquídea en la ciudad, un día antes de dicho acontecimiento, se realizó el juicio contra Geraldine.
A pesar de que ella intentó persuadir al juez para pagar la fianza y salir impune, el hombre se la revocó y tuvo que cumplir condena durante treinta años, por abuso de menores e intento de homicidio.
La vida a Orquídea le estaba sonriendo, desde ser una maestra rural,pasó a ser la niñera de la hija de un importante hombre de campo que solía tener aires de hombre de ciudad. Una fachada que se le cayó a las pocas semanas de haberlo conocido como en verdad era Nathaniel. Y ahora, se encontraba a solo un día de casarse con aquel hombre, y trabajando desde hacía dos semanas atrás en la escuela del pueblo. Tenía tres grados a su cargo, uno de ellos era el grado donde se encontraba Felicity, algo que a la niña le encantó. Así, podían pasar más tiempo juntas.
El día de la boda, el pueblo se despertó lleno de alegría, la pareja que estaba a punto de casarse en pocas horas, era muy querida y nadie quería perderse de dicho acontecimiento.
Orquídea se despertó temprano, y arropó a Felicity, quien la noche anterior quiso dormir con ella en la nueva casita que le habían construído Nate y Thomas a los padres de la joven. Los padres de ella, habían quedado tan agradecidos con ambos que se ofrecieron a regalarle a Nathaniel, los campos que aún conservaban en Rock Springs.
El hombre se sintió halagado, pero se negó al ofrecimiento, aquellos campos les pertenecían y en algún momento serían de su futura esposa también.
No pretendía obtener nada a cambio de la construcción de la casa, solo quería que los padres de Orquídea vivieran cómodos.
Orquídea salió de la cama, se colocó una bata y salió de la habitación para ir directo a la cocina y preparar el desayuno para sus padres y Felicity.
Por otra parte, en la modesta casa de Nate, el timbre de la puerta sonaba con insistencia, demasiada insistencia para el gusto del hombre y a regañadientes se levantó de la cama y se vistió con ropa deportiva para recibir a la persona que no paraba de tocar el timbre.
Se le desfiguró la cara cuando vió frente a él a la madre de Felicity. No podía ser tan desgraciada y presentarse después de diez años, y mucho menos en el día de su boda con Orquídea.
―¿Frida?
―Hola, Nathaniel.
La mujer que estaba mirando no se parecía en nada a la mujer que lo había abandonado junto con su hija recién nacida, hacía diez años atrás. Si antes era perfeccionista en su estética, ahora estaba casi irreconocible.
―¿A qué has venido?
―He venido a ver a mi hija.
La frase que dijo aquella mujer, le hizo un estruendo a Nathaniel. ¿Su hija? Estaba muy equivocada si eso creía que era.
―¿Tu hija? Creo que te equivocaste, Frida. La única que vive aquí es mi hija ¿no me lo crees? Puedo mostraste los papeles que certifican que solamente es mía.
―¿Me dejas pasar y hablamos más tranquilos?
―No te dejaré pasar y tampoco hablaremos. Pasaron diez años, la edad que tiene mi hija y si piensas acercarte a ella después de tanto tiempo, estás demasiado equivocada. Te acordaste un poco tarde cumplir el rol de madre. Sinceramente, no sé para qué o a qué has venido, porque si crees que la verás o mantendrás una relación de madre e hija con, pierdes el tiempo. Mi hija te olvidó para siempre, ni siquiera sabe de ti.
―¿No le has contado nada?
―Sí, le conté. Le dije la verdad, que te fuiste porque no la querías.
El rostro de la mujer se mantuvo de piedra, ni siquiera pestañeó cuando le dijo aquellas palabras Nathaniel.
El hombre se dió cuenta que ni una mueca había hecho la mujer cuando le respondió eso, sabía bien que Frida carecía de sentimientos verdaderos. El único error había sido conocerla, pero en parte estaba feliz por haber tenido con él a Felicity y criarla a su manera. La niña era inteligente, muy buena y sincera, nada parecida a la arpía de su madre y por tal motivo estaba feliz con los resultados, sabía perfectamente que nunca iba a ser el modelo a seguir de su madre.
―¿Eso le has dicho?
―Sí, no iba a mentir por ti, jamás le mentí a mi hija y mucho menos contigo. Le dije la clase de mujer que eras, ¿o me equivoco? ―le dijo y ella ni se inmutó―, no tengo que saber mucho, ver tu rostro es más que suficiente. Mira... no tengo intenciones de que veas a la niña, ni mucho menos volver contigo si es que a eso has venido. Con tus actos de años atrás, supe la clase de mujer que eras y no siento ninguna lástima por ti, porque si volviste es por algo no tan bueno. Te recomiendo que te vayas como viniste, de lo contrario levantaré una denuncia en tu contra por querer quitarme a la niña, algo que, no te pertenece.
―¿Ni siquiera me dirás su nombre?
―¿Para qué? No necesitas saber su nombre, la abandonaste, no tendrías que tener ningún remordimiento ni nada, mujeres como tú no tendrían que ser madres. Si no te importa, tengo que seguir con mis cosas.
De aquella manera, Nathaniel le cerró la puerta con un golpe en seco y sin remordimientos. No valía la pena preocuparse por una mujer como Frida, sabía bien cómo era y cómo actuaba. Por el solo año de relación que había tenido con ella hacía diez años atrás, terminó conociendo a la perfección todas sus mañas y quejas. Había sido un gran alivio cuando ella decidió irse, aunque sonara egoísta por su parte, era lo mejor para su hija y para él también.
No quería saber más nada con la madre de Felicity, ni siquiera quería tenerla de amiga o conocida. Era mejor que volviera a desaparecer dela vida de la niña por su propio bien. Se aprontó para el mejor día de su vida, en tan solo dos horas se casaría con la única mujer que verdaderamente amaba.
En la casa de los padres de Orquídea, el ambiente era alegre y se estaban vistiendo para la ceremonia nupcial. El pueblo, festejaba de igual manera, y lo demostraba en la decoración de las calles y sus propios residentes que estaban felices por ambos.
A la hora acordada, Nate salió de su casa y se subió a la camioneta para conducir hacia la iglesia del pueblo. Habían decidido casarse allí, porque en parte, Orquídea no quería llamar la atención y porque creía que los habitantes del pueblo se merecían una alegría como aquella y el hombre estuvo de acuerdo en ello.
Las cuatro personas salieron de la casa y fue Thomas quien los pasó a buscar.
―Thomas, te creí en la iglesia.
―Me ofrecí a llevarte hasta la iglesia, junto a tus padres y Felicity. Se lo pedí a Nate.
―Eres muy amable, de verdad. Me alegro mucho que me lleves y me alegro mucho que hayas conocido a Samantha.
―Gracias ―le dijo con una sonrisa―. Sam me ha hecho muy bien.
―Lo sé, y se nota mucho ―le contestó Orquídea.
En el tiempo que pasó desde la salida de la joven del hospital, hasta unos días antes de la boda, Thomas había conocido a una grandiosa joven que se había ido a vivir muy cerca de la estancia Las Ramas y desde aquel momento, ambos fueron inseparables.
―¿Nos vamos ya? ―les preguntó el joven hombre.
―¡Sí! ―le gritó con alegría Felicity.
Pronto se subieron a la camioneta, el padre de ella en el asiento del acompañante, y las tres mujeres en la parte trasera, Orquídea fue ayudada por Thomas para subir, ya que su vestido de novia le impedía subirse con comodidad y sin ayuda.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio

Notapor SilvinaBSB el 20 Jun 2018, 11:28

Epílogo

Durante el tiempo que duró la ceremonia religiosa, Nate se fijó en todos los rincones que tenía la pequeña iglesia del pueblo, solo por si volvía a ver a Frida. Se relajó más, cuando ambos salieron del lugar siendo marido y mujer, y los habitantes del pueblo y algunos ciudadanos de la ciudad que se acercaron para ver a la novia, los felicitaron y aplaudieron mientras les arrojaban pétalos de flores.
En un ataque de emoción por parte de la niña, ésta tomó de la mano a Orquídea y la joven la miró a los ojos.
―Orqui, sé que capaz no es el momento, pero ¿puedo llamarte mamá? ―le preguntó Felicity con lágrimas en los ojos.
―Felicity, puedes llamarme como más quieras. Si esa es tu ilusión, entonces yo no me opondré en que me llames así ―le respondió la joven mujer con una enorme sonrisa en sus labios.
Algo en el estómago de Felicity se revolvió, era la sensación del aleteo de las mariposas, estaba más que encantada de saber que iba a tener una madre al fin. La niña le sonrió también y la terminó por abrazar por su cintura.
―Gracias, mamá ―le contestó con llanto.
―No tienes que agradecerme esas cosas, cariño ―le dijo, acariciando su espalda y cabello.
―¿Por qué tantos abrazos? ―les preguntó Nathaniel con curiosidad.
―Porque Orquídea ya es mi mamá ―le respondió su hija sonriendo.
―Felicity, no tienes que preguntarle eso a Orquídea ―le expresó su padre, pero la joven le tocó el brazo.
Orquídea lo miró, y le negó con la cabeza, en señal de que todo estaba bien, que no le importaba que la niña la llamara mamá.
―No pasa nada, Nate. Yo quiero que me llame así también. Después de todo, desde que llegué a la casa, fui como su madre y jamás me disgustó sentirme como una madre para ella ―le dijo a él, mientras miraba a Felicity y le sonreía a la niña y la hija de Nate a ella también.
―Bueno, en ese caso, está bien por mí también. Solo que no quería que te sintieras en la obligación de cumplir el papel de madre y que te llamara como tal.
―Al contrario, es un halago que me llame así. La siento como a una hija.
―¿En serio? ―le preguntó sorprendido.
―Sí, en serio.
―Me alegra más saber eso, seremos una hermosa familia ―les dijo Nate a ambas, sonriéndoles.
En la fiesta que se iba a realizar en uno de los sectores de los campos que tenía Nathaniel, y donde se encontraban las zinnias de color magenta y naranja, tampoco hubo rastros de aquella mujer y se sentía feliz por eso porque Felicity no tendría que sufrir con una madre que jamás la puso en sus planes de soltera.
Luego de un almuerzo y una merienda colorida entre flores, decoración y aromas, los invitados fueron retirándose para dejar a solas a los más cercanos a la pareja y Felicity.
Cenaron muy temprano allí también. Les agradaba el aire libre y las flores y el atardecer se prestaba para regalarles uno hermoso, al disfrutarlo con una brisa cálida de primavera.
De el día de su boda, Nate jamás volvió a saber algo de Frida y así lo prefería, porque sabía bien que si intentaba algo, iba a vérselas negras con él.
Solo dos meses habían pasado desde su boda, y todo parecía marchar de maravillas hasta cuando Orquídea confirmó lo que estaba sospechando desde que lo supo.
Orquídea, golpeó a la puerta de la recámara de la niña, para asomarse por el hueco, ya que estaba entreabierta.
―¿Puedo pasar? ―le preguntó.
―Claro, mamá. Estaba terminando de estudiar ―le dijo cerrando el libro y mirándola.
―Me parece bien, ¿necesitas ayuda con algo?
―No, eres mi maestra, no puedo pedirte ayuda en casa.
―Somos familia, deberías de pedírmela si la necesitas.
―Gracias, pero por el momento lo entiendo todo.
―Me alegro entonces. ¿Tienes un minuto para que hablemos?
―Para mi mamá siempre tendré tiempo ―le dijo sonriéndole y abrazándola por el cuello, para luego sentarse en su regazo.
―Felicity ¿qué me dices si te digo que vas a tener un hermanito o hermanita?
―¿¡Estás embarazada!? ―le preguntó sorprendida.
―Sí, sé que es muy pronto pero lo supe recién, tenía mis dudas desde hacía unas semanas atrás, pero lo confirmé hoy. ¿Cómo te sientes con la noticia?
―Genial. Me encanta la idea de saber que seré la hermana mayor de alguien ―le respondió contenta y sonriendo.
―¿En serio? ―le preguntó con dudas.
―Sí, en serio. ¿Por qué? ¿Tú no estás contenta?
―Claro que sí, pero no sabía si tú lo ibas a estar.
―¿Papá lo sabe ya?
―No. Tú eres la primera a quien se lo digo.
―¿Yo la primera? ¿Por qué? ―le inquirió la niña entre sorprendida y confusa.
―Creí que era la correcto.
Felicity con lágrimas en los ojos, la abrazó fuertemente, y lloró de alegría.
―Gracias ―le dijo la niña mirándola a los ojos y comprendiendo Orquídea a lo que se refería con aquella palabra.
―Te adoro mucho, Felicity ―le respondió la mujer.
―Y yo a ti, mamá ―le contestó con una sonrisa.
―¿Qué te parece si hacemos un pic-nic y le contamos a papá la noticia?
―Me parece una excelente idea ―le respondió su hija con una sonrisa.
Orquídea salió del dormitorio de Felicity y bajó las escaleras para ir directa hacia la oficina de su marido.
Golpeó un par de veces y abrió la puerta, asomándose por el resquicio de la misma.
―¿Preparo una canasta con alimentos y almorzamos los tres en los campos de zinnias?
―De acuerdo.
―Es la una menos cuarto, a la una tendré todo listo, ¿sí?
―Me parece bien.
―Nos vemos en unos minutos.
La joven mujer cerró la puerta y caminó hacia la cocina en donde la esperaba Felicity.
―Ya saqué la canasta.
―Gracias, ¿me ayudas con lo demás?
―Sí, mamá.
Orquídea, fue a toda prisa hacia las escaleras para subirlas y buscar dentro de sus cajones una pequeña caja, la cual tomó en sus manos y volvió a bajar para ir a la cocina.
―¿Por qué subiste tan apurada? ―le preguntó con desconcierto su hija.
―Me había olvidado de agregar algo al menú de hoy, mira ―le dijo, y abrió la caja.
―Son muy bonitos ―le expresó con sinceridad Felicity, observando el par de escarpines de color verde agua.
―Gracias, los tejí al crochet lo más rápido que pude y creí que sería buena idea darle un regalo a papá mientras almorzamos.
―Me gusta la idea, le encantará.
En pocos minutos, Nate apareció en la cocina, manteniendo el horario que habían acordado con su esposa.
―¿Están listas?
―Sí ―contestaron ambas al mismo tiempo.
Los tres subieron a la camioneta para ir hacia los campos y tener un almuerzo con una linda sorpresa.
Cuando llegaron, se bajaron y Nate tomó en una de sus manos la canasta.
―¿Por qué pesa tanto? ―preguntó con curiosidad.
―Metí una botella de champaña, una botella de refresco para Felicity y otras cosas más para comer.
―¿Para qué la champaña? ¿Festejamos algo? ―inquirió con asombro el hombre.
―No. Tenía ganas de beber un poco.
―Aquí me gusta ―comentó la niña y su padre extendió el mantel cuando dejó la canasta en el suelo.
Felicity y Orquídea se dedicaron a preparar el pic-nic, mientras que Nathaniel cortaba dos zinnias para colocárselas luego en el cabello de cada una de ellas.
―¿Se lo dirás ahora o a la mitad del almuerzo? ―le preguntó la niña a su madre.
―¿Qué opinas tú?
―A mitad del almuerzo ¿no?
―Sí ¿verdad? Así no se cae redondo al piso ―le dijo Orquídea y ambas se rieron por lo bajo.
Nate las tomó desprevenidas y escuchó sus risas.
―¿A qué se deben tantas risas entre ustedes? ¿Será alguna picardía que habrá hecho nuestra hija y su madre se rió por lo que hizo o algo que quisieran compartir conmigo para que yo me ría también?
―Son cosas de mujeres, cariño ―le respondió la joven mujer.
―¿Y no puedo saberlas?
―Me temo que no. Tú no nos cuentas todo lo que escuchas de tus empleados o mismo de tu capataz y estoy segura de que chistes malsonantes te habrá contado y te has reído también ―le dijo Orquídea.
―Bueno, en eso tienes toda la razón y son chistes que no se pueden contar frente a damas como ustedes ―les dijo a ambas y los tres se partieron de la risa.
―¿Almorzamos? ―sugirió su hija.
―Me parece perfecto ―le contestó su padre con una sonrisa.
A medida que el almuerzo pasaba y ellos charlaban también, llegó el momento de darle el paquete a Nate. Orquídea levantó la tapa de la canasta, y sacó la pequeña caja blanca con un moño en color verde.
―Para ti, espero que te guste ―le dijo ella ofreciéndole la caja.
―¿Por qué? No cumplo los años, y tampoco festejamos algo.
―No, pero quise hacerte un regalo ¿está mal?
―No, para nada. Solo fue extraño porque no me lo esperaba.
―Bueno, esperamos que te guste, se lo mostré a Felicity y me dijo que te iría a gustar mucho.
―Qué será, me tiene intrigado, así que lo abriré.
En el momento en que Nathaniel destapó la caja, los tres se quedaron en silencio y solo se escuchaba la brisa correr por las flores.
Nate había quedado un segundo en blanco para pronto darse cuenta del regalo que le dió su esposa.
―¿Escarpines?
―Es lo que corresponde, ¿no? ―comentó su mujer.
―¿En serio? ―le preguntó él, asomándose una sonrisa en sus labios.
―Sí, en serio. Estoy dos meses.
Orquídea fue besada en la boca con alegría, mientras era sujetada de las mejillas.
―Seré padre otra vez, es fantástico ―dijo con felicidad―, Felicity, tendrás un hermano.
―O hermana ―comentó la niña.
―Felicity fue la primera en saber la noticia ―acotó Orquídea.
―Es verdad, me extrañó cuando me lo anunció, pero me dijo que era lo debido.
―Me parece bien lo que ha hecho ―le dijo su padre―. Esto hay que celebrarlo y luego decírselo a nuestros padres.
―Sí, hoy mismo se la diremos ―comentó su esposa.
Nate descorchó la champaña, la cual Orquídea apenas mojó sus labios y él bebió de un tirón la bebida alcohólica, mientras que Felicity bebía de su gaseosa, luego de que los tres brindaran por la noticia.
Allí, los tres se quedaron abrazados, Felicity en el medio de ambos, mientras que contemplaban las flores magentas y naranjas que tenían las hectáreas de campos.
Desde que Nate había conocido a Orquídea, sabía bien que algo inesperado había pasado en su interior, algo que hacía tiempo estaba dormido, esperando por la persona correcta para volver a amar.
Y Orquídea, había terminado por conocer a un hombre con facha de arrogante y machista que en el fondo, era todo lo contrario a eso, ella misma quedó sorprendida cuando supo la clase de hombre que era Nathaniel Colleman, caballero y amable, pero sobre todo, amoroso, con su hija y con ella.
―Los amo, a los tres ―les dijo Orquídea con una sonrisa y mirándolos a ambos.
―Nosotros te amamos también, mamá ―le dijo Felicity abrazándola por su cintura y recargando su cabeza en el pecho de su madre.
―Te adoro, te amo inmensamente, Orquídea ―le expresó con absoluta sinceridad Nate, quien la tenía abrazada por los hombros.
Ella recargó su cabeza sobre el hombro masculino y él la besó nuevamente. Ambos correspondieron al beso, con amor, con entrega y sobre todo, con gran felicidad. Una felicidad que nadie, jamás, podría quebrantar entre ambos.
Nathaniel y Orquídea, estaban más que seguros que desde el día en que se conocieron, fueron vientos de cambio.
Imagen
Avatar de Usuario
SilvinaBSB
 
Mensajes: 96
Registrado: 02 Jul 2012, 07:23
Ubicación: Baires, Argentina

Re: Vientos de Cambio | COMPLETA

Notapor nobbs el 24 Jun 2018, 17:06

Terminado!!! :D

Menudo final, por todo lo alto :D .....aunque me inquietó esa irrupcción de la madre de de Felicity en la historia, y en tan remarcado día :?

Muchass gracias por dejarme leer estos Vientos de cambios, fue muy entretenido y lo pasé realmente bien.

Un besote enorme, y de nuevo, muchísimas gracias
Avatar de Usuario
nobbs
 
Mensajes: 2772
Registrado: 22 Nov 2011, 12:33

Previo

Volver a Los foreros publican

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron

eXTReMe Tracker